El túnel bajo la ría y la Supersur serán las últimas grandes infraestructuras viarias en Bizkaia

Las caravanas forman parte del paisaje diario en La Avanzada./MANU CECILIO
Las caravanas forman parte del paisaje diario en La Avanzada. / MANU CECILIO

Los expertos aseguran que la población y el parque móvil han dejado de crecer tras duplicarse en las últimas décadas

Luis López
LUIS LÓPEZ

Primero, hubo más gente. Entre las décadas de los años 50 y los 80 del siglo pasado la población de Bizkaia se duplicó hasta superar holgadamente el millón de habitantes (ahora somos 1,15 millones). Luego, toda esa gente se compró coche: entre 1990 y 2010 el parque móvil se multiplicó casi por dos, hasta superar los 660.000 vehículos (en 2016 había registrados en la DGT 666.837). Como es lógico, el territorio tuvo que adaptarse a esa revolución echando asfalto, horadando montañas y salvando valles con grandes viaductos. Igual que en el resto de Euskadi y de España.

Pero en los últimos años todo ha cambiado. La población se ha estancado, y vista la edad media y las tasas de natalidad, la previsión es que vaya a menos. El parque móvil, con un vehículo por cada dos habitantes, tampoco crece y no hay motivos para vaticinar que eso cambie -menos aún con la apuesta por el transporte público que gana vigor cada año que pasa-. ¿Puede ser que ya no hagan falta más carreteras?

«La red vial de Bizkaia ya está muy resuelta», reflexiona José Tesán, decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos del País Vasco. Tan resuelta que, a su juicio, el túnel bajo la ría y la conclusión de la Supersur, los tajos anunciados anteayer por la Diputación, «son las últimas grandes infraestructuras en materia de movilidad rodada» que verá el territorio.

Hay algunos matices en este análisis. Por ejemplo, el hecho de que, aún habiendo la misma población, o incluso menos, «los hábitos sociales hacen que haya más movilidad». Es decir, todos hacemos varios desplazamientos diarios. Sin embargo, «esto también se está amortiguando», añade Tesán. Como contrapunto, también menciona el cada vez mayor auge del transporte de mercancías, impulsado por el comercio electrónico, que aumenta el movimiento en las carreteras.

Pero ni con esas. Ya no estamos en el punto de ganar en capacidad de la red vial, no hace falta. Si acaso, es el momento de «optimizarla, mejorarla no para que se mueva más gente, sino para que se mueva mejor». En realidad, eso es lo que se pretende con las obras anunciadas el jueves: acabar con la saturación en la Avanzada, en Rontegi y en Max Center, los tres puntos más conflictivos del Bilbao metropolitano. Así, no sólo se mejora la situación diaria para miles de conductores, sino que nos hace vivir más tranquilos. Porque ahora la red es muy vulnerable, y cualquier incidente en Rontegi colapsa el sistema, ya que no hay alternativa de alta capacidad para conectar ambas márgenes del Nervión. Con la conexión subfluvial, a partir de 2027, tal escenario será historia.

Quedan cosas pequeñas

En fin, que «en muchos años no vamos a ver obras de semejante magnitud», vaticina el decano de los ingenieros. Pero eso no quiere decir que todo esté hecho. «Quedan cosas de segundo orden, como mejorar la situación en Kukularra (Erandio), o intervenciones muy determinadas como las que se han hecho en el alto de Santo Domingo o en el nudo de Derio».

Opina lo mismo Heriberto Pérez, profesor de Infraestructuras del Transporte en la Escuela de Ingeniería de Bilbao, de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). «Hemos llegado al tope en infraestructuras viarias. Ahora quedan los 'parches'». En su caso, se refiere a las conexiones de vías comarcales con redes de alta capacidad, a obras como «los túneles de Autzagane» entre Amorebieta y Muxika, o la BI-633 de Ondarroa a Markina. Actuaciones que mejoran la red sin dotarla de más capacidad porque no hace falta.

«El siguiente paso es potenciar el transporte público», abunda el profesor Pérez. Especialmente, sobre raíles. La extensión del metro a Rekalde y al aeropuerto de Loiu, o la alta velocidad ferroviaria, son algunos de los retos de futuro en materia de infraestructuras. El metal sustituye al asfalto.

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