Las vascas se echan a la calle para decir basta

Reivindicativa imagen de la multitudinaria concentración de la mañana en el Ayuntamiento de Bilbao. /REUTERS
Reivindicativa imagen de la multitudinaria concentración de la mañana en el Ayuntamiento de Bilbao. / REUTERS

Euskadi responde con una impresionante movilización feminista ante el 8-M, marcado ya como una fecha histórica en la lucha por la igualdad de género en todo el mundo

DAVID GUADILLA

Fue un grito de denuncia, un golpe sobre la mesa para proclamar que ya basta. Que ha llegado la hora de adoptar medidas eficaces para acabar con la violencia machista, con la brecha salarial y con el techo de cristal que impide a muchas mujeres acceder a puestos de poder. Decenas de miles de vascas se sumaron ayer a la huelga general, los paros y las concentraciones convocadas ayer en toda España por la denominada Comisión 8M, que agrupa a diferentes colectivos feministas, protestas que estaban avaladas por los sindicatos más representativos. Pararon para demostrar que la sociedad no puede avanzar sin ellas. Y que la única forma de hacerlo en condiciones es si se logra la igualdad real entre hombres y mujeres.

Una jornada inédita y simbólica, en la que se entremezcló lo reivindicativo y lo festivo, y que tuvo su punto de inflexión en la masiva marcha que recorrió Bilbao desde las ocho de la tarde. Fue una marea humana que inundó la Gran Vía y bajó hasta el Ayuntamiento con las calles colapsadas. En una ciudad acostumbrada a este tipo de convocatorias, pocas veces se ha visto una respuesta de tal magnitud. Según la Policía Municipal, acudieron alrededor de 60.000 personas. La manifestación tuvo un claro protagonismo femenino, pero también contó con una notable presencia de hombres, conscientes del sentido de las reivindicaciones de sus parejas, madres, hermanas, hijas...

Fue la culminación de un día marcado por dos colores. El morado y el negro se extendieron por las calles de la misma manera que las mujeres que secundaban las diferentes movilizaciones desaparecían de sus puestos de trabajo. Muchas empresas, incluido este periódico, vivían escenas insólitas. Los hombres se quedaban solos o en minoría mientras sus compañeras salían a la calle obligadas a tener que defender sus derechos en el año 2018.

6 millones de personas, aproximadamente, participaron en los paros parciales convocados por los sindicatos en toda España. La asistencia a las manifestaciones de la tarde fue masiva. En Barcelona se calcula que estuvieron 200.000 personas, en Madrid, 150.000, según los datos oficiales

El impacto de la protesta es difícil de cuantificar en porcentajes. Aun así, las centrales convocantes no dudaron en calificar de éxito la cita, sobre todo, en los sectores más «feminizados» -con sueldos más bajos y contratos más precarios- como la enseñanza, los comedores escolares, las residencias, la limpieza y las conserveras. Según los sindicatos, en estos ámbitos el paro fue «casi total». En Educación Primaria se calcula que un 77% del profesorado secundó lo paros.

Rozó el colapso

A diferencia de las huelgas generales al uso, la actividad económica y comercial no se detuvo de manera significativa. La gran mayoría de los locales levantaron la persiana y las industrias más importantes no detuvieron su producción. La afección en los hospitales y centros de salud tampoco fue excesiva. Sí se registraron más incidencias en el transporte público. Hubo frecuencias en las que el Metro, que había establecido servicios mínimos, rozó el colapso. En especial, en las horas más próximas a las concentraciones y marchas de protesta.

En su contexto

40%
La renta media de las mujeres entre 2001 y 2015 ha sido y sigue siendo más baja que la de los hombres. El último año del estudio, estaba un 40% por debajo: 15.175 euros frente a 25.152.
Sin renta
Suponen el 14,6%, cuatro puntos por encima de los hombres en el mismo período. Las rentas procedentes del trabajo son más bajas entre las mujeres, y dado que suponen el 60% del total, eso repercute en la brecha de género.
Ingresos medios
Las familias tienen unos ingresos medios de 45.180 euros si el sostén principal es el hombre y de 35.578 cuando es la mujer.

Pero el éxito de la convocatoria de ayer se mide por otros factores. Porque lo que buscaba era otra cosa. Sobre todo, despertar conciencias. Hay cifras que son imposibles de calcular. Por ejemplo, cuántos hombres asumieron las labores domésticas y el cuidado de los hijos, tareas que de forma mayoritaria siguen recayendo sobre las mujeres. Las últimas encuestas señalan que ellas dedican a la semana el doble de horas que ellos -en este caso, nosotros- al cuidado del hogar. Y es una de las principales reivindicaciones de las organizaciones feministas. Tampoco se puede valorar cuántas mujeres no pudieron hacer huelga a pesar de haber sido esa su intención.

