Dos túneles y un viaducto conectarán la Supersur y la AP-68 dentro de cinco años

Dos túneles y un viaducto conectarán la Supersur y la AP-68 dentro de cinco años
M. CECILIO

La segunda fase discurrirá bajo tierra en su mayor parte y salvará un valle a 40 metros de altura antes de sobrevolar la autopista en Arrigorriaga

EIDER BURGOS y SERGIO GARCÍA

El proyecto eterno de la Variante Sur Metropolitana tiene fecha de fin de obra: 2023. Será entonces cuando la Diputación de Bizkaia finiquite la segunda fase de la Supersur, un enlace de 4,5 kilómetros que unirá la autopista que circunvala la villa con la AP-68. El último arreón a una obra que se hizo bola hace siete años y para el que se han presupuestado 203 millones de euros.

La mayor parte de este nuevo trazado discurrirá bajo tierra a lo largo de dos túneles con dos carriles cada uno. Solo un pequeño tramo quedará al descubierto, el que salvará la vaguada del Bolintxu: un viaducto de 220 metros de longitud y a 40 de altura proyectado por Javier Manterola, autor del Puente Euskalduna y de otros dos que ya se levantan en la autopista sobre el del Cadagua y en Gorostiza.

Esta segunda fase prolongará la variante desde la caverna ya excavada en el barrio bilbaíno de Peñascal, junto a los peajes, y desde ahí se accederá al túnel de Arnotegi, un primer trecho soterrado de 1.760 metros. La carretera saldrá a cielo abierto en el puente del Bolintxu y volverá a adentrarse en la montaña otros 528 metros hasta llegar a Arrigorriaga. Sobrevolándola, llegará a la AP-68, con la que se fundirá a la altura de la depuradora que el Consorcio de Aguas tiene en Venta Alta.

Sobrecoste de los trabajos

Las obras, que saldrán a licitación el mes que viene, darán comienzo el próximo mes de diciembre o a comienzos del año que viene, a mucho tardar. Una vez las máquinas enciendan motores, seguirán 38 meses de trabajo, más lo que lleve la instalación de los sistemas eléctricos. Hasta 1.760.000 metros cúbicos de tierras serán extraídas de las entrañas del monte Pagasarri.

Finalmente, el coste de la conocida como 'Fase 1b' ascenderá a 203 millones de euros, alrededor de 36 millones más de lo inicialmente presupuestado en 2011. La factura correrá a cargo de la sociedad foral Interbiak, financiada a través de fondos de la Diputación y de la recaudación de los peajes del territorio.

De cumplirse todos los plazos, el nuevo ramal deberá funcionar a pleno rendimiento a principios de 2023, doce años después del alumbramiento de la primera fase de la variante.

14.000 vehículos

Pensada para desviar el transporte pesado y mejorar la conexión con la Meseta, los primeros cálculos auguraban a la Supersur el paso diario de 24.000 vehículos; hoy apenas circulan unos 14.000. Aunque el final de la crisis ha aumentado el tráfico en el área metropolitana, aún son muchos los usuarios que la miran con recelo. La recaudación desde su apertura tampoco ha sido la esperada. El primer año, de hecho, ni siquiera alcanzó el coste de mantenimiento (cinco millones de euros, cuando se requerían como mínimo ocho).

Aún así, el Gobierno foral se muestra optimista y calcula que, entre el cierre de la Supersur y el tráfico que se absorba a través del futuro túnel subfluvial de Lamiako, la autopista logrará doblar la circulación y alcanzar la tan ansiada cifra de vehículos. Acabadas las obras en la autopista, arrancarán las del corredor bajo el agua entre Getxo y Portugalete. Las dos infraestructuras no funcionarán de manera simultánea hasta 2027.

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