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Legión Cóndor, la máquina del terror

ataque aéreo

Legión Cóndor, la máquina del terror

El cuerpo expedicionario enviado por Hitler ensayó en Gernika las armas con las que asolaría Europa durante la II Guerra Mundial

20.04.12 - 18:45 -
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El 26 de abril de 1937 la tragedia se cernía sobre Gernika. Eran las 16.30 horas y las campanas de la Iglesia que avisaban de posibles bombardeos guardaban silencio. Nadie esperaba aquel ataque, pero una flota de bombarderos y cazas alemanes, la Legión Cóndor, se dirigía hacia la población vizcaína. Dos horas y cuarenta y cinco minutos después, las bombas de gran tonelaje, las ráfagas de ametralladora y los artefactos incenciarios habían hecho el trabajo para el que habían sido concebidas. El horror de la guerra moderna, que no hace distinciones con la población civil, en toda su crudeza.
La participación extranjera en la Guerra Civil española se había gestado en las conversaciones de Franco con Hitler y Mussolini para que le ayudaran en su 'cruzada' contra el bando republicano. La falta de infraestructura del bando sublevado para cruzar el Estrecho de Gibraltar hizo solicitar a sus aliados del Eje el apoyo aéreo y marítimo que necesitaba. Éste es el origen de la tristemente célebre Legión Cóndor. El Führer había dado su conformidad mientras asistía a un festival wagneriano en la ciudad bávara de Bayreuth.
A comienzos de la década de los años treinta, la Alemania nazi se hallaba rearmándose en secreto. Reducido su ejército al mínimo por el Tratado de Versalles tras la I Guerra Mundial, Hitler dio la orden de crear unas fuerzas lo suficientemente poderosas para cumplir sus delirios de grandeza. Heinz Guderian, el 'general Panzer', se encargaría de los temibles tanques que con su velocidad y potencia de fuego arrasarían Europa. Cuando el líder nazi vio por primera vez lo que eran capaces de hacer, aseguró sin la menor duda: "Esto puedo necesitarlo, quiero tenerlo". Hermann Göering se ocuparía de los cielos, de dotar a los nazis de una fuerza aérea capaz de asolar el continente desde las alturas. Así nació la Luftwaffe. La Guerra Civil española y Gernika serían los escenarios donde los nazis probarían el potencial de sus nuevas creaciones.
Una intervención "arriesgada, pero valiosa"
La aviación alemana no estaba ni mucho menos preparada para hacer frente al desafío de apoyar a las tropas franquistas. Cuando recibió el encargo del Führer, los tremendos bombarderos y los célebres Stuka que incendiarían Inglaterra todavía eran simples proyectos. Tampoco el personal ni la capacidad logística estaban lo suficientemente afinados. Albrecht Kesselring, jefe de Estado Mayor de la Luftwaffe en ese momento y posteriormente al frente de las operaciones de Italia y el norte de África con Rommel bajo su mando, lo dejó escrito en sus memorias. "La intervención en España fue una carga que puso en peligro la labor de organización de la Luftwaffe, aunque a largo plazo resultara valiosa".
Las primeras entregas de material llegaron entre finales de julio de 1936 para ayudar al desembarco franquista en la Península. Unos veinte Junker-52, que tendrían que ir desarmados y tripulados por alemanes, establecieron un puente aéreo entre Tetuán y Sevilla, cruzando cada uno de ellos el Estrecho cuatro veces al día con 30 soldados completamente armados. El grueso de los refuerzos llegaría desde noviembre a la propia ciudad del Nervión. Casi 4.000 hombres, aviones, artillería y tanques al mando del general Von Sperrle y el coronel Von Richtofen. Éste, pariente del famoso Barón Rojo, sería el encargado de arrasar Gernika. En su momento álgido, la Legión Cóndor contaría con 16.000 soldados, 600 aviones, 200 tanques e incluso dos submarinos.
La superioridad del armamento alemán, perfeccionado a medida que participaba en el conflicto, resultó indispensable para la victoria franquista. Gernika fue la primera operación importante en la que tomaron parte. Frente a los siete aviones con que llegó a contar la resistencia vasca, que ni siquiera disponía de artillería antiaérea, el bando nacional tuvo el apoy de los Ju-52; los más modernos bombarderos Do-17, que se estrenaron precisamente en el conflicto; y He-111; los cazas Me-109; los Junkers Ju 87, los Stuka; los Panzer... Todos ellos fueron tan imparables para el bando republicano como lo serían posteriormente para los aliados durante los tres primeros años de la II Guerra Mundial.
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