La Ana Frank de la Guerra Civil

La pequeña Pilar, junto a sus tres hermanas mayores./Familia DuayGües/ESPASA
La pequeña Pilar, junto a sus tres hermanas mayores. / Familia DuayGües/ESPASA

La joven barcelonesa Pilar Duaygües escribió un diario con sus vivencias entre 1936 y 1945. Ahora las publica en España

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

«Hoy ha sido un día horrible. El 19 de julio del año 1936 quedará grabado en la historia. Por la mañana me despertaron unos tiros a las cinco, pues teníamos que ir a la playa y mamá no nos dejó. Es natural, pues se presentaba el día malo y tan malo. Las ametralladoras iban, bombas por aquí, tiros por allá». La joven Pilar Duaygües Nebot explica en su diario el segundo día de la Guerra Civil, cuando la noticia del levantamiento golpista ya se había extendido. Pilar decidió un mes antes de cumplir 15 años (el 26 de febrero de 1936) que iba a escribir un diario para plasmar el mundo que la rodeaba. Llegó a más de diez volúmenes y hasta los primeros meses de 1940, es decir, abarcó tres años de contienda y el primerode represión franquista.

«Me da rabia ir al cine porque obligan a saludar con el brazo tendido, o sea, el saludo franquista. En la pantalla aparece el rostro del ‘idiota’ de Franco mientras que tocan el himno de ellos y todo el mundo ha de ponerse de pie y saludar. Si no lo hace, los soldados que vigilan pegan a aquellos que no obedecen», describe el 5 de marzo de 1939. Los diarios de Pilar permanecieron ocultos ocho décadas, hasta que la documentalista Tània Balló y el historiador Gonzalo Berger los convirtieron en un libro: ‘Querido diario: hoy ha empezado la guerra’ (Espasa).

El hallazgo fue casual. Ambos están inmersos en una ardua investigación: saber cuántas mujeres lucharon en la Guerra Civil. Su trabajo las ha llevado por archivos de medio mundo -Nueva York, Ginebra, Salamanca- para encontrar listados de las milicias. Cuando aparecía el nombre de una mujer, buscaban si tenía algún pariente cercano. Así se toparon con Teresa Duaygües. «Comprobamos que había sido miliciana en la expedición a Mallorca de agosto de 1936», explica Balló.

Familia comprometida

Encontrar a alguien con ese apellido tan peculiar no fue complicado; y así dieron con María Pilar y Francesc, los hijos de Pilar. «Nos cuentan que Teresa es la tercera de cuatro hermanas y que ellos son hijos de Pilar. Ninguna de las otras hermanas había tenido descendencia». La mayor era Mary, seguida de Rosa, Teresa y Pilar. Eran hijas de Francesc y María, propietarios de una pequeña empresa de harina y pasta. Una familia republicana y comprometida: la mayor fue periodista en ‘El Diluvio’, la segunda, enfermera y la tercera, miliciana. Las tres acabaron exiliadas.

La pequeña, Pilar, se quedó en casa. «También nos dijeron que había unos diarios». Los hermanos se los dejaron y descubrieron la guerra vista por una adolescente muy preparada. «El padre siempre se preocupó de que sus hijas tuvieran la misma educación que los chicos. Las tres mayores acaban estudios superiores y Pilar después hace Magisterio, aunque no puede ejercer por las normas de la dictadura y se convierte en ama de casa», explica Balló. Ese gusto por la cultura se aprecia en los textos.

«La calidad literaria viene de su gran afición al cine, a la literatura, al teatro... Tiene una vida cultural muy rica. Eso se traduce en una capacidad de escribir muy descriptiva. También sorprende su entendimiento de lo que pasa a su alrededor. Porque ella no lo está viviendo en perspectiva, sino a tiempo real. Y es muy consciente de lo que pasa».

La otra gran protagonista del libro es la ciudad y la transformación que sufre. Pilar describe lo que ve de Barcelona, ese lugar donde transcurre su vida, donde compra zapatos en los grandes almacenes y donde se va de fiesta. «Una ciudad que poco a poco se va convirtiendo en más gris. Se apaga y nos la dibuja muy bien». Una Barcelona que acaba ocupada por las tropas franquistas el 26 de enero de 1939. Tras la guerra, Pilar deja de escribir. «Tiene una edad adulta y ha abandonado esa adolescencia más naif. Además, encuentra al que después fue su marido, Emili Prats, y se convierte en su confidente. Creo que sustituye el diario por las cartas con su gran amor. Ahí está la evolución. Se hace mayor, simplemente», comenta Berger sobre esos ojos de la guerra escondidos durante tanto tiempo.

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