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La verdad desenterrada

la influencia del cuarto poder

La verdad desenterrada

'La tragedia de Gernika', la crónica con la que George Steer desveló la participación alemana en el bombardeo, despertó muchas simpatías internacionales para el bando republicano

20.04.12 - 18:55 -
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La verdad desenterrada
Cinco corresponsales extranjeros lograron llegar a Gernika en la noche del 26 de abril de 1937. La villa presentaba un aspecto dantesco, con plazas en llamas y montañas de cascotes en todas sus calles. Sólo uno de ellos lograría regresar al día siguiente: el periodista británico de origen sudafricano George Steer. Escribía para Times y The New York Times, que llevarían su crónica a la primera página. Aquellas líneas escritas en mitad de la tragedia, entre los restos humeantes de las bombas, habían de cambiar el rumbo de la historia.
Si Ernest Hemingway fue el más famoso enviado especial acreditado en la guerra de España, la pluma que quedó vinculada para siempre a Gernika, fue la de George Steer. El corresponsal desveló la participación secreta de la aviación alemana en un bombardeo que “por su ejecución y grado de destrucción perpetrado, no tiene parangón en la historia militar”. Gracias a su segunda visita a la villa, pudo detallar incluso el tipo de aviones empleados por los nazis: Junkers y bombarderos Heinkel, que ametrallaron posteriormente a los vecinos que intentaban escapar por los campos.
"Gernika, la más antigua ciudad de los vascos y centro de su tradición cultural, fue completamente destruida ayer a la tarde por un ataque aéreo de los rebeldes". Así comenzaba la más célebre crónica de la guerra civil española. Aquel artículo despertaría muchas simpatías internacionales por el bando republicano e influiría decisivamente en Picasso a la hora de pintar el 'Guernica'. Sin embargo, también tuvo acérrimos detractores: poco después de firmarla, el periodista George Steer pasaría a engrosar la larga 'lista negra' de la Gestapo.
"El ataque aéreo más atroz de todos los tiempos" tituló el diario londinense Evening News. Muchos medios internacionales se centraron en el hecho del ataque aéreo y aparcaron el debate sobre su autoría. Esa verdad desenterrada fue la que quedó a la luz con su artículo 'La Tragedia de Gernika'.
Dudas sobre su autoría
Hasta entonces, algunos medios, como el noticiario alemán UFA Tonwoche, ofrecieron la versión franquista del ataque, que atribuía la destrucción de la villa a tropas republicanas. Mostraban "las ruinas de la vieja ciudad española de Gernika, horas después de que los incendiarios bolcheviques hubieran sido expulsados por las tropas nacionales" y les acusaban de haber quemado la villa "casa por casa". También la prensa falangista defendería esta versión, desmentida una y mil veces a posteriori por los historiadores. "La prensa judía y masónica del mundo ha querido difamar al ejercito nacional", aseguraba el documental 'Frente de Vizcaya y 18 de Julio' antes de atribuir la destrucción a "los incendiarios y dinamiteros" republicanos.
Los medios afines al bando nacional utilizaron imágenes del frontón para "demostrar" que el origen de la destrucción eran los incendios y no un bombardeo. Su cubierta estaba intacta y habían ardido sus paredes, destacaban. Sin embargo, la historiografía no tardaría en demostrar que los alemanes utilizaron bombas incendiarias, que no destruían los edificios al caer sino que los atravesaban antes de explotar.
Pocos edificios quedaron en pie tras el bombardeo. "Gernika entera estuvo pronto en llamas excepto su histórica Casa de Juntas, que atesora los viejos archivos sobre la raza vasca, donde el antiguo Parlamento vasco solía asentarse". El árbol de Gernika también "quedó intacto", detallaba Steer. En ese sentido, los nacionales intentarían separar "las tradiciones vascas del nacionalismo" y calificarían la villa de "meca del legítimo fuerismo vasco" en una noticia ilustrada con requetés montando guardia bajo el simbólico roble. No era una interpretación compartida en bloque por los rebeldes y era más propia de los carlistas que de los falangistas. De hecho, quienes hacían guardia en una información que llegó a varios medios extranjeros eran carlistas del tercio Virgen de Begoña.
"En lunes, el tradicional día mercado, las campanas de alarma doblaron en la iglesia a las 16,30 horas", escribó Steer cuando todavía "las llamas queman la ciudad de principio a fin y el humo puede verse desde a más de diez millas". Su emocionante crónica llegaría días después a las manos de Pablo Picasso. La verdad desenterrada conmocionaría al célebre pintor, que se vería abocado a comenzar una nueva obra. Las pinceladas de la crónica de Steer inspirarían los primeros trazos de su célebre 'Guernica'.
El sonido de la guerra
Los medios propagandísticos utilizados durante el conflicto bélico fueron similares a los de la Primera Guerra Mundial. El cine, los carteles, pasquines y desfiles fueron empleados con profusión por ambos bandos pero, a diferencia de la gran guerra, en España comenzaría a utilizarse el sonido. El cine sonoro y la radio aportaron una nueva dimensión a los aparatos de propaganda, encargados de alentar a las propias tropas y desmoralizar al ejército enemigo. Su uso era especialmente importante para el bando republicano, necesitado de la ayuda internacional.
Los medios de comunicación impresos tampoco fueron ajenos a esa encarnizada lucha mediática. Los datos interesados de cada uno de los bandos, cuando no la desinformación flagrante, provocaría capítulos como el vivido por el diario norteamericano The New York Times, en el que sus dos corresponsales llegaron a publicar crónicas en las que se contradecían mutuamente.
Salvo casos muy puntuales, no se permitía que los corresponsales visitaran el frente y se les obligaba a silenciar la represión. Tras la toma de Toledo, por ejemplo, se prohibió la entrada en la ciudad durante dos días a los periodistas y se les entregaron unos informes interesados sobre el estado de la ciudad. Harold Cardozo, corresponsal de Daily Mail, hizo uso de ellos antes de que se supieran que aquellos datos eran falsos.
Millán Astray, primer jefe de prensa y propaganda de los sublevados, cobraría fama por sus alteradas e interminables arengas. Luis Bolín, el responsable en el sur, negó categóricamente ante los periodistas extranjeros que las fuerzas nacionales hubieran participado en el bombardeo de Gernika y desmintió repetidas veces que los nazis tuvieran nada que ver. Pese a todo, en abril de 1937 sería relevado por Luis María de Lojendio.
En el lado republicano, la oficina de Prensa extranjera, radicada en el edificio de Telefónica en Madrid, era la encargada de todo. Allí, los redactores presentaban sus papeles a la censura, antes de enviar crónicas a sus periódicos por teléfono. El censor jefe era Luis Rubio Hidalgo. Se sabe que solamente Mijail Koltsov, el corresponsal del diario ruso Pravda, actuaba con total libertad. Aquellos controles se endurecerían después de que William Cartney, de The New York Times, lograra esquivar el cerco de la censura y publicara un artículo en el que detallaba el emplazamiento de las baterías antiaéreas en la capital de España.
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