Bajo Ulloa: «El independentismo es un sentimiento oportunista»

Juanma Bajo Ulloa, el pasado viernes en Bilbao./IÑAKI ANDRÉS
Juanma Bajo Ulloa, el pasado viernes en Bilbao. / IÑAKI ANDRÉS

El director de cine culpa del auge del catalanismo al desprestigio de la ‘marca España’: «La gente joven en las calles está dispuesta a partirse la cara»

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

No los aparenta pero Juanma Bajo Ulloa tiene ya cincuenta años. A los 24, se convirtió en el director más joven en ganar la Concha de Oro en San Sebastián con ‘Alas de mariposa’. Su carrera posterior ha conocido el éxito en taquilla con ‘Airbag’ y la travesía en el desierto con proyectos que le han llevado a hipotecar su casa en tres ocasiones. Homenajeado en el festival Seriesland de Bilbao, el realizador vitoriano asume que tiene fama de incómodo y conflictivo en una industria que contempla con desapego. «A mí también me han intentado ‘violar’ en el cine español», denuncia. «En mi dignidad».

- Me sorprende que no esté en las redes sociales, que no sea un tuitero furibundo.

- Es una decisión de salud. Las redes sociales están íntimamente relacionadas con el ego. Yo lucho contra eso. ¿Por qué iba a interesarme la opinión de cualquiera? Yo elijo las opiniones de las personas que me aportan algo.

- ¿Nunca se mete a husmear?

- Nunca. Me he encontrado con actores que me envían su currículo con el número de seguidores que tienen en Twitter. Me da igual, el número de ‘followers’ es absolutamente circunstancial. No estar expuesto en las redes es una de las mejores decisiones de mi vida. ¿Que me quita promoción? Yo no estoy aquí para promocionarme. Voy haciendo mi obra lo mejor que puedo, a veces me va bien y otras no. Pero no voy a utilizar canales en los que no creo.

- ¿Es un nostálgico de las salas o acepta lo de ver las películas en el móvil?

- Yo no lo llamo nostalgia. Nosotros le dedicábamos atención y aprecio a ver una película o a escuchar un disco. A mí me costaba comprar un disco; miraba la portada, llegaba a casa, escuchaba canción tras canción mientras leía las letras... Era una ceremonia. Apreciaba el trabajo de esos artistas a los que admiraba. Les dedicaba lo más valioso que tengo, que no es el dinero ni mis posesiones, sino el tiempo.

- ¿Y ahora?

- Ahora la gente hace otras cosas a la vez mientras ve una película o escucha música. No valen nada, son basura que te bajas de internet. Ves una película en un aparato donde se pierde todo el proceso artístico y técnico que la ha hecho posible, se ve y se oye mal. Todo eso no se parece al aprecio. La sociedad está en una involución donde nada tiene valor. Hay padres que me cuentan que sus hijos no es que no escuchen un disco entero, es que ni siquiera aguantan una canción. Veinte segundos y pasan a la siguiente. No dan valor a lo que tienen. Nada importa, nunca estás en el ahora, nunca estás contigo. Es gracioso que se llame estar conectado, porque es justamente lo contrario: estar desconectado de ser uno mismo.

Trabajar para el sistema

- ¿Ganar la Concha de Oro con 24 años fue una bendición o una maldición?

- Tuvo una parte positiva y otra negativa. Puede ser algo maravilloso que se vuelve contra ti con mucha facilidad. Digerirlo bien fue imposible, porque no tienes la madurez necesaria. Yo no he sido consciente de lo que significaba aquel premio hasta muchos años después. Estaba muy mal acostumbrado, antes me habían dado un Goya por un corto... No era consciente del valor de aquellos premios. No fue un shock pero seguramente me superó. Alrededor mío había personas que empezaban entonces y después han tenido una progresión bastante nociva, están en muy mal estado.

«No estar en las redes sociales ha sido una de las mejores decisiones de mi vida» Sin Twitter

- ¿Le han dicho que es un director incómodo, conflictivo?

- Me lo han dicho de diferentes formas. En mi ingenuidad, me sorprendía que después de los premios y los éxitos de taquilla no me contratara nadie. Tenía un agente y él sabía por qué. ‘Juanma, no resultas cómodo’, me decía. ‘Nadie te va a negar que sabes hacerlo, pero no te van a poder manipular’. ¿Sabes? El cine es un mecanismo muy poderoso, porque puede hacer cambiar de opinión a la gente.

Personal

Nació en Vitoria en 1967.
De padre burgalés y madre andaluza, creció entre carretes y líquidos de revelado en la tienda de fotografía de su familia.
Fue el director más joven en ganar la Concha de Oro en San Sebastián.
Tenía 24 años cuando ‘Alas de mariposa’ le otorgó la condición de niño prodigio.
Ha hipotecado su casa en tres ocasiones para rodar sus películas.
El mayor éxito de su carrera ha sido ‘Airbag’, de cuyo estreno se cumplen ahora veinte años. El director acabó demandando a la productora, de la que era socio Karlos Arguiñano, para reclamar parte de sus beneficios.

