El Arriaga: caída matizada

El Arriaga: caída matizada
Enrique Portocarrero
ENRIQUE PORTOCARRERO

Es verdad que la caída en la cifra de espectadores en el Teatro Arriaga durante el año 2017, la primera temporada bajo la dirección artística de Calixto Bieito, no debe interpretarse como un fracaso o como un retroceso en la comercialización del principal espacio escénico municipal de Bilbao. No al menos si se tienen en cuenta durante el último año la importante apuesta por la producción propia, la labor de impulso a las compañías locales o regionales, la estrategia en favor de una programación menos comercial o menos dependiente del éxito fácil de los musicales o incluso la decisión de estrenar un mayor numero de espectáculos u obras teatrales de texto. Además, la simple comparación de los datos referidos a varios años también nos enseña que el número de espectadores en 2017 es mayor que el de los años 2011 y 2015, que la evolución media de la ocupación no difiere de forma excesiva en los últimos diez años o que el dato de amigos del teatro en el ejercicio 2017 es el segundo mejor de la última década, tan solo superado por el logrado en 2016. Naturalmente, el dato del número de espectadores es fundamental porque refleja la capacidad y la eficiencia en la gestión de un espacio escénico, si bien ello debe de matizarse a la luz de esa otra obligación que solo atañe a la cultura pública en relación con la pluralidad de la oferta y la demanda o con el no sometimiento a estrictos criterios de rentabilidad comercial. Otra cosa es, claro, la necesaria sostenibilidad de un teatro público que no debe convertirse nunca en una pesada carga que condicione y lastre el gasto de los presupuestos municipales.

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