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En una convocatoria global, Bilbao se convirtió en una referencia. Las concentraciones se sucedieron desde la mañana. Desde la plaza Unamuno a Moyua. El epicentro se situó en la capital, pero los efectos del terremoto provocado por la respuesta de las mujeres se sintió en todo el territorio. Las concentraciones se extendieron por la práctica totalidad de las localidades: Getxo, Barakaldo, Portugalete, Basauri, Gernika, Durango... Fue una movilización social, política y generacionalmente plural y transversal. En pleno siglo XXI, muchas jóvenes salían a la calle para exigir unos derechos que sus madres pensaban que estaban consolidados desde hace décadas.

Sin «miedo»

Los lemas que aparecían en algunas pancartas ofrecían respuesta a quienes se preguntaban sobre la necesidad de convocar una huelga general para defender los derechos de las mujeres. «Somos más fuertes que el miedo», se podía ver en Leioa. Un mensaje asentado en unas cifras aterradoras. En 2017, 4.020 vascas sufrieron agresiones de naturaleza machista. El dato lo presentó la consejera de Seguridad, Estefanía Beltrán de Heredia, el miércoles en el Parlamento. Y lo peor es que el número fue un 6,5% superior al del año anterior. En los últimos once años, han sido asesinadas 739 mujeres por sus parejas o exparejas en toda España.

Las concentraciones se sucedieron por todo Euskadi y llegaron a las principales instituciones: ayuntamientos, diputaciones y Parlamento vasco. En la Cámara de Vitoria, las representantes de EH Bildu, Elkarrekin Podemos y el PSE se ausentaron del pleno. Las dirigentes del PNV se concentraban al mediodía en las tres capitales. El propio lehendakari, Iñigo Urkullu, apostaba porque los hombres pasasen ayer «a un segundo plano» porque las «protagonistas» eran las mujeres.

La jornada histórica discurrió en Euskadi sin grandes sobresaltos. Más allá de pintadas esporádicas en los escaparates de algunos locales, no hubo incidentes reseñables. Más convulsa amaneció la mañana en Barcelona, donde los piquetes lograron paralizar algunos puntos clave de la capital catalana. La tensión no fue a mayores. Según los sindicatos, casi seis millones de personas se sumaron a los paros de de dos horas convocados en los turnos de la mañana en diversas empresas del conjunto de España.

Al igual que en Bilbao, fue a media tarde cuando se rompieron las previsiones. Las principales arterias de Madrid, Barcelona y Sevilla, por poner solo tres ejemplos, se desbordaron. En la ciudad condal se reunieron alrededor de 200.000 personas, según los datos ofrecidos por la Policía Municipal, y 600.000, según aseguraron los organizadores. En Madrid, la Delegación del Gobierno situó la cifra de asistentes en 160.000. Lugares como la plaza de Cibeles o la puerta de Alcalá quedaron colapsados.

La imágenes que se pudieron ver en la capital de España recordaban, en cierta medida, a las que se vivieron durante el 11-M. En estas concentraciones -la mayoría bajo un lema común: «Si las mujeres paramos, se para el mundo»- no solo participaron las que habían secundado los paros a lo largo del día. También las que habían valorado que la mejor forma de defender sus derechos era acudiendo al puesto de trabajo.

A ellas se sumaron, asimismo, dirigentes de Ciudadanos, partido que no apoyaba la huelga, pero sí las marchas. La portavoz en el Ayuntamiento de Madrid, Begoña Villacís, fue recibida al grito de «esquirola» por algunos manifestantes, en uno de los escasos momentos de tensión que se vivió durante la jornada de protesta.

«Las que no tienen voz»

España, en este caso, se convirtió en un referente para el resto del mundo. Las movilizaciones convocadas en 170 países para recordar el 8 de marzo como el Día de la Mujer Trabajadora no se transformaron en huelgas generales y paros. Discurrieron de forma similar a las de años anteriores. Pero en todas sobrevolaba el mismo mensaje. Algo tiene que cambiar. Ayer, una decena de mujeres denunció una violación masiva en la República Centroafricana; una iraní fue condenada a dos años de cárcel por quitarse el velo; en Bolivia, 28 mujeres han sido asesinadas en lo que llevamos de año, es decir, en menos de tres meses... En Bilbao, una joven daba aún más sentido a la multitud que se concentraba con una pancarta: «Somos el grito de las que no tienen voz».

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