La violencia machista se ha cobrado la vida de 30 mujeres en Bizkaia en poco más de una década

Teresa Laespada y Unai Rementeria, durante la presentación de la campaña. /YVONNE FERNÁNDEZ/
Teresa Laespada y Unai Rementeria, durante la presentación de la campaña. /YVONNE FERNÁNDEZ

La Diputación hace público el mapa donde recuerda a cada una de las víctimas y los 17 intentos de homicidio

JESÚS J. HERNÁNDEZ

«Te voy a matar. No se te ocurra marcharte porque cojo una escopeta, te sigo y te mato». Las palabras de Antonio Gutiérrez eran algo más que una amenaza y Amelia Amaya lo sabía muy bien. A sus 36 años llevaba mucho tiempo sumergida en un mundo rebosante de violencia. Por aquella amenaza Antonio Gutiérrez acabó en comisaría. Mientras le detenían, con los policías delante, se giró hacia su esposa y le espetó: «Le voy a coger la pistola a uno de estos y te voy a pegar cuatro tiros». El Juzgado de Violencia sobre la Mujer le impuso en junio de 2010 una pena de trabajos en beneficio de la comunidad y una orden de alejamiento de 500 metros por espacio de dos años.

Nunca se cumplió. No habían pasado ni ocho semanas cuando Amelia apareció muerta en casa de su suegra, donde víctima y verdugo seguían conviviendo. Algunos familiares la amortajaron y contaron a los sanitarios que era toxicómana y que había fallecido de una sobredosis. El forense encontró en su cuerpo el rastro de una paliza, con multitud de hematomas y contusiones por todo el cuerpo. Las lesiones internas le habían provocado la muerte. El vecindario, un bloque situado en el centro de Otxarkoaga, reconoció haber escuchado gritos y gemidos aquella noche. Antonio Gutiérrez fue condenado a veinte años de prisión.

El drama de Amelia es uno de los hitos que jalonan el mapa del horror que ha elaborado la Diputación y que se hace público esta semana; un siniestro recorrido que arranca en 2004, salpicado de asesinatos e intentos de homicidio, que pone rostro a las víctimas y señala a los responsables de su desgracia. Casos estremecedores como el de Aintzane Garay. Su madre se quedó intranquila una tarde de agosto de 2005. Su hija le dijo que salía a dar una vuelta por Bakio con unas amigas. Ella se temía que hubiera accedido a ver a su expareja. Telefoneó a un par de conocidas y, al comprobar que no estaba con ellas, mandó a sus hermanos a buscarla. No volvieron a verla con vida. Dos años después, el Supremo ratificó la condena de 32 años de cárcel a su exnovio, Mikel Herman, por violador y asesino.

Las frías cifras esconden historias durísimas. La web foral repasa identidades, escenarios y sentencias

Cristina Estébanez denunció a Seidel M. G. por maltrato, pero se negó a refugiarse en un piso de acogida lejos de su entorno, en Barakaldo. Aingeru, su nueva pareja, contaba que un día su móvil registró 144 llamadas perdidas. Una noche, cuando volvían juntos a casa, encontraron allí a Seidel. Aingeru, con una cuchillada en el cuello, se llevó la mejor parte. Ella no sobrevivió.

No todas las víctimas han perdido la vida a manos de sus maridos y exparejas. «La violencia contra las mujeres es mucho más que eso. La construcción de este mapa nos permite constatar que muchas agresiones, intentos de asesinato o de homicidio, quedan difuminados en un mar de sentencias por otros delitos. Hasta el punto de que ellas pasan desapercibidas», describen desde el área de Igualdad de la Diputación. Uno de los objetivos de este recorrido es «identificar esos casos y así reflejar la verdadera dimensión del problema».

Víctimas del 'falso shaolín'

Desde esta perspectiva, aparecen en el mapa Mauren Ada y Jenny Sofía, una nigeriana de 29 años y una colombiana de 40 que se ganaban la vida ejerciendo la prostitución en Bilbao hasta que el ‘falso shaolín’ acabó con sus vidas de la forma más brutal. Pero también Amelia Rodríguez, la suegra de Benito Quintairos, asesinada horas después que su hija en un doble crimen que su yerno intentó ocultar simulando un asalto a su taller en Abadiño.

El parricida de Portugalate fue condenado ayer a siete años de cárcel, rebajados por alteración psicológica

Están todos los nombres, desde Amaya Gutiérrez, degollada por su hermano en 2004, a Elvira López, la madre del parricida de Portugalete condenado ayer mismo a siete años de cárcel-el juez le aplicó la agravante de parentesco y la eximente incompleta de alteración psicológica-. Estremece encontrar a jóvenes como Sandra -17 años- y Ana María -16-, abrasadas por la expareja de la segunda en una chabola de Santurtzi en 2008. Y la víctima más pequeña, Yaisha, de 3 añitos, hija de la pareja de Víctor Manuel, que repitió una y mil veces que la niña se había caído por las escaleras. Un argumento que los forenses acabaron tumbando.

El mapa, creado sobre la base cartográfica de Google, muestra con una mano violenta la ubicación exacta de cada uno de los 30 homicidios y otros 17 intentos de asesinato. Ocho en Bilbao, seis en Barakaldo, tres en Santurtzi, dos en Abadiño. Esos son los cuatro municipios más castigados de un listado de 16. Las frías cifras esconden historias durísimas. Uno puede pinchar -la Diputación hará pública la web esta misma semana- y conocer más datos sobre cada caso, incluidas las sentencias, que son públicas. En su versión, la Diputación da el nombre de pila de los asesinos y reserva las iniciales para las víctimas.

El área foral de Igualdad ha sido «escrupulosa» con la selección de los expedientes. Advierten fuentes del departamento que dirige Teresa Laespada de que es un mapa «en construcción» y que los datos definitivos son los que maneja el Observatorio de la Violencia de Género y la Ertzaintza. En la inmensa mayoría de ellos, una sentencia firme respalda la inclusión, salvo en casos recientes como el de Sestao, que sucedió hace menos de dos meses. La paraguaya Noelia Noemí, de 32 años, es el último nombre de un listado que, de un modo trágico y descorazonador, no se puede dar por cerrado. Esa es la gran batalla.

«Pasa entre nosotros, en nuestro círculo, puede ser tu vecina»

«Contadas una a una, en ese terrible goteo, habrá quien no comprenda el auténtico alcance del problema. Pero cuando ves 30 mujeres muertas en una década en Bizkaia, la fotografía que te queda es distinta. Son muchas familias destrozadas, muchas vidas perdidas. Este mapa pretende ser un pequeño homenaje a esas mujeres, visibilizarlas», explica Teresa Laespada, diputada foral de Empleo, Inclusión Social e Igualdad.

A su juicio, uno de los grandes problemas a la hora de sensibilizar a la población es que «tenemos poca conciencia de que esto pasa entre nosotros, que le puede suceder a la vecina de al lado. Pensamos que algo así solo puede ocurrir fuera de nuestro entorno, y eso no es verdad. No hay más casos en otras comunidades autónomas, si tenemos en cuenta la proporción por número de habitantes, y tampoco hay grandes diferencias por ingresos. Nos tenemos que hacer responsables de la parte que nos toca. Y tenemos que poner todos de nuestra parte para que esto no siga ocurriendo».

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