Zumarraga, casi una cárcel de menores

Zumarraga, casi una cárcel de menoresGráfico

El autor del homicidio de "Urren", los de Otxarkoaga, los violadores de Barakaldo... Todos están en el único centro vasco de internamiento cerrado para adolescentes

David S. Olabarri
DAVID S. OLABARRI

Lo primero que hacen los trabajadores al iniciar su jornada laboral es colgarse del cinturón su 'botón del pánico'. Se trata de una especie de dispositivo de emergencia que los empleados sólo activan cuando se sienten en peligro. Y en el centro de menores de Zumarraga, el único en Euskadi de régimen de internamiento cerrado, no es infrecuente que se produzcan agresiones. Aquí llegan los menores que cometen los delitos más graves. Los últimos jóvenes que han sido recluidos son los tres acusados por el asesinato de Rafael y Lucía, el matrimonio de octogenarios muertos a cuchilladas y golpes en su domicilio de Otxarkoaga. Pero hace apenas algunas semanas también ingresó uno de los supuestos autores del robo con violencia que acabó con la vida de Ibon Urrengoetxea 'Urren' –el otro es inimputable al tener 13 años– y los cuatro supuestos autores de la violación a una adolescente en un trastero de Barakaldo.

Una media de cuarenta chavales fueron condenados en Euskadi al mes en 2017. En la actualidad están internados unos 37 jóvenes –cerca del límite de su capacidad–, seis de ellos acusados o condenados por homicidios, según explican fuentes de la instalación. Además del supuesto asaltante de 'Urren' y los presuntos asesinos de Otxarkoaga, en Zumarraga cumplen condena Ander Etxeberria, el autor confeso de la muerte de Amaia Azkue en 2011, que se entregó a la Justicia un día antes de cumplir 18 años; y uno de los implicados en el caso de Rogelia Chivite, una anciana de 93 años que fue asesinada a golpes en 2012 en su domicilio de San Sebastián con el objetivo de robarla. Además, en 2016 abandonó las instalaciones el menor sentenciado por acabar con la vida de su instructor en Vitoria en 2013 para ingresar en un centro penitenciario.

Otros internos son reincidentes que ya han cumplido aquí varias condenas y que entran y salen con frecuencia de Ibaiondo, según explican fuentes policiales. Algunos de estos chicos son los que «más problemas» causan en el día a día. Todas las actividades están sujetas a numerosos protocolos y a un férreo control de seguridad para tratar también de salvaguardar la integridad física de los cerca de 50 trabajadores –educadores, psicólogos, guardias...– que ya han protestado en varias ocasiones por las agresiones sufridas por parte de los internos. La última, hace unos pocos días, cuando un chaval arrojó una silla a una profesora.

Alta rotación de vigilantes por la «precariedad»

Los vigilantes de seguridad del centro de Zumarraga no suelen «aguantar» muchos meses por el «estrés laboral» al que están sometidos. Fuentes sindicales explican que estos trabajadores han perdido en los últimos años el 'plus de peligrosidad' que cobraban en Ibaiondo hasta situarse en unos niveles salariales similares a los que puede cobrar «un vigilante de un supermercado». «Y, obviament, ni el nivel de trabajo ni el riesgo son iguales. Esta precariedad es inadmisible», insisten.

Una de las máximas, según explican fuentes cercanas al centro, es que nunca puede haber un menor sin vigilar cuando se encuentre fuera de su habitación, donde duermen solos a partir de las 22.30 horas. Los jóvenes están repartidos en los cinco módulos de los que consta Ibaiondo, conectados por una galería. La idea es agruparlos por edades, niveles de peligrosidad y por la tipología de los delitos que han cometido, «aunque no siempre es posible», apuntan las mismas fuentes.

Piscina, frontón y paga

Cuando un menor llega al centro se le somete a un periodo de adaptación de unos cinco días en los que está acompañado de educadores y vigilantes. Después, entra ya en la dinámica del grupo. El día a día de estos chicos se reparte entre las clases a las que asisten mañana y tarde –electricidad, carpintería, informática...–, los talleres grupales y las actividades deportivas. En Ibaiondo cuentan también con un frontón, una piscina y un campo de futbito. A los internos que muestran buen comportamiento les asignan una paga semanal de unos 5 euros que pueden gastar el fin de semana en las máquinas de golosinas y aperitivos. Los problemas se producen cuando algún chico protagoniza muchos casos de indisciplina o directamente comete alguna agresión. En ese caso se les aplica un expediente y pierden privilegios a la hora de acceder a beneficios de cara a su puesta en libertad.

Cuatro homicidios

Rafael y Lucía
2018: Han ingresado en el centro los tres adolescentes –dos de 14 años y uno de 16– acusados del asesinato de este matrimonio de octogenarios en Otxarkoaga
Ibon Urrengoetxea 'Urren'
2017: Se encuentra a la espera de juicio uno de los supuestos autores, de 16 años, del robo con violencia que derivó en la muerte del exjugador del Amorebieta. El otro, de 13 años, es inimputable por su edad.
Amaia Azkue
2011: Ander Etxeberria, que se entregó por el asesinato de esta mujer en Azpeitia un día antes de cumplir 18 años, sigue cumpliendo condena en Zumarraga.
Rogelia Chivite
2012: También está internado en Ibaiondo uno de los autores del homicidio de Rogelia Chivite, una mujer de 93 años que fue asesinada en 2012 en su domicilio en San Sebastián. Tres de los acusados eran mayores de edad.

En su contexto

37
menores hay aproximadamente ingresados en estos momentos en el centro, cerca ya del límite de su capacidad. Las instalaciones se dividen en cinco módulos.
Seguridad
Todas las actividades están sujetas a numerosos protocolos para salvaguardar la integridad física de los cerca de 50 trabajadores del centro. Una máxima es que nunca puede haber un menor fuera de su habitación sin vigilar.
Reinserción
El fin último de este centro es la resocialización y la educación de los jóvenes. Acuden a clases mañana y tarde. Tienen talleres grupales e instalaciones deportivas como un frontón, una piscina para el verano y espacios verdes.

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