«Me caeré de culo el día que escuche a un político decir la verdad»

Ricardo Darín, sostiene el Premio Donostia. / Reuters
RICARDO DARÍN | ACTOR

La estrella argentina, primer latinoamericano en recoger el Premio Donostia, encarna al presidente de su país en 'La cordillera', que se estrena este viernes

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUISAN SEBASTIÁN

Ricardo Darín hace de ti mejor que tú mismo, reza un chascarrillo que pulula por internet. El primer latinoamericano galardonado este martes con el Premio Donostia no solo es un actor genial, sino un ciudadano concienciado y un entrevistado generoso que se explaya con cordialidad en las respuestas. Darín (Buenos Aires, 1957) presenta en el Zinemaldia, 'La cordillera', una intriga política dirigida por Santiago Mitre que se estrena en los cines este viernes.

Precisamente ha querido dedicar la estatuilla a su continente, Sudamérica. «Se lo merecen», ha afirmado tras recoger el galardón. Cuando finalizaba su discurso su voz se quebró al recordar a los «grandes amores» de su vida, a quienes también ha querido obsequiar el galardón, como son su mujer, sus hijos, sus hermanas y sus amigos. «Muchos y muy buenos». También a su madre, a quien ha olvidado citar en su discurso y cuyo nombre ha recordado en uno de los momentos más graciosos de la noche.

Nadie mejor que la estrella de 'El secreto de sus ojos' para encarnar al mismísimo presidente de Argentina, que se juega el futuro energético del país en una cumbre de dignatarios de Centroamérica y Sudamérica de la que saldrá una alianza petrolífera. 'La cordillera' transcurre en un resort en las montañas nevadas de Chile y mezcla el desarrollo del encuentro con los problemas familiares del protagonista, cuya hija inestable contribuye a añadir tensión a la cumbre.

- Encarna a un presidente que presume ser del pueblo, un hombre llano, normal. ¿Nos podemos fiar de la cercanía de los políticos?

- Esa es su excusa, su eslogan. En gran medida muchos de ellos tienen asesores de imagen que están permanentemente tratando de corregirles rumbos. Le otorgan una gran importancia al contacto, a la vinculación. Y los eligen por sectores: edad, condición social, género… Cuando escucho ese tipo de cosas me pregunto: ¿y si pruebas a decirme únicamente la verdad sin más? Creo que me caería de culo el día que un tipo de estos se plante ante la cámara y diga la verdad, que no tiene la más puta idea de lo que está haciendo. Que compartiera las dudas con todos, ¿qué les parece si hago esta o tal cosa? Sería genial. Elegimos a unos políticos que nos representan y administran, que van a decidir el futuro de nuestros hijos. ¿Y de qué dependemos? ¿De que elijan bien su discurso? ¿De que la idea esté bien maquillada? ¿Es tan importante convencernos?

-Usted que es actor, ¿detecta a los políticos que son malos actores?

- No solo a ellos. Hay unos políticos que son expertos en gestualidad, otros en la voz… Los actores desarrollamos una capacidad de forma involuntaria para detectar cuándo algo está fuera de tono. Una capacidad que desarrollamos para defendernos, por eso nos cuesta tanto creernos a nosotros mismos cuando nos vemos en pantalla. A nadie le cuesta más creerse un personaje que al que le construyó.

- Sobreactuar también da réditos: ahí está el histrión de Donald Trump.

- Hay un estilo de sobreactuación que persigue un objetivo superior: imprimir. No importa que sea bueno o malo, si imprime ya obtienen ganancia. Trump es un experto en decir cosas por las que le cagaríamos a patadas, pero por algún extraño motivo encuentra seguidores. Hay mucha gente que está de acuerdo con esa forma cruenta de decir las cosas. Ha vuelto John Wayne a la escena, irrumpe el chico malo de la clase. Mientras, los demás lo vemos con espanto.

-'La cordillera' demuestra que la injerencia de EE UU en Sudamérica va más allá de la política.

- El enviado de la Casa Blanca en la película lo dice: ellos inventaron este juego. EE UU tiene una política de invasión económica, militar… ¿Pero cómo podríamos sacarnos de encima el gran aporte cultural que el cine americano, sobre todo el de los 70, ha hecho al mundo?

-Es curioso. ‘La cordillera’ habla del es fuerzo de países americanos por unirse mientras Europa se resquebraja.

