Crítica de 'Gorrión rojo'

Crítica de 'Gorrión rojo'

ANTON MERIKAETXEBARRIA
ANTON MERIKAETXEBARRIA

El personaje interpretado en ‘Gorrión rojo’ por Jennifer Lawrence se mueve en la cuerda floja de forma casi constante. Convertida desde hace tiempo en una rutilante estrella, da vida en esta ocasión a una bailarina del Ballet Bolshoi de Moscú, reconvertida en prostituta de lujo por los servicios secretos rusos. Su misión consiste en sonsacar información a rascanalgas diplomáticos y espías occidentales, en una renacida Guerra Fría a escala global. Lo cual da pie a una lujosa superproducción hollywoodiense, a la que probablemente seguirán otros títulos del mismo estilo.

Toda una serie de traicioneros personajes se cruzan en el camino de la protagonista, retratados con una estética propia de las ‘matrioska’. O sea, un conjunto de muñecas tradicionales rusas creadas en 1890, cuya originalidad consiste en que se encuentran huecas y en su interior albergan una nueva muñeca, y otra y otra... La película del autor de ‘Los juegos del hambre’ está realzada por la poderosa interpretación de Jennifer Lawrence, convertida aquí en la anti Barbie por excelencia. Confiemos en que no sufra aquel extraño vaticinio de Borges, según el cual «Las mujeres excesivamente bellas tienen cierta tendencia a volverse locas».

‘Gorrión rojo’ comienza como una rocambolesca intriga de espionaje, continúa como una turbia historia de amor y termina como el fuego de la venganza. Tampoco faltan alusiones al poder del sexo caníbal, utilizado como inquietante arma letal. De manera que bajo tanto placer carnal existe en la película un claro peligro inminente, capaz de provocar inquietud en el gran público. Cabe acusar al director de no mojarse, de darle la espalda al significado ideológico de la nueva doctrina Trump y su regreso a una política exterior hobbesiana. Tengamos en cuenta que el estrafalario 45º presidente de Estados Unidos ha prometido crear el mayor ejército del mundo.

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