Zazpilanda se echa al monte

Viviendas sociales. La mayoría de los habitantes tiene una edad avanzada. / Vídeo:Sayuri Nishime / Pablo del Caño-Foto: Jordi Alemany

El barrio de Zorroza que rechaza el realojo de afectados por el incendio de La Landa lamenta que ya soporta «suficientes cargas»

OLATZ HERNÁNDEZ

Zazpilanda cuelga de la parte alta de Zorroza, en las laderas de Kobetamendi, donde se celebra el famoso festival de música BBK Live. Esta zona de Bilbao, desconocida para la mayoría, se ha colocado en el ojo del huracán debido a los realojos de las familias afectadas por el incendio en la barriada de La Landa, habitada en su mayoría por personas de etnia gitana. La asociación de vecinos de Zazpilanda se ha echado a la calle para protestar por los traslados ante la posibilidad de que llegue «gente conflictiva». «El vecindario ya soporta suficientes cargas», lamentan.

Zazpilanda está aislado del resto de Zorroza: a un lado tiene la barrera de la autopista A-8 y al otro, la trinchera ferroviaria de Feve. «Cuando era chaval todo eran huertas y campas, de ahí viene el nombre: ‘Siete campas’. Era una zona muy tranquila», recuerda Antonio Rodríguez, jubilado y vecino de toda la vida.

Ahora, los residentes solo pueden alejarse del ruido del tráfico en el parque del centro del barrio, donde es todavía posible escuchar el canto de los pájaros. Las casas colindantes son el reflejo de los muchos contrastes que hay en apenas cuatro calles.

Algunas de las fachadas están reformadas y lucen unos colores llamativos -amarillo y naranja-. Otras tienen un tono gris apagado, con oscuras manchas de humedad. «Mucha gente vive de alquiler y otros no tienen las escrituras», explica Antonio. La falta de esos documentos dificulta las obras para mejorarlas. El Ayuntamiento anima a la comunidad a renovar las fachadas con ayudas que llegan al 90% del coste de la obra de aislamiento. Pese a las subvenciones, pocos son los edificios que se han sumado al proyecto -sólo 10 de 49 inmuebles se habían inscrito a finales del año pasado-.

LA CIFRA 10.150

euros es la renta per cápita anual de los habitantes de Zazpilanda, habitado por familias de extracción obrera, economías modestas y diferentes orígenes.

La parte baja de Zazpilanda, la más antigua, fue construida en 1954 por la Obra Social Sindical del Hogar. En sus ocho bloques conviven 707 vecinos. «Hay de todo y no tenemos ningún problema», dicen. La mayoría de los residentes tiene una edad avanzada y modestas economías. La renta per cápita ronda los 10.150 euros al año en un barrio considerado «vulnerable» por el Gobierno vasco.

En 1995 se edificó un nuevo vecindario ladera arriba, donde, según sus habitantes, «convive gente de diferentes etnias y niveles adquisitivos». Begoña Merino reside aquí desde hace veinte años y destaca sus zonas verdes. «Es un barrio multicultural. Somos cívicos y educados», señala. Otros vecinos se quejan de la actitud de algunas familias conflictivas de la zona.

Viviendas sociales. La mayoría de los habitantes tiene una edad avanzada. / jordi alemany

La parte alta está habitada por parejas con hijos adolescentes. Los jóvenes acuden a los dos colegios de la zona y después, al instituto de Zorroza. Allí comparten aula con alumnos de diferentes orígenes.

Jorge Massana también está contento con un vecindario donde «todos nos conocemos y convivimos en armonía». Hace algunos años no había tiendas, por lo que parecía «un barrio dormitorio». Los vecinos se veían obligados a bajar a Zorroza para hacer las compras. «El barrio ha evolucionado, aunque la comunicación con el resto de Bilbao no es muy buena», se queja.

Falta de interés

Benito González destaca que «el transporte público y las infraestructuras han mejorado bastante». Aún así, los vecinos acusan al Ayuntamiento de falta de interés: «Todo lo que hemos conseguido, por ejemplo los columpios y las rampas mecánicas, ha sido a base de protestas».

Uno de sus históricos frentes de batalla es el soterramiento de las vías. «Sólo hay una barrera a cada lado. Si vas despistado, te puede pillar el tren», advierte Antonio Rodríguez. Los accidentes en sus pasos a nivel suman 21 fallecimientos -los últimos, dos mujeres arrolladas por un convoy en febrero-.

Datos que llevan al desconsuelo a Antonio Rodríguez, el veterano de Zazpilanda. «Este barrio no tiene futuro», declara con tristeza. Mira una planta que se ha abierto camino en una grieta del asfalto y sube por una pared de un edificio. «A lo mejor es Zazpilanda que se está regenerando», dice con ironía.

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