A falta de pan...

El dicho popular también es aplicable a Chillida-Leku, cuya reaperturase anuncia gracias al acuerdo con la galería suiza Hauser & Wirth

Una de las piezas del museo Chillida Leku./E.C.
Una de las piezas del museo Chillida Leku. / E.C.
Enrique Portocarrero
ENRIQUE PORTOCARRERO

A falta de pan, buenas son tortas. Sí, el dicho popular también es aplicable a Chillida-Leku, cuya reapertura para 2018 se anuncia gracias al acuerdo de la familia del escultor con la galería suiza Hauser & Wirth. Porque, desgraciadamente, no parece que en nuestro país tengamos ahora unas instituciones públicas que quieran situar a la cultura o al patrimonio cultural en una jerarquía política y presupuestaria más preferente o que incluso entiendan la importancia o la oportunidad de la cultura como elemento de tracción económica.

Por eso, tras seis años cerrado al público y después de innumerables zozobras que demostraron la incapacidad y el desinterés interinstitucional por el rescate y la adquisición de Chillida-Leku, el acuerdo con una galería comercial se antoja como una solución menor pero al menos compatible con los intereses de la familia Chillida, con el interés social de su apertura y con la proyección exterior de la obra del escultor. Eso sí, resulta evidente que el acuerdo tiene un claro interés comercial para la galería, al tener esta última la representación exclusiva y mundial de la obra de Chillida, algo que en buena lógica condicionará el modelo de gestión y la filosofía expositiva del museo.

Mucho mejor hubiera sido, por supuesto, un acuerdo con las instituciones públicas o la conversión de Chillida-Leku en un museo público. Pero a falta de pan, sí, buenas son tortas.

Cine. Arte y artista

El acoso sexual de Kevin Spacey le ha arruinado su carrera y nos ha hecho perder a un extraordinario actor. Gay Talese ha dicho al respecto que no puede sino odiar a Anthony Rapp, el actor joven que denunció los abusos, por haber arruinado la carrera de Spacey. Excesos aparte, lo cierto es que la prensa norteamericana ha iniciado un interesante debate sobre la necesidad o no de separar el arte del artista, la creación de la persona e incluso al éxito de una película de la persona que lo originó.

Que el escándalo de Spacey haya ocasionado el final de ‘House of Cards’ es algo aparentemente tan extremo como eliminar de la programación televisiva las películas de ese otro abusador que fue Hitchcock. Pues sí, pero lo que no se puede aceptar es que el talento o el mito del genio creativo supongan una excusa ante los desmanes o los delitos de la persona. Porque ello nos llevaría a no entender el efecto que los abusos producen en la creación cultural.

Como bien se alega, cuando vemos una película excelentemente dirigida o una genial interpretación también deberíamos pensar que si el director o un actor han cometido abusos sexuales es evidente que en ese proceso creativo o en otros previos habrá habido víctimas de esos abusos o incluso personas a las que se les ha robado una oportunidad creativa o interpretativa por negarse a esos mismos abusos. Un debate complejo, en fin, porque esos abusos lo contaminan todo.

Moda. Blahnik: muestra obligada

Manolo Blahnik tiene esa misma admiración que Balenciaga sentía por Zurbarán y Goya, por Picasso y Miró o por el pensamiento, la literatura y la poesía de Ortega, Galdós y García Lorca. Cultura española de raíz profunda, aunque también acompañada en su cosmopolitismo refinado y amplio por el interés en la historia de Grecia, en el Imperio Otomano, en las tradiciones orientales y en el arte desde el cubismo o desde el fauvismo al suprematismo ruso, a la abstracción de Rothko o a las formas aerodinámicas de Barbara Hepworth, Henry Moore y Calder.

Ese es el verdadero fundamento creativo de Blahnik, el poso que cimenta el lenguaje propio en el diseño de sus zapatos, aunque el ascenso de sus ‘Manolos’ a la primera categoría del lujo venga más de una frase comercial de Madonna, de los caprichos de un personaje de ficción como Carrie Bradshaw o del carácter exclusivo de su diseño exquisito. Blahnik es sin duda un maestro del arte aplicado, cuyo impulso vital ha transformado el diseño en oficio creativo de alta calidad. Que la revisión museológica de su obra no hubiera llegado todavía a España era un verdadero anacronismo.

Cuando en 2004 se suspendió la antológica que preparaba el Museo del Traje de Madrid quedó pendiente una asignatura de superación obligada. Que ahora un museo más pequeño como el de Artes Decorativas de Madrid le dedique una retrospectiva es, al menos, una pequeña compensación que no elude la obligación de un mayor proyecto expositivo.

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