Marian Álvarez: «Acabé la película bastante tocada»

Marian Álvarez./EFE
Marian Álvarez. / EFE
MARIAN ÁLVAREZ | ACTRIZ

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUISAN SEBASTIÁN

Marian Álvarez (Madrid, 1978) y Andrés Gertrúdix perdieron el tren que les traía a San Sebastián y aparecieron en el Hotel de Londres con su desvencijado Opel Astra y la sillita de su niño detrás. El auténtico glamour del cine español. «Es lo que hay», se ríe esta actriz superdotada, que tras bregarse en televisión se consagró hace cuatro años con la Concha de Plata en San Sebastián, que se traduciría después en el Goya como protagonista de ‘La herida’. En ‘Morir’ acabó «bastante tocada» tras asistir en la ficción a la agonía de su pareja real.

- La mirada del director está más en el cuidador que en el enfermo.

- La idea era retratar la historia de amor de una pareja y cómo se van transformando sus sentimientos cuando se les viene encima esta desgracia. ‘Morir’ alude a la muerte física y a la degradación de una pareja. Al que cuida siempre le tenemos más abandonado, pero también sufre. Me gusta pensar que la película es un homenaje a esas personas, pocas veces se ve en el cine. Ella arrastra una culpa muy grande, porque le convenció a él para que tomara una decisión y no salió bien.

- ‘Morir’ no transcurre tanto en el lecho de un hospital sino en lo que sucede cuando sales de él y tu vida sigue.

- Eso es lo verdaderamente duro, porque al final en el hospital estás cuidado. Convertirte en enfermero sin serlo es un sacrifico muy grande. La decisión de él de aislarse para mantener la dignidad y que no le vea nadie es muy dura. Porque en esta sociedad a la muerte no la miramos de frente, la escondemos. Hay mucho tabú. Y así se sufre más, en otras culturas lo asumen de una forma más natural.

-¿La enfermedad saca lo peor de nosotros?

- Sí. Ahora hay una tendencia de que a todo hay que sacarle una sonrisa. Los psicólogos dicen que eso no es bueno, a veces hay que cagarse en la puta. La realidad es que hay que asumir la mala suerte. Si uno piensa que se va a morir siendo joven no tiene que sentar muy bien. Y para el que esté a su lado, tampoco. Si hay momentos de tensión en las familias cuando no pasa nada, si sucede algo así…

- ¿No les asustó interpretar algo así siendo pareja en la vida real?

- Nos dio mucho miedo, pero era un reto muy bonito. Pensábamos que teníamos mucho camino hecho, que no íbamos a actuar, solo ser. Pero Luis y Marta eran otros y pronto nos dimos cuenta de que las cosas nuestras no valían. Teníamos que ser otros. A mí me gusta interpretar de la manera más cercana posible a la realidad, sabes que es mentira pero lo estás viviendo. Y vivir que tu pareja se está muriendo me dejó hecha polvo. No lo quisiera vivir más. Acabé la película bastante tocada.

- ¿No hay nada suyo entonces en los protagonistas?

- Claro, intentamos ser muy generosos, hay muchas cosas nuestras. Llevamos trece años juntos y nos conocemos perfectamente. Andrés es muy hipocondríaco, yo pensaba, dios mío, cuantos TAC se va a hacer después de la película… Y curiosamente él lo llevó mejor que yo. Hicimos el viaje al revés, él se fue haciendo más fuerte y yo más débil. Tiene que ver con el proceso que viven los personajes.

- ¿A usted el Goya le cambió la vida?

- Sí. Todo empezó con la Concha de Plata con una película pequeña que pensábamos que solo la iban a ver nuestros padres. Me ha ido muy bien desde entonces. Lo siguiente que hice fue ‘Felices 140’ de Gracia Querejeta y volví a estar nominada. Agradezco mucho el Goya.

- Terminó Empresariales y después se metió en una escuela de interpretación. ¿Alguna vez se ha arrepentido de no estar hoy trabajando en un banco?

- Empresariales es una carrera aburridísima, no me aportó nada. Lo que me pasa es que a veces pienso que me gustaría tener otro trabajo, ser veterinaria o bióloga y estar en Uganda estudiando los gorilas. Pero supongo que es por ser actriz y estar buscando continuamente otras vidas. Soy un poco culo inquieto, y cuando estás en casa esperando el teléfono te haces preguntas. Después, pienso que el set de rodaje es el mejor sitio del mundo, donde más feliz me siento.

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