Cuando Bond se hizo carne

El Piscolabis

Se cumplen 55 años del estreno de la primera película de James Bond y seguimos desconociendo secretos de 007

JON URIARTE

Estaba escondido en lo alto de un armario. De los que creen los padres a salvo de curiosidades. Pero el espía que llevamos dentro hizo que el niño trepara hasta alcanzar la zona prohibida. A veces encontraba un 'Papus'. Otras, 'Sal y Pimienta' o un 'Interviú'. Aquél día encontró algo diferente. Un tipo con smoking, pistola y pajarita. James Bond. Era una edición por fascículos de Salvat. Y algo sucedió, porque decidió que ya no quería ser futbolista, ni vaquero. Sino agente secreto. Antes de ser cómic había sido novela y serie de televisión. Y en 1962 saltó a la gran pantalla. Así que el niño lo conocía. Se cumplen esta semana 55 años del estreno de la primera película de James Bond. La excusa perfecta para saber algo más sobre él.

Viajamos hasta 1954. Solo ha pasado un año desde la publicación de la novela y el exoficial de inteligencia Ian Fleming vende los derechos del personaje por 6.500 dólares. La consecuencia fue una serie, muy cutre, que duró muy poco. 'Casino Royale'. Décadas después se convertiría en una película interpretada por Daniel Craig. Total que hubo que esperar hasta 1962 para que Bond llegara al cine. Y lo hizo con el aspecto de un tal Sean Connery. El mismo que lucía el 007 de aquél cómic de Salvat. El título de la cinta era 'Agente 007 contra el Doctor No'. La primera de las dos decenas largas que vendrían después. No todos apostaban por ella. Ni por el actor, falto de refinamiento y sobrado de acento escocés. En las novelas, Fleming aseguraba que tenía «una planta esbelta e impecable, medía 1,89 cm y pesaba 93 kg». No todos los que lo han interpretado cumplían los requisitos. Tras Sean han sido George Lazenby, Roger Moore, Timothy Dalton, Pierce Brosnan y Daniel Craig. Pero Connery se le acercaba mucho. Quizá por ello, y aunque le ganó Moore con siete, lo interpretó en seis ocasiones. Y eso que a Fleming no le gustaba que un escocés hiciera el papel. Y menos uno que careciera del glamour necesario. Por eso le obligó a dormir con el smoking puesto. Pretendía que lo pudiera llevar como una segunda piel. Y lo logró. Aseguró hasta su muerte que Connery siempre fue el mejor. De hecho al recibir la llamada del actor, ya muy enfermo, le dijo a modo despedida-Sean, hicimos algo grande-.

James Bond. Suena perfecto. Pero costó. Quería algo que no llamara la atención y se fijó en un ornitólogo estadounidense. Un señor, por cierto, que no se enteró de que habían usado su nombre y apellido hasta 1960. Su mujer bromeó entonces con demandarle y el escritor les ofreció a cambio su nombre. Por eso existe un tipo de pájaro bautizado como Ian Fleming. Sea como fuere, no solo era el nombre. También la forma de decirlo. Como alguien seguro de sí mismo. Son muchos los estudios que aseguran que Bond habría muerto por infarto, cirrosis o a consecuencia de las heridas. Tampoco come sano. Los huevos revueltos son su plato preferido en las novelas. En el cine es el caviar Royal Beluga con yema de huevo. Equilibrado no parece. Por no hablar de su gusto por beber. Aunque solo se le recuerda por cierto cóctel.

Todos conocemos los ingredientes y la forma de servirlo. Pero Daniel Craig lo detalló más.-Tres partes de ginebra (en la película especifica Gordons), una de Vodka, media medida de kina Lillet, bien agitado con hielo y con una filigrana de limón-. No le haríamos ascos. Y ya que hablamos de líquidos sepan que Pierce Brosnan, cuando se alojó en el Carlton de Bilbao, durante el rodaje de 'El mundo nunca es suficiente', dio una orden por la que cada noche le debían subir una botella de Dom Pérignon. Casi nunca la abría, pero formaba parte de la leyenda. Por cierto, un gran Bond el señor Brosnan. Y eso que le costó lograr el papel. No pudo aceptar la primera vez porque acababa de firmar para seguir siendo Remington Steel. Y es falso que renunciara a más entregas. Le cambiaron por Craig y se llevó un buen disgusto. Porque ser parte de la saga está al alcance de muy pocos.

Han sido varios los que han interpretado al jefe de los inventores. El gran 'Q'. Pero Peter Burton y Desmond Llewelyn marcaron la diferencia. En cuanto a coches, Jaguar y Aston Martin se llevan la palma, aunque BMW pagó una pasta y logró ser coche 007. El Bond que más publicidad generó fue Brosnan. Llegaron a visitar Bilbao, tanto él como 'Q', para anunciar relojes y otros complementos que aparecían en 'El mundo nunca es suficiente'. Aún se recuerda en la villa lo agradable y atento que estuvo Desmond Llewelyn en la joyería Suárez firmando autógrafos y atendiendo a sus seguidores. Era tan legendario que al saludarle parecía que estuvieras en la sede del MI6. O lo que es lo mismo, el lugar donde tiene el despacho 'M'.

Al principio el jefe de Bond era un hombre. Pero un día apareció Judi Dench en ese papel y se hizo justicia. Es lo que hubiera deseado Fleming. Porque él se refería con la letra 'M' a su madre Evelyn. No pregunten la razón. Quizá por 'Mother'. El caso es que, según cuentan, había sido fría y cruel con él. De ahí que pensara en ella al bautizar al jefe de James. Y no fue la única vez que tiró de inspiración casera. También hay algún malvado. Porque, además del Doctor No, hubo otros que dejaron huella. Como Stavro Blofeld, al frente de Spectra. Era el que acariciaba a su gato blanco. O esbirros como Tiburón y su boca de acero. Pero vamos a centrarnos en Goldfinger. Porque existió. Era un vecino de Fleming, de oficio arquitecto, que construía edificios tan feos que Ian decidió utilizar su apellido para bautizar al malo. Y hay más decisiones curiosas. Cuando vean a Ursula Andress salir del agua y la escuchen cantar y hablar piensen en Nikki Van Der Zyl. Es la mujer que dobló a la espectacular suiza. Lo hizo en otras entregas y con otras chicas. Por suerte algunas, además de bellas, eran actrices. 59 han salido en total, entre heroínas, acompañantes o enemigas. La primera fue Eunice Jackson.

Hay tantas curiosidades como misterios en James Bond. El número 007, por qué solo tres músicos se han encargado de su famoso tema...o cómo puede ser que a un tipo tan poco creíble y desfasado sigamos admirando algunos. Puede que se deba a que es tan irreal, sobre todo los primeros, que no ofende. Además, ¿hay algo más elegante que salvar al mundo y llevarse a la chica sin mancharse el traje? Por eso es lógico que no se sepa todo. Qué sería de un espía si no guardara secretos. De hecho ahí está la clave. La que hizo que aquél niño siguiera, durante años, trepando a lo alto del armario. Para descubrir así, cada día, algo nuevo de James Bond.

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