Diez iconos visuales de 'Blade Runner'

Ridley Scott creo en su película una serie de imágenes y símbolos que ya han entrado por derecho propio en la historia del cine

ÓSCAR B. DE OTÁLORA
Todo está en el ojo
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Todo está en el ojo

Una de las primeras secuencias de 'Blade Runner' es la apocalíptica ciudad de Los Ángeles reflejada en un ojo. En todo el resto del metraje las pupilas serán claves, el eje visual que no parará de repetirse hasta el final. El brillo de la retina es lo que permite diferenciar a humanos de androides pero hay algo más. Los ojos se convierten en algo parecido al cofre en el que se esconde el alma y en dos de las muertes que llevan a cabo los replicantes, los ojos encierran la verdad. Precisamente, el fabricante de globos oculares fallece con sus creaciones alrededor de su busto y Tyrel, el gran creador, muere con los pulgares de Roy clavados en sus cuencas. Para unos personajes que han elaborado su pasado a partir de fotos y sueños implantados, lo que han visto y lo que ven es lo que les hace humanos. El espíritu es la mirada.

La publicidad es la realidad
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La publicidad es la realidad

La publicidad es omnipresente en 'Blade Runner', algo esperable en un director como Ridley Scott, procedente del mundo del marketing. Los enormes murales colocados en fachadas colosales, los gigantes dirigibles con pantallas de vídeo titánicas... El mundo de la película está saturado de comerciales. Y además, orientales, fruto de una sociedad norteamericana que en el universo de los guionistas ya ha sido superada por la asiática. Tanto en el libro como en el filme, la deshumanización por el consumo es uno de los subtextos que flotan en todo momento. En la secuela, esta obsesión reaparece con inmensos hologramas.

La tecnología tan cercana
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La tecnología tan cercana

Si algo hizo Ridley Scott con 'Blade Runner' fue mostrar una tecnología doméstica, casera, que no tuviese nada que ver con la épica o soluciones casi mágicas del tipo de los sables láser de la Guerra de las Galaxias. El director británico ya lo había apuntado en 'Alien', otra película en la que los ordenadores suenan al ser encendido como lo puede hacer cualquier PC. La máquina Voight Kampff -clave para diferenciar a humanos de replicantes- es lo más parecido a un scanner. El dispositivo que emplea Deckard para inspeccionar las fotos es un ordenador Mac. Los coches voladores podrían ser lo más moderno que muestra. En el mundo de ciencia ficción de 'Blade Runner' la tecnología no es una solución, no es la respuesta a los problemas. Y los 'replicantes' -la vida artificial, máquinas pensantes- entran en esa categoría. Por eso se rebelan.

El dios de la pirámide
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El dios de la pirámide

En la iconografía de 'Blade Runner' hay edificios míticos y uno de ellos es la gran pirámide que sirve de oficinas a la Tyrell Corporation, la empresa que con el lema 'más humanos que los humanos' fabrica a los androides. Allí vive Eldon Tyrell, el hombre que ha creado esta forma de vida y al que los replicantes consideran su dios. Así que esa arquitectura en forma de pirámide es algo más que un simple diseño arquitectónico. Representa el hogar de la deidad, el máximo poder sobre la tierra. Y además es oscura y está rodeada de chimeneas que arrojan llamaradas de fuego al contaminado cielo. Quizás ese ser divino que creó la vida no es sino el señor del inframundo, de una Tierra ya arrasada en la que la vida ha tenido que ser fabricada.

El planeta cabe en una ciudad
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El planeta cabe en una ciudad

La superpoblación es uno de los iconos de 'Blade Runner'. Es imposible andar por las calles sin chocar con otras personas y los coches viven en un atasco constante. Además, en las aceras se recrea un multiculturalismo salvaje, en el que la cocina asiática y los anuncios en ideogramas se mezclan con cabarets europeos y punkies de última hora. Para moverse en ese laberinto se ha creado la interlingua, una mezcla caótica de todos los lenguas del mundo. Es una imagen poderosa, en la que Los Ángeles ya se ha convertido en una Babel nocturna y asfixiante. Todo indica que, como en el texto bíblico, el hombre ya ha recibido un castigo por su ambición de imitar a Dios y su mundo está desmoronándose.