- Las vinculaciones humanas son difíciles. Yo admiro a la gente que forma parte de un grupo, a mí nunca me ha salido bien, siempre me ha costado formar parte de un club. Si las relaciones entre personas son complicadas, imagínate entre países. La clave es tratar de focalizar el mundo que viene. El avance de las comunicaciones, la tecnología, las redes sociales, la desaparición de los lugares de empleo y el trabajo fijo… ¿Hacia dónde va el mundo? ¿Se dividirá en norte-sur, este-oeste? La concentración de la riqueza cada vez más perversa dejará fuera del sistema a más gente. Creemos que estamos a salvo porque tenemos representantes que nos defienden. Y de repente se sube un tipo como el de ‘La cordillera’ y tira un misil…

- ¿Está desengañado de la política?

- A los seres humanos lo que más nos interesa es tener un equipo y que exista otro con el cual rivalizar todo el tiempo. Parece que todo se dirimiera en función de esa simplicidad. Si te hago creer que vives en democracia pero por debajo estás recibiendo una presión económica que condiciona tus decisiones, ¿cómo se preserva la democracia? Es el mejor mecanismo que conocemos, pero no tengo ninguna duda de que está amenazado. Las potencias se levantan un día con el pie izquierdo y todos tenemos que salir corriendo.

- Vamos, que está desencantado.

- Navego entre dos opciones. Trato de no ponerme fanático porque uno se ciega y pierde la objetividad. Todavía soy de los ingenuos que piensan que debe haber un montón de funcionarios públicos que se levantan temprano cada día y que trabajan para el bien común. No puedo creer que todos sean unos hijos de puta. Sería injusto, como cuando cargamos contra la policía porque han cometido un error grave. A ver, son señores que se parten el pecho por nuestra seguridad y están listos para defendernos. El problema es la comunicación. Lo que vende es lo catastrófico. No hablamos nunca de un tipo que hace las cosas bien. El 90% de la comunidad mundial es gente trabajadora que quiere ser feliz y no tiene malos pensamientos. Pero tenemos un 10% de hijos de puta que nos están aplastando la cabeza.

- Le preguntaba lo de Europa resquebrajándose porque en España…

- Ya sé lo que me va a preguntar. Yo vengo de otro país y me dirán que me meta en mis cosas. Pero sí que voy a decir algo: me gustaría que no se dejara de lado la opinión de la gente, que el ciudadano tenga oportunidad de expresarse. No hay que olvidarse de escucharle. La verdad la tiene el pueblo. Que la gente opine no significa que el agua nos llegue al cuello. Solo buscar el bien común dentro de una democracia.

- En su día dijo no a Tony Scott y Denzel Washington porque no quería hacer de narco latino. ¿Mantiene esa misma actitud?

- No es una cuestión de actitud. Gracias a aquello me he ganado una reputación absolutamente injusta de anti yanqui, anti Hollywood. Y yo no soy anti nada, me he criado viendo películas americanas. Lo que pasó es que me ofrecieron dos cosas que no me interesaron. Estaba en España desde hacía meses y lo único que quería era volver a Buenos Aires con mi mujer y mis hijos. Claro que no vino Scorsese a proponerme ’Taxi Driver’… Puede aparecer un día una historia atractiva y allí me verás. Me felicito por haberme escuchado a mí mismo, es muy difícil en este ambiente atender a lo que te haga feliz y no a lo que los demás te dicen que tienes que hacer. A mí tampoco me perdonaron en Argentina que no fuera a recoger el Oscar por ‘El secreto de sus ojos’. Lo tomaron por una falta de respeto, un acto de desinterés.

- ¿Cómo lleva ser Ricardo Darín?

- No hay nada que disfrute más que estando con mi familia. Pero hay cierta sobreexposición, que está más relacionada con el show que con el oficio. A mí no me interesa nada la vida de los actores. A mucha otra gente sí. El otro día me grabaron ayudando a una persona en la calle. ¡Como si fuera algo excepcional! Creo que la noticia hubiera sido que hubiera pateado a ese hombre. Me indigné. Y también mi mujer. Todos creemos que somos reporteros, que somos el paparazzi oportuno. Qué estupidez. Es como si estás frente a algo que te apasiona y en vez de que te atraviese lo que haces es sacar el móvil y hacer una foto. Pero si tienes la mejor cámara, que es el cerebro y los ojos. Pero no.

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