- ¿Y podía haber usted cambiado esa imagen? Irse a Madrid a aceptar encargos, como hizo Enrique Urbizu.

- Yo no juzgo al que trabaja para el sistema, yo no quiero hacerlo. Solo pido que un autor pueda trabajar con libertad, aunque de vez en cuando acepte encargos: anuncios, videoclips... Yo también trabajo para el sistema, sé que no puedo hacerlo desde la absoluta independencia sin escuchar a nadie. Quieren que te doblegues en las películas que llegan al gran público, donde hay mucho dinero. Y a mí me cuesta dedicar tres años de mi vida a agradar a un grupo mediático. Lo siento pero no me sale.

«He descubierto que lo que más les interesa a mis compañeros es agradar al sistema» Plegarse a la industria

- Si sigue diciendo estas cosas no le van a contratar...

- Bueno, yo pensaba que mis compañeros estaban en esto como yo, para contar algo. Y he descubierto que lo que más les interesa es agradar al sistema. Aparte del oportunismo, viven instalados en el miedo, creen que no van a poder trabajar. De hecho, puede que tengan razón.

- Ha hipotecado su casa en tres ocasiones.

- Con ‘Alas de mariposa’, ‘La madre muerta’ y ‘Frágil’. Y ha salido bien, regular y mal. Hice las películas, no fueron éxitos de taquilla y, al final, perdí mi casa. Debes dinero, estás en la precariedad... Son elecciones que hice a cierta edad y que ahora no repetiría.

- ¿No volvería a arriesgar su patrimonio por una película?

- No. No tengo el valor. A los catorce años te tiras con una bici por un terraplén, pero a los cuarenta no.

«Yo no empeñé el Goya, fue mi hermano. Después se echó para atrás porque no le daban lo que pedía» El Goya a la venta

- ¿Nos puede aclarar que pasó con el Goya de su hermano Eduardo por el guion de ‘Alas de mariposa’, que apareció a la venta en una tienda de empeños de Vitoria?

- Fue una manipulación de mi nombre en los medios, no tenía nada que ver conmigo. Tuve que colgar un vídeo en YouTube donde decía la verdad. Yo no empeñé el Goya, fue mi hermano. Y yo no sé qué hace con sus cosas. ¿Acaso soy guardián de mi hermano?, como dice la Biblia.

- O sea, que usted no sabía que su hermano lo había puesto a la venta.

- No. Me contó que después se echó atrás porque no le daban lo que pedía. Pero, ya sabes, no dejes que la verdad te estropee un buen titular.

- ¿Qué piensa de la ola de denuncias de abusos a actrices a raíz del caso del productor Harvey Weinstein? ¿También pasa en el cine español?

- El ser humano es muy hipócrita y muy oportunista. Detrás de los grandes poderes hay situaciones muchas veces denigrantes, todos lo sabemos. Decir que es novedoso es hipócrita. Estamos en un mundo en el que el feminismo ha tomado un protagonismo enorme. A mí también me han intentado ‘violar’. Mis decisiones de no poner el culo me han llevado a un lugar determinado, a no recibir ofertas de trabajo. Hablo de ‘violar’ lo que a mí me importa. Hay caminos fáciles y complicados, que siempre conllevan un peaje. Darse cuenta de ello cuando es tarde no tiene sentido. Si algo te parece indignante no lo hagas. ‘Es que tenía el sueño de llegar...’. Entonces acepta lo que haces en tu vida. Algunos no hemos aceptado esas ofertas, porque mi dignidad está en mi obra.

«Hay chicas cuya identidad es ser feminista. Miran los gestos que haces, te juzgan, coartan tu libertad» Feminismo

Un país avergonzado

- ¿Cómo está viviendo la crisis en Cataluña?

- Tiene mucho que ver con la crisis de la ‘marca España’. Lo cuento en ‘El catalanazo’, un corto con Albert Pla y Gorka Aginagalde que he colgado en YouTube. ¿Cuándo surgen los nacionalismos y a la gente le molesta pertenecer a la marca España? Cuando pierde su prestigio. A los de Iparralde no les importa ser franceses, porque tienen un prestigio internacional. A nosotros en cambio no nos mola la palabra España, porque está desprestigiada. Es un país que no se quiere, no se aprecia, está avergonzado de sí mismo. Un país que habla en inglés. Ante esa incapacidad de darle valor a tu propia identidad te buscas otra más interesante.

Juanma Bajo Ulloa, rodando un corto en 1989.
Juanma Bajo Ulloa, rodando un corto en 1989. / ENRIQUE ONAINDIA

- ¿Y no se puede ser las dos cosas al mismo tiempo, vasco y español, catalán y español?

