«Pao vino a Ecuador para cuidar a su niña y huir del maltrato»

Paola residía con su hija de 7 años en Quito. / E. C.

Un antropólogo bilbaíno, Héctor M., es detenido acusado de asesinar a puñaladas en una zona rural a su expareja, a la que no se acercaba desde hacía dos años

MARTÍN IBARROLA

Un antropólogo bilbaíno ha sido detenido en Ecuador acusado de haber matado a puñaladas a su expareja el pasado fin de semana en la zona rural de Cayambe, al noroeste del país andino. El presunto asesino, Héctor M., se encuentra en prisión provisional y la Fiscalía ecuatoriana reclama para él una pena de 30 años por un delito de feminicidio. La víctima, Paola Moromenacho, una ingeniera de sistemas de 43 años que trabajaba en una empresa de telefonía nacional, lo había abandonado en 2011 y se encontraba en trámites de divorcio.

Hacía más de dos años que el sospechoso no se acercaba a ella ni a su hija. EL CORREO pudo contactar ayer con su familia en Ecuador, que se mostró devastada. «Estamos muy unidos. Paola siempre fue la alegría de la casa, la que animaba las fiestas familiares. Queremos que se haga justicia. Pao no merecía morir así, deja una niña a la que amaba con todas sus fuerzas. Es muy dura su pérdida y más en estas circunstancias violentas y de odio hacia la mujer y madre», denunciaba una cuñada de la víctima.

Su expareja y presunto asesino solía viajar a Ecuador para trabajar en programas de intervención social y cooperación dentro del territorio andino. Su último empleo registrado era al mando de la Unidad de Protección de Derechos del Ayuntamiento de Cayambe, donde también residía esporádicamente.

El Departamento vasco de Seguridad confirma que en Euskadi hubo denuncias cruzadas entre ambos Trámites de divorcio

«Cada vez que venía se quedaba seis meses y la niña lo visitaba. Pao creía que era importante que la cría tuviera contacto con su aita», explica la familia. La semana pasada la menor acudió a la casa de su padre para pasar unos días con él. El viernes, al parecer, condujo desde su casa en Quito hasta Cayambe para llevar de vuelta a la pequeña. Fue la última vez que se la vio con vida. El cadáver de la mujer fue hallado dos días después en el interior de un vehículo rojo abandonado en una zona apartada de la comarca. Presentaba diez puñaladas en el pecho y cinco en la espalda.

Un voluntario social

Paola y Héctor se conocieron en Ecuador y se mudaron en 2006 al barrio bilbaíno de San Ignacio, donde tuvieron una niña juntos. De acuerdo con la versión de la familia, las agresiones se volvieron cada vez más frecuentes, por lo que en 2011 ella decidió regresar a su país. «Pao vino aquí para empezar una vida tranquila, huir del maltrato y cuidar de su niña». La consejera vasca de Seguridad, Estefanía Beltrán de Heredia, confirmó ayer que durante el tiempo que la pareja residió en Euskadi se produjeron denuncias cruzadas entre ambos, motivadas por las visitas de la hija. La cuñada insiste en que, si bien no había podido cerrar todavía los trámites de divorcio, «en Ecuador recibía la boleta de auxilio, una medida de amparo para proteger a la víctimas de violencia machista».

Momento en que Héctor M. es detenido por la Policía ecuatoriana. / Y. T.

Los perfiles de redes sociales de Héctor, 45 años, muestran un historial académico brillante. Licenciado en Antropología e Historia por la Universidad de Deusto, cursó un Máster en Derecho Internacional en la UPV/EHU, se benefició de becas de cooperación, participó en programas de voluntariado y condujo investigaciones universitarias. Se trata de un perfil que, siempre según la cuñada de la víctima, podría haber camuflado la personalidad «violenta y controladora» que describen los familiares de la víctima.

En el 2006 se mudaron a San Ignacio y cinco años después ella decidió volver a Ecuador con su hija Relación tormentosa

Hacía ya dos años que no aparecía por el país andino, un espacio de tiempo en el que Paola pareció respirar tranquila. «Cada vez que venía, nos alertaba a todos de que aita iba a visitar a la niña». En medio del dolor, la cuñada de Paola prefiere conservar recuerdos de alegría de la hermana de su marido. Trabajaba en una empresa telefónica y vivía en Quito con su hija, a la que «dedicaba toda su vida». «Fue muy querida por todos, era deportista activa y la conocían por ser colaborativa y muy buena persona», trataba de homenajear esta ecuatoriana, que ayer solo mostraba fuerzas para «exigir justicia».

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