Vecinos denuncian un ‘narcopiso’ con okupas en San Francisco

El ‘narcopiso’ se ubica en el número 51 de la calle San Francisco de Bilbao. /Jordi Alemany
El ‘narcopiso’ se ubica en el número 51 de la calle San Francisco de Bilbao. / Jordi Alemany

Se quejan del trasiego continuo de adictos, que les llaman a los timbres de madrugada, ensucian la escalera y generan inseguridad

AINHOA DE LAS HERAS

Los vecinos del número 51 de la calle San Francisco están hartos. La comunidad de propietarios ha denunciado ante el Ayuntamiento de Bilbao que el quinto izquierda se ha convertido en un ‘narcopiso’. La dueña alquila la vivienda, de unos cien metros cuadrados, por habitaciones y al menos dos de los inquilinos trafican con droga en el interior. Además, no pagan el alquiler desde hace más de un año -están pendientes de sendos desahucios- y meten en sus dormitorios a ‘okupas’.

Esto se traduce en un trasiego continuo de consumidores a comprar sus dosis. «Suben tropas de gente como caballos desbocados a la una y dos de la madrugada», se queja uno de los residentes. Para colmo, el portero automático del quinto no funciona, y los adictos llaman a cualquier piso para que les abran el portal, sea la hora que sea. «He optado por desconectar el telefonillo por la noche». Recurren entonces a «sus códigos», pegan silbidos o gritos desde la calle hasta que «el camello se asoma a la ventana y les tira las llaves». O bien, lo hacen «a la brava, a patada limpia hasta que rompen la cerradura o el cristal de la puerta del portal». «No sé cuántos partes habremos dado ya al seguro por daños, nos van a echar. Tenemos aquí al cerrajero de continuo», lamentan.

Orines, vómitos, jeringuillas, escupitajos, colillas y basura en general aparecen con frecuencia en la escalera. «Usan los buzones de papelera. Cuando vas a por el correo, te encuentras dentro tapas de yogur». O vacían los extintores y hacen quemaduras en las paredes.

Los residentes no ocultan que viven con «miedo». «Me he dado algún susto al volver a casa a las dos de la mañana y encontrar a oscuras a dos fumándose una base de heroína en el descansillo. Les eché la bronca porque el edificio es de madera y centenario y podemos arder todos, pero ni caso hasta que amenacé con llamar a la Policía y salieron escopeteados», relata este vecino.

«Me han inundado dos veces la vivienda porque dejan los grifos abiertos a propósito», dice la dueña

La propietaria se siente «desamparada», ha llegado a pedir a la Administración que «precinten» su piso porque no encuentra salida. «Llevo 14 años alquilando habitaciones. Se lo he dicho a la Policía y a la Ertzaintza y dicen que no pueden hacer nada y la Justicia lleva su tiempo. Primero piden justicia gratuita y tarda meses, después un intérprete, y al final los que triunfan son los delincuentes», protesta. Desde el área de Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento bilbaíno asegura que recibieron el escrito de esta mujer y que la Policía Municipal «está investigando» el caso.

500 euros en gastos

En una ocasión, la dueña llegó a quedarse a dormir dentro de la vivienda de incógnito y contó hasta una veintena de personas «para arriba y para abajo sin parar». Voluntaria de Cruz Roja, colabora con la ONG en la acogida de personas en extrema necesidad, a veces de forma desinteresada. «Hay gente que no tiene dinero pero sí respeto», defiende. En este caso, sin embargo, «un empresario local me trajo a un hombre (a uno de los que ahora tiene denunciado por impago y que trafica) porque acababa de salir de prisión y se había separado, a ver si le podía alquilar una habitación. ‘Te hago ese favor tres meses’», le contestó. El inquilino pagó sólo la primera mensualidad y «lleva año y medio y es el que más jaleos monta».

En otro caso, presentó la demanda para echarle el 18 de octubre de 2017 y hasta el próximo 12 de abril no está previsto el lanzamiento, según apunta el abogado de la propietaria. «Los jueces me dicen que pueden meter a quien quieran porque la habitación es su casa y que dentro pueden consumir». Como casera, paga 300 euros mensuales de agua y otros 200 de luz. «He pedido darlo de baja, pero mientras viva gente no me lo permiten».

Además, corre con los gastos de las reparaciones. «Se averió la lavadora y la sacaron al descansillo. Tuve que pedir ayuda para bajarla». «Me han inundado dos veces el piso porque dejan los grifos abiertos a propósito». La vivienda está «llena de agujeros por todos los sitios, clavan puntas para colgar las sábanas y ponen luces de colorines».

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