- Sí, pero mucha gente elegirá el sol que más calienta. Les pasa a los de Llodio, que prefieren ser del Athletic en vez del Alavés. El sentimiento independentista es muy oportunista, la prueba es que ha aumentado progresivamente según se iba degradando la marca España en el marco internacional, principalmente por causas económicas. Un guionista de Hollywood nunca escribirá que una pareja se va de luna de miel a Madrid, sino a París o Roma. En todo caso a Barcelona. Y eso que la cocina española es la más reconocida del planeta, pero da igual, no hemos conseguido que eso se convierta en un prestigio real. El ser humano necesita identidades, y cuando no estás seguro te agarras a la ideología que va surgiendo. El catalanismo ha surgido en el momento adecuado. Mira las edades de la gente que está en la calle gritando. Hasta son capaces de partirse la cara. ‘No sois nadie y ahora sois catalanes. Matad por ello’. Lo mismo sucede con el feminismo, con chicas cuya identidad es ser feminista. Lo llevan a gala, lo repiten, miran los gestos que haces, te juzgan, coartan tu libertad, no tienen pareja porque están en el dogma... Todo eso surge por esa necesidad de agarrarte a la identidad que te ofrecen los oportunistas, que suelen ser políticos.

Sin censura

El director de ‘Airbag’ ve «una involución» en las libertades: «Yo creo que me puedo reír de todo, si algo es ilegal ahí está el juzgado». Juanma Bajo Ulloa nunca ha parado de rodar. Entre película y película hace publicidad y documentales como ‘Rocknrollers’, que empezó siendo un encargo del Azkena Rock vitoriano. Su próximo largo de ficción ya tiene tráiler, que presentó en el Festival de San Sebastián. ‘Baby’ carecerá de diálogos y contará el drama de una madre drogadicta que vende a su hijo recién nacido. Una productora francesa y otra catalana están detrás de un proyecto que su autor intentó rodar en el País Vasco. «Pero no encontramos ningún apoyo».

- Una película sin diálogos. Nunca se acomoda.

- Mi experiencia vital me enseña que no estoy aquí para contentar a los demás. Yo estoy aquí para buscarme a mí mismo, no para cumplir la expectativas de un tercero. Busco mi camino, que pasa por lugares que no conozco. Aprendo cuando hago algo que no he hecho antes, que me resulta arriesgado y me da miedo. Volver a repetir no me interesa, aunque lo puedo hacer puntualmente por razones económicas.

- ¿Era el caso de ‘Rey Gitano’, la comedia que esperaba repetir el éxito de ‘Airbag’ y pinchó en taquilla?

- No especialmente. Eso lo he oído varias veces y se utilizó en la promoción. Me da pena porque no era la intención. Cuando se estrenó ‘Airbag’ en 1997 había una apertura muy grande en la mentalidad de la gente, llevábamos un montón de años de democracia. Todo lo novedoso y desafiante era bien recibido. La gente no se enfadaba con facilidad y no había censura. En los últimos veinte años he vivido una involución como autor y como ciudadano. La gente te censura incluso con la excusa de la libertad, por ejemplo en las redes sociales. Lees los comentarios en internet y al segundo o tercero empiezan los insultos. Me resistía a pensar que existía con la cultura, pero lo sufrí con ‘Rey Gitano’, que se metía con el poder y con cosas intocables como la monarquía, el machismo, el feminismo... Me encontré con que la respuesta del público fue censora. No hablemos ya de medios, con campañas previas al estreno. ¡En internet ya se hablaba mal de la película mientras la estaba montando! Recuerdo un pase en Vitoria con un amigo mío, al que le hemos sacado borracho de los bares muchas veces. Un gran adicto que ahora es un burgués. En una escena en la que Manuel Manquiña les habla de drogas a unos preescolares, diciéndoles que lo mejor es probarlas todas para decidir, mi amigo se dio la vuelta y me dijo: ‘Te estás pasando’. Me quedé en shock, porque hace diez años él hacía bromas mucho más heavies. Se ha convertido en un policía que pone límites al humor. Yo creo que me puedo reír de todo, si algo es ilegal, ahí está el juzgado.

- Ver ‘La guerra de las galaxias’ de crío en Vitoria marcó un antes y un después en su vida. ¿Mantiene ese impulso del cine como vocación de su vida?

- Entonces el cine era mejor que la vida real. Todavía sigo pensando que meterse en una sala, esa experiencia del arte, es pura magia. Cuando yo ruedo algo y provoco emociones a un público es alquimia. Evidentemente no soy el chaval que empezó hace treinta años, soy más escéptico, menos crédulo. Tengo otra visión de la vida y de la industria del cine. He perdido parte de aquello porque las cosas no son como creía. Pero todavía me dura la pasión y la visceralidad, lo que sale de las tripas y el corazón.

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