Vistas al Danubio

El palacio de Munibe languidece en manos de la Diputación

El palacio Munibe fue rehabilitado tras sufrir un incendio en 1992./MAIKA SALGUERO
El palacio Munibe fue rehabilitado tras sufrir un incendio en 1992. / MAIKA SALGUERO
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

El palacio de Munibe en Etxebarria tiene un pasado asombroso. Propiedad del conde de Urquijo, esta casa de campo de estilo ecléctico, entre romántico y tremendo, albergó una importante biblioteca de tema vasco y una cuadra de purasangres ingleses. Antonio Fernández Casado cuenta en uno de sus libros que fue la primera gran casa del país que contó con cuarto de baño en todas sus habitaciones. Piensen en Brideshead Castle, pero en Lea Artibai. Sin mucha broma. En el palacio de Munibe se alojó Alfonso XIII. Y también Zita de Borbón y Parma, la mujer de Carlos de Habsburgo, el último emperador de Austria, antes de mudarse con sus hijos al palacio de Uribarren en Lekeitio.

Como pasa a veces, tras la edad de oro llegó la edad de óxido y el palacio quedó fuera de foco. Incluso sufrió un grave incendio en 1992. Unos años después la Diputación compró la propiedad. Imagino que se intentaba salvaguardar un edificio histórico, incorporándolo al patrimonio común. Sabemos que se estudió la posibilidad de reinventar el palacio como una especie de Parador, con su hotel y su oferta hostelera de calidad.

Sin embargo, nada de eso se hizo. Y desde entonces nada se ha hecho. Por lo que parece, tampoco se tiene previsto hacer nada en un futuro. Entre una cosa y otra, han pasado veinte años. Y el palacio languidece mientras absorbe presupuesto. Hay que pagar la seguridad y la conservación del edificio y sus terrenos. Quizá alguien tiene que acercarse también a darles de vez en cuando conversación a los fantasmas. ¿Os acordáis de la emperatriz Zita?

Algo debería pensarse para el palacio de Munibe, aunque solo sea porque no tener ideas es peor que no tener dinero para acometerlas. Lo ideal sería recuperar el edificio y darle un uso que respetase su identidad y difundiese su historia. Es raro que la Diputación no haya desenfundado en este caso algunos de sus sintagmas clásicos y exitosos («poner en valor», «colaboración público-privada»). Parece, eso sí, que la vieja casa de Etxebarria se incluye entre las localizaciones que la foralidad ofrece para rodar producciones audiovisuales en Bizkaia. Tiene sentido. No existe un escenario mejor para poner a un Habsburgo a contemplar el río Urko mientras piensa que, en cierto modo, si lo miras bien, hasta se parece un poco al Danubio.

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