Los puentes de Lutxana y Axpe, las opciones descartadas

Los puentes de Lutxana y Axpe, las opciones descartadas

La Diputación busca desde hace dos décadas una nueva conexión viaria para sortear la ría y descongestionar el puente de Rontegi

IZASKUN ERRAZTI

Los tiempos cambian, las instituciones se renuevan, pero la conexión viaria de las márgenes izquierda y derecha ha seguido siendo pese a la crisis reciente uno de los principales problemas del Bilbao Metropolitano y una asignatura pendiente para la Administración. ¿La razón? A lo largo de los siete kilómetros de la ría, una sola infraestructura viaria soporta desde 1983 el peso de enlazar los municipios separados por el cauce fluvial: el puente de Rontegi, un viaducto de 50 metros de altura con ocho carriles de autovía a menudo saturados.

La Diputación ha estado 20 años buscando una alternativa al viejo puente. De hecho, en poco más de dos décadas ha llegado a poner sobre la mesa hasta tres propuestas, una nueva cada seis años. Razones presupuestarias han demorado hasta la fecha cualquier decisión al respecto. Hasta hoy, en la que se apostado claramente por una de ellas. «Es el momento de afrontar grandes obras», anunció recientemente a este periódico el diputado general, Unai Rementeria.

El objetivo es retirar al menos una tercera parte de los más de 150.000 vehículos que cruzan a diario Rontegi. El subfluvial de Lamiako y los puentes de Lutxana y Axpe eran las tres opciones que la Diputación ha barajado desde 1999. La primera de ellas ha sido la elegida, según se ha anunciado este jueves.

El subfluvial de Lamiako es la opción más cara, pero la menos invasiva. La posibilidad de construir en Bizkaia el túnel más largo de Euskadi para enlazar Getxo con la A-8 tiene historia. Después de cinco años de trabajo y tras analizar más de 300 alternativas viarias, la Diputación, con José Félix Basozabal al frente del Departamento de Obras Públicas, se decantó en el año 2000 por habilitar dos galerías de 2,5 kilómetros -al final serán de 3 kilómetros-, para enlazar la autopista desde Portugalete con la rotonda de Artaza por debajo de la dársena de La Benedicta.

A continuación, detallamos las dos opciones descartadas:

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Puente giratorio de Lutxana

La Diputación recibió en 2003 el proyecto para unir mediante un puente los barrios de Lutxana de Erandio y Barakaldo. El plan se concretaba en un tablero de 108 metros de largo y 20 de ancho y escondía una peculiaridad: la estructura debía ser giratoria para garantizar la navegación por la ría de barcos de mediano tamaño. Para ello, tenía que incorporar un sistema de apertura rotatoria que sería controlado desde una cabina en la parte del puente situada en Barakaldo. Así, el tráfico rodado se vería interrumpido cada vez que un buque de grandes dimensiones cruzase la ría.

En 2002, el entonces diputado general, Josu Bergara, planteó la posibilidad de que la sociedad interinstitucional Bilbao Ría 2000 financiase los 40 millones de euros que en aquel momento podía costar la obra, con cargo a los excedentes de una operación urbanística desarrollada en suelo baracaldés, el Urban-Galindo. Hasta se avanzó que los trabajos durarían 24 meses. Pero poco después la institución foral decidió aparcar el plan que había presentado como la «puerta» de la feria de muestras de Ansio, ya que las dos márgenes de entrada y salida del viaducto estaban sin desarrollar urbanísticamente. Los bocetos y estudios del puente salieron caros, unos 835.000 euros. Durante este tiempo poco más se ha hablado de él.

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Viaducto de Axpe

En 2007 cogió cuerpo otra apuesta: la de construir un puente sobre la ría en Axpe. La plataforma proyectada para enlazar el eje del Ballonti desde la rotonda de La Punta, en Sestao, hasta Erandio, fue escalando posiciones en la lista de opciones de conexión para las dos márgenes de la ría. Hasta llegó a ser elegida alternativa «oficial» a Rontegi y desplazó al ambicioso subfluvial de Lamiako hasta convertirlo en «el último de la cola», en palabras de Iñaki Hidalgo, que dirigía la cartera de Obras Públicas.

El puente de Axpe, consideró entonces la Diputación, constituía la opción más viable y efectiva, ya que beneficiaría a unos 200.000 conductores de la Margen Derecha y a un número similar en la otra orilla. Y luego estaba el precio: 50 millones en una estimación inicial, que ahora podría rondar los 175. Pero la institución foral aplazó su ejecución en 2011.

Tuvieron que pasar tres años para que la Administración rescatara el proyecto, pensado para absorber hasta el 30% de los vehículos que realizan el recorrido por la A-8 a diario, unos 42.000. Se habló de redactar el plan en 2013, pero nunca se decidió el diseño del puente, que podría ser móvil o levadizo, ni se marcaron plazos para su construcción.

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