Con los búhos empezó todo
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Con los búhos empezó todo

En un momento de la película, cuando visitan el despacho de Tyrel, los protagonistas contemplan a un búho. No es casual que se utilize a este animal. En el libro '¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?', en el que se inspira 'Blade Runner', se explica que los búhos fueron los primeros animales en desaparecer a raíz de la contaminación nuclear. Que Tyrel posea un búho demostraría su poder pero las imágenes posteriores de la mirada del ave -de nuevo los ojos- revelan que se trata de vida sintética. En toda la película se narra cómo los animales que conviven con los hombres -las serpientes, los peces- han sido creados por el hombre. La naturaleza por lo tanto ha desaparecido para ser sustituida por máquinas. La mirada vacía del búho lanza ese mensaje apocalíptico.

La soledad suena como un edificio vacío
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La soledad suena como un edificio vacío

Pero en el mundo superpoblado de Blade Runner quedan edificios abandonados. Como ese edificio Bradbury reconvertido en el bloque vacío en el que vive Sebastian, el científico solitario que se ha creado juguetes vivos para que le hagan compañía. Las habitaciones polvorientas y vacías son una constante en el final de la película, así como un sonido característico que se escucha a lo largo del fin, ese eco de un sonido a través de espacios sin vida humana. Un ruido que ya nadie puede escuchar en una casa de la que los hombres partieron hace tiempo.

La lluvia encierra muchos secretos
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La lluvia encierra muchos secretos

La lluvia es una constante en 'Blade Runner'. En la novela original era un polvo nuclear, procedente de explosiones atómicas, la atmósfera que saturaba a los hombres y se convertía en una parte indispensable del paisaje. En la película, es esa lluvia oscura, ácida, omnipresente. Las gotas cayendo sobre el sucio suelo son parte de la banda sonora. Y luego está la frase mítica, el gran mónologo que Rutger Hauer improvisó para la escena final pero que ha pasado a la historia del cine. "....todo eso se perderá como lágrimas en la lluvia", concluía. Fue puro azar. Nadie en el equipo de dirección había previsto esa conexión entre el ambiente de 'Blade Runner' y ese epitafio pero en una obra en estado de gracia todo es posible. La lluvia se ha llevado las lágrimas, es el gran disolvente de las emociones humanas. Los hombres, como le enseña el replicante a Harrison Ford, quizás ya no saben sentir.

El origami cuenta otra historia
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El origami cuenta otra historia

Gaff, el 'blade runner' interpretado por Edward James Olmos, no para de crear figuras de papel con las técnicas del origami. Es un remedo de la creación de vida artificial, del hombre fabricando otros seres. Pero él utiliza sus creaciones para mandar mensajes. Un hombre con una erección y el unicornio. Cuando Deckard la encuentra, sabe que Gaff podía haber matado a la replicante de la que se ha enamorado pero no lo ha hecho. ¿Le debe un favor? ¿Qué está sucediendo? En la gran discusión entre fans sobre el final de la película -¿es Harrison Ford/Deckard un androide-, el origami del unicornio es clave. Ford ha soñado con este animal mitológico y que Gaff lo sepa supone -por lo que construye uno de papel- revela que sabe que sus sueños son implantados. Quizás todo es distinto a lo que nos han contado.

La esperanza final
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La esperanza final

Los fotogramas finales de 'Blade Runner' están cargados de historia. Son descartes de 'El resplandor' de Stanley Kubrik y suponen la primera aparición de luz solar y claridad diurna en toda la película. Se trató de una exigencia de los productores que querían un final feliz para una película de la que empezaban a desconfiar. Pero esta imposición al director -como lo fue la voz en off- supuso un hallazgo que hizo que la película fuese redonda. Tras un castigo perpetuo, 'Blade Runner' permite pensar que la fuga es posible y que todavía hay salvación. Es un epílogo para una historia de amor que la secuela deberá resolver. Rachel/Sean Young, en una de las versiones, le promete a Harrison Ford una historia de amor eterna. Y la gran duda con la que se cierra la película es saber si era posible.

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