«Es un trozo de amor con patas»

Asier Etxeandia y Gora posan en una calle de Madrid. /alberto ferreras
Asier Etxeandia y Gora posan en una calle de Madrid. / alberto ferreras
La mascota de Asier Etxeandia

Cuando habla de su bichón maltés, al actor ya casi no hace falta ni plantearle preguntas: «Gorita es un angelito, un regalo que llena de buena energía la casa

CARLOS BENITO

Asier Etxeandia siempre es un entrevistado fácil, de respuestas rápidas y sin desperdicio, pero esa cualidad se potencia todavía más cuando el asunto de la conversación es su perrita Gora, una hembra de bichón maltés que podría pasar por un peluche si no fuese por su chispeante vivacidad. Cuando habla de ella, a Asier ya casi no hace falta ni plantearle preguntas: «Gorita es un angelito, un regalo que llena de buena energía la casa. Es un perro-gato un poco especial, una tía con bastante carácter, individualista: ella siempre va a su bola. Cuando quiere descansar, se marcha a la parte de arriba de la casa para estar tranquila, no es el típico perro pegado a ti todo el rato. Cuando llueve, ni quiere salir a la calle. Es muy limpia, nunca molesta... He tenido mucha suerte con ella», la presenta el intérprete bilbaíno, que describe a su mascota como «un trozo de amor con patas».

Gora

Raza:
bichón maltés.
Edad:
3 años.
Peso:
unos 4 kilos.
Carácter:
individualista e independiente, pero cariñosa.
¿Alguna manía?
Detesta el agua, pero adora el secador. «Lo malo es que, claro, una cosa requiere la otra», sonríe Asier.

Durante toda la niñez, Asier mantuvo con sus padres esa tozuda batalla que se reproduce generación tras generación: la del crío que pide un perrito y la familia que responde una y mil veces que no. Por fin, hace tres años, el actor pudo satisfacer aquella aspiración de la infancia: fue entonces cuando llegó a su casa un ovillito blanco al que llamó Gora, hija del perro de un pariente. «Yo no estoy a favor de tener un perro muy grande en un piso y, además, mi vida es complicada, porque no paro, estoy siempre de aquí para allá. Pero, como es un perro-bolso, me la puedo llevar a cualquier lado. Si en un sitio no me dejan entrar con ella, directamente no entro yo y además les hago la cruz, porque a día de hoy me parece fatal. Me pone de muy mala leche, es como una guerra». Gora se ha acostumbrado al bullicio de los ensayos y las reuniones, a la música, al ajetreo, e incluso ha acabado mostrando cierto talento de actriz: «Un familiar le enseñó a morirse si le disparas con la mano. Es perra artista, hace monerías, se arrastra, hace la doble pirueta... Es muy manipuladora y hará lo que sea para conseguir lo que quiere».

Mirarla fijamente

Al actor de ‘Velvet’ le encanta sacarla a pasear y contemplar su loco entusiasmo en los esprints: «Le flipa mucho correr, se le junta el culo con la cabeza de la carrerilla que pilla», se ríe. Y admite que, en algunas ocasiones, quizá su conducta con el animal alcance un punto de chifladura: «A mí me aporta mucho amor, mucha paz... Habría que verme por un agujerito con ella, porque me deshago, me derrito, hago vocecitas y me convierto en un ser deleznable. Si se lo viese hacer a otro, pensaría que es gilipollas. Meto el hocico en su pecho, duermo con ella y me da ansiedad cuando tengo un curro fuera y no la puedo llevar: sé que está bien cuidada, porque mi casa es como una comuna y tiene un montón de gente con la que quedarse, pero me he acostumbrado a su presencia regeneradora. Con ella siempre te ríes: si la miras fijamente, te descojonas».

Asier Etxeandia

Actor.
Hijo único, de niño dio mucho la lata a sus padres para conseguir un perro, pero no hubo manera. Su primera mascota, años después, fue una gata: «Yo era muy joven y no pude cuidarla como hubiese querido -evoca-. La verdad es que me fascinan también los gatos, pero ahora mismo me tiene loco el carácter perruno».

Asier está convencido de que los perros vuelven mejor al ser humano: «Colmas de atención a algo que no eres tú mismo y eso te ordena a ti por dentro. Si tienes un hijo, ya ni me imagino, porque esto es lo más parecido a un hijo que yo voy a tener. Yo sería un padre horrible, hiperprotector, no dejaría que mis hijos fueran a ningún sitio, así que prefiero no volver loco a nadie. ¡Bastante hiperprotejo a la perra!».

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