A la Guerra Civil con diez Goyas

Los directores Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga en Higuera de la Sierra, junto a otros miembros del equipo de 'La trinchera infinita'./David Herranz
Los directores Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga en Higuera de la Sierra, junto a otros miembros del equipo de 'La trinchera infinita'. / David Herranz

Los directores de 'Handia' ruedan en la sierra de Huelva 'La trinchera infinita', la historia de un topo oculto durante 30 años. Es su primera película en castellano

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUIHIGUERA DE LA SIERRA (HUELVA)

Las dehesas de encinas y alcornoques del Parque Natural de Aracena, en Huelva, fueron territorio sangriento en la Guerra Civil. Higuera de la Sierra es hoy un bucólico pueblo con su plaza de toros encalada, temperatura perfecta a mediados de mayo y una calma sobrenatural. Pero en 1936, los guardias civiles atrincherados en el cuartel se resistieron a que las columnas de mineros confiscaran víveres y provisiones. La represión posterior en la provincia fue terrible. Las pintorescas calles de Higuera han viajado al pasado con paredes deslucidas, rótulos antiguos y figurantes vestidos de época. De vez en cuando se escucha algún grito en euskera.

Los directores de 'Loreak' y 'Handia' ruedan su primera película en castellano, el drama de un topo de la Guerra Civil que se recluyó en su casa en 1936 y no salió a la luz hasta 1969, cuando la dictadura franquista promulgó un decreto por el que prescribían todos los delitos cometidos antes del fin de la contienda. Antonio de la Torre encarna al protagonista, un concejal de izquierdas, el rojo oficial del pueblo, que se oculta pensando que será cuestión de días y acaba 33 años muerto en vida. «No hay mayor cárcel que el miedo», sostiene el actor, tan metido en su papel que sigue manteniendo el cerrado acento andaluz del personaje después de que griten corten.

Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga firman la dirección de una cinta que va más allá del mero testimonio histórico y que, recalcan, no se basa en ningún topo real. «Nos atraía la idea de contar la historia desde el punto de vista del protagonista, que está presente en casi todos los planos de la película», afirman Arregi y Goenaga (Garaño va montando en San Francisco la película a la vez que se rueda). «Este es un relato sobre el miedo en un sentido alegórico, metafórico. Un tema muy vigente: miedo a dar el paso, a separarte, a salir del armario, a dejar tu trabajo».

Momentos del rodaje de 'La trinchera infinita'.

El libro de Jesús Torbado y Manu Leguineche fue una lectura fundamental de los guionistas, Luiso Berdejo y Jose Mari Goenaga. Otro acicate para rodarla fue el documental de animación '30 años de oscuridad', que contaba la historia de Manuel Cortés, el alcalde republicano de Mijas. Su productora andaluza, La Claqueta, también participa en 'La trinchera infinita'. El filme llega tras los diez Goyas de 'Handia', la cinta en euskera más vista de la historia. Aquí no hay tantos efectos especiales para dar vida a un gigante, pero sus autores no le restan complejidad a un filme que puede verse como una historia de terror. Rodar fuera de casa también les impone, aunque cuenten con un equipo bregado con el director Alberto Rodríguez. «Ni somos andaluces ni hemos vivido la Guerra Civil. No puedes evitar sentirte un poquito forastero», confiesan.

Una fotografía de Higinio y Rosa (la actriz Belén Cuesta) preside el humilde hogar al que de vez en cuando se asoma el protagonista desde el subsuelo, temeroso y en busca de comida. Vislumbra sombras por la ventana. «Se juega con el off, el fuera de campo», explican los directores. «El protagonista tiene miedo de cruzar el umbral de su hogar. Empieza ocultándose por unos días, después unos meses y finalmente unos años. Ha interiorizado ese miedo hasta hacer de él algo irracional».

15 kilos más de peso

De la Torre es un actor del Método, intenso y exigente. Entra al set como un boxeador, con un chubasquero con capucha. Ensaya una y otra vez las escenas y bombardea con preguntas a Garaño y Arregi. El rodaje se interrumpirá cinco semanas para darle tiempo al actor a que engorde 15 kilos (ya ganó 33 para 'Gordos'). No es ningún capricho: los topos cogían mucho peso debido a la falta de movilidad y a la retención de líquidos. «Antonio se toma muy en serio su trabajo, lo da todo, más de lo que imaginábamos», piropean los directores. «No se conforma con ser un mero actor, sino que también es creador, conoce al personaje mejor que tú mismo. A veces tienes que ceder, pero todos tenemos la misma película en la cabeza».

Antonio de la Torre, en el rodaje.
Antonio de la Torre, en el rodaje.

A Belén Cuesta le preocupa más la evolución de su personaje a nivel interior que en el plano físico, a pesar de que envejecerá de los 28 a los 60 años. «Cuando mi padre se enteró de que iba a hacer la película, me contó la historia del topo de Mijas. Me han dejado muy tocadas las historias que he conocido», cuenta. La actriz siente la responsabilidad de representar a las mujeres que padecieron la Guerra Civil y, como su Rosa, consagraron su vida a proteger a un hombre. «Vivir con miedo es terrible», reflexiona. «Muchos de estos topos cuando al fin podía salir se preguntaban para qué». Antonio de la Torre cree que el relato de 'La trinchera infinita' sigue siendo actual: «Julian Assange es el topo del siglo XXI».

Zinealdea, un conjunto de cinco estudios en un polígono de Oiartzun.
Zinealdea, un conjunto de cinco estudios en un polígono de Oiartzun.

La película que inaugura 'Euskal Hollywood'

Higuera de la Sierra se ha volcado en el rodaje de 'La trinchera infinita'. «A los vecinos que ponen alguna pega les convencemos dándoles un papelito», indica el productor Xabi Berzosa. En Huelva se ruedan sobre todo los exteriores y la parte que transcurre en la vivienda de los protagonistas. Pero todos los interiores se han construido en Zinealdea, un conjunto de cinco estudios en un polígono de Oiartzun que nació con la pretensión de ser 'Euskal Hollywood' y que llevaba ocho años vacío.

Zinealdea se presentó en el Festival de San Sebastián de 2010. La crisis y la falta de apoyo institucional hicieron que nunca echara a andar tras una inversión de 24 millones de euros. El complejo ocupa 18.000 metros cuadrados; el mayor de los estudios mide 1.820 metros cuadrados con una altura útil de 14 metros. «No hay otra nave diáfana de esas medidas en Euskadi», apunta Berzosa, que se encontró con las instalaciones a medio acabar. «No sé si después de nosotros volverá a rodar alguien más».

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