Goya: las enfermedades que hicieron al genio

Saturno devorando a sus hijos, una de las obras más conocidas de Goya./
Saturno devorando a sus hijos, una de las obras más conocidas de Goya.

El neurólogo e historiador del arte José María Pérez Trullén defiende que la sordera y la depresión convirtieron al pintor aragonés en la figura que pasó a la historia

Iñaki Esteban
IÑAKI ESTEBAN

Francisco de Goya comenzó su carrera como perspectiva de ser buen pintor, con destellos brillantes en cuadros como 'La pradera de San Isidro', y correcto en cuanto a retratista, caso de 'La condesa de Chinchón'. Un artista que solo hubiera ocupado un par líneas en la historia del arte si no hubiera sufrido enfermedades físicas como la sordera y mentales como la depresión. Mientras bajaba de Cádiz a Sevilla, en 1792, sufrió un pasmo de origen todavía no aclarado que le postró durante casi dos años. Salió siendo otro, más personal, más audaz, más inestable pero también más rompedor e inconfundible. En 1819 fue presa de otra crisis y de ella surgió el ciclo de las 'Pinturas negras'. El enfermo estaba detrás del genio.

Esto es lo que ha defendido este jueves el neurólogo e historiador del arte José María Pérez Trullén en el Salón de Grados de la Facultad de Medicina de la UPV-EHU, que celebra los 50 años de su nacimiento, y que ha coincidido con la exposición del Bellas Artes de Bilbao 'Goya y la corte ilustrada'.

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El experto se extendió sobre la pésima opinión que Goya tenía de los médicos a raíz del primer episodio, a quienes como caracterizaba como «unos picos de oro que llevaban a la gente a los cementerios». Una percepción que cambió a raíz de los cuidados del doctor Eugenio García Arrieta en la segunda crisis. Se retrató con él en un cuadro en el que nota su agradecimiento por haberle salvado la vida.

Neurosífilis, plomo, quina...

Depresivo, ciclotímico, exulatante a ratos y del todo oscuro en otros, paranoide las más de las veces: así pintó el neurólogo al maestro. «Su carácter fue tan complejo como su pintura». Si bien los Lucientes -su segundo apellido- tenían antecedentes de este carácter maníaco, lo que desató la transformación de Goya fue una infección que contrajo en el viaje de Cádiz a Sevilla en 1792, cuya secuela fue la sordera.

En sus dos años de convalecencia sufrió vértigos, acúfenos, pérdida del equilibrio, alucinaciones, dolores de cabeza y de abdomen. ¿Causas? Pérez Trullén fue desgranando todas las hipótesis que hasta ahora se han ido formulando. La primera sería la neurosífilis, ya que el pintor frecuentaba los prostíbulos y de las veinte veces que se quedó embarazada su mujer solo tuvo un hijo.

También pudo deberse al saturnismo producido por la inhalación de plomo, que entonces se mezclaba con el óleo, pero Goya tuvo un mezclador, de modo que esa posibilidad se vuelve lejana. O quizá se debió a su elevado consumo de quina, tónico y antiséptico que Botica Nacional traía entonces de Perú. Lo que está claro es que una depresión no produce sordera, así que Pérez Trullén atribuye la transformación a esa combinación de infección y problemas mentales de la que se recuperó en parte y de la que salió otro pintor.

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