El creador de pesadillas de Sopela que sueña con ganar un Goya el sábado

Gorka Aguirre fabrica su propia sangre (glucosa comestible) en su taller-estudio de Romo./JORDI ALEMANY
Gorka Aguirre fabrica su propia sangre (glucosa comestible) en su taller-estudio de Romo. / JORDI ALEMANY

Comenzó robando huesos en cementerios y fabricando sangre con sirope. El sábado, Gorka Aguirre puede llevarse la estatuilla por los efectos de maquillaje de 'Handia'

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

De chaval, Gorka Aguirre se colaba con los colegas en el cementerio de Sopela, que quedaba al lado de su casa. Se morían por ver muertos. Removían tumbas y extraían huesos que después vendían a estudiantes de Medicina por 25 pesetas. A los 15 años, se untaba la cara con mazapán y membrillo para modelar máscaras. Cuando empezó a trabajar en la pastelería de su tío, Aguirre -por entonces alias ‘el Pastelero’- utilizaba el sirope de fresa como socorrida sangre en los cortos que rodaban amigos como Koldo Serra y Borja Crespo. Hoy, a los 44 años, puede hablar durante horas de los diferentes tipos de sangre falsa que se utilizan en el cine.

«Esta no está mal. Fíjate, es pegajosa y huele a fijador de laca», muestra en su estudio del barrio getxotarra de Romo. Un bote de la marca Fleet Street puede servir para una pequeña herida, pero la sangre buena, la que se derrama a litros, es la que elabora el propio Aguirre a partir de aceites, glicerina y glucosa. «Se puede comer sin ningún problema», asegura hundiendo las manos en el balde. «El color varía. No es lo mismo la sangre arterial que la de una herida cerca del hígado, más oscura».

Un artista del látex

Autodidacta.
Aprendió su oficio viendo películas de terror y leyendo revistas especializadas como ‘Fangoria’. Debutó en 1992 con el corto ‘Fotomatón’ de Koldo Serra.
Filmografía.
’Gernika’, ‘Loreak’, ‘Handia’, ‘Lasa y Zabala’, ‘Sapos y culebras’, ‘Horizonte’...
Goya.
Su gran rival es ‘Pieles’, una cinta con gran cantidad de prostéticos que deforman los rostros de los protagonistas.

Su trabajo es lograr la verosimilitud con elementos que provocan repelús, pero en el cine lo real no siempre da bien ante la cámara. «Si mostrásemos una momia real en una película parecería de cartón piedra», ejemplifica. Gorka Aguirre aspira por primera vez al Goya al mejor maquillaje por su labor en ‘Handia’, que suma 13 nominaciones. Comparte la candidatura con la maquilladora Ainhoa Eskisabel y la peluquera Olga Cruz. Él se ocupó de que el actor Eneko Sagardoy pareciera un gigante de 2,42 metros. Ideó unas prótesis para separar orejas y dientes y ensanchar la mandíbula, «uno de los rasgos del gigantismo». Modeló unas manos enormes cuyo tacto real da escalofríos.

En la parte del taller que Aguirre denomina ‘show room’ viviría muy a gusto el protagonista de ‘La matanza de Texas’. El otro día entraron a robar y lo raro es que los cacos no salieran huyendo. Entre esqueletos, máscaras, brazos con peste bubónica, ratas grandes como gatos y un ciervo que parece respirar destacan cuatro cadáveres. Uno de ellos es el del actor Josean Bengoetxea en ‘Loreak’. Las cicatrices en el cuerpo y los tapones en las fosas nasales indican que le han practicado la autopsia. «Para crearlo me invitaron a ver cuerpos embalsamados en la Facultad de Medicina», cuenta. «No me dio ninguna aprensión, porque no tienes ningún vínculo con ellos. De tanto trabajar en esto, veo un cadáver real y me parece un muñeco».

Con Paco Etxeberria

Gorka empezó en su oficio de manera autodidacta, «cuando no existían los tutoriales que hay en internet». Compraba revistas especializadas en cine de terror, como la norteamericana ‘Fangoria’, y devoraba las sagas ‘Viernes 13’ y ‘Pesadilla en Elm Street’. Se fue familiarizando con materiales como la resina epoxi, el látex, la silicona, los alginatos, la escayola, los geles... Además de su labor en películas, imparte cursos con materias tales como ‘impactos de bala’, ‘cortes de cuchillo’ o ‘blood tubning’.

Criaturas, cuerpos y prótesis fabricadas para distintas películas; detalle de una de las máscaras; y las manos de 'Handia'. / Jordi Alemany

Hacen falta conocimientos de ingeniería para construir las bombas y electroválvulas que disparan la sangre, así como los mecanismos de los ‘animatronics’, muñecos que se mueven de manera realista. Aguirre cada vez tiene más trabajo con los animales que aparecen en las películas. Ahora trabaja en un delfín. «Si sufren daños o muerden a alguien, eso es un animatronic», descubre. Cada vez también interviene menos en cintas de terror y se ocupa de efectos de maquillaje menos espectaculares, como los muertos de ‘Gernika’. «Lo fácil es crear un monstruo, lo díficil es lograr unas patas de gallo creíbles», alecciona. En el cine americano hay un técnico en lentillas, otro en dientes... Aquí, los presupuestos ajustados le obligan a ser «un hombre orquesta».

De crío, sus padres le preguntaban a dónde le iba a llevar su afición. «Me decían, ¿esto es normal, hijo», recuerda. El afable Gorka Aguirre no está fascinado por lo oscuro, «sino por un trabajo que tiene algo de arte, por eso en inglés se llama ‘make up artist effects’». Claro que no en todas las profesiones te encuentras con que el forense Paco Etxeberria te envía cajas con huesos para preparar ‘Lasa y Zabala’. «A uno de los cuerpos le faltaba alguna costilla, y eso hubo que reflejarlo».

«Lo fácil es crear un monstruo, lo difíciles lograr unas patas de gallo creíbles»

A Aguirre solo le pone nervioso la gala de los Goya, a la que acudirá junto a su chica y socia, Agar Martínez de la Hidalga. «Ella se chupó los 45 días de rodaje de ‘Handia’». A la espera de comprarse un traje oscuro en el Zara, solo espera que ‘Pieles’, la cinta rival, no les amargue la noche. «¿Sabes que los Goya no pagan el hotel? Bah, lo mío es estar en el taller».

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