Terrorífico final de ciclo en Artxanda

Medio centenar de espectadores disfrutaron de varias producciones al aire libre. / Luis Ángel Gómes

El maratón de películas locales de terror puso el broche en el parque bilbaíno, con fiesta incluida, a un mes de cine a la intemperie

ERLANTZ GUDE

Doscientas sillas desplegó de forma prudente el Ayuntamiento en la pista de patinaje de Artxanda. Mientras que en los emplazamientos más céntricos se colocaron 300, en barrios periféricos como Altamira y Arangoiti se redujo el aforo a cien espectadores. Los organizadores confiaban en que se acercaran un buen número de personas al espacio habilitado junto al funicular, motivados por la fiesta que clausuraría un mes de cine al aire libre y los autobuses activados para la vuelta a casa de madrugada. Se iban a proyectar dos películas de terror de cineastas locales precedidas de tres cortometrajes de cada autor.

La afluencia de público fue progresiva, y para el segundo corto ya había medio centenar de espectadores. Los hubo que arribaron media hora antes para instalarse en primera fila, como Félix Hidalgo y Maika Díaz, matrimonio de Deusto recientemente aficionado a esta forma de ver cine, que, pese a tener cierta edad, no recuerdan antes en la villa. Llegaron con familiares de Cruces, y cambiaron las palomitas por bocadillos. Con el programa de mano, se iban instruyendo sobre lo que estaban a punto de ver.

En la hilera de sillas contigua había una cuadrilla de gente de más de cuarenta años que se ha conocido en internet. Un par de ellas –Inma García y Charo Casado- lucían como deportistas ya que vinieron andando desde Santutxu. Era inevitable preguntarles cómo resistirían el inminente frío que se cernía sobre la cumbre, y a la carrera mostraban una pila de ropa, mantas y fulares con la que esperaban contrarrestarlo. No muy lejos, y también tempraneras, llegaron unas amigas de Zaldibar, Durango, San Ignacio y Barakaldo, con los años en la facultad de Bellas Artes como nexo. Asistieron para sorprender a una de ellas en su cumpleaños.

Entre los presentes, había expertos como Mikel Román, protagonista de esta iniciativa el pasado año con su corto ‘Un mañana mejor’, e incluso Juan José Mozota, vecino de Basurto que no se pierde un pase, y al que la película en euskera proyectada el día anterior en Santutxu le pareció demasiado pícara, aunque el título del filme protagonizado por Bárbara Goenaga –‘Pikadero’- permitía intuirlo. Otros como Noé Arranz escucharon cohetes y se sumaron a la fiesta, y antes de montarse al funicular de vuelta a Solokoetxe tras salir del polideportivo disfrutó de unos minutos de cine.

'Made in Zorrozaurre'

Como aperitivo del primer largometraje, Haritz Zubillaga, director de ‘El ataúd de cristal’, se dirigió a los presentes acompañado del guionista Aitor Eneriz. Recordó el fructífero recorrido del proyecto en festivales y emplazó al público a disfrutar: «Si no os gusta, tranquilos, no dura mucho», les espetó. Aunque en base a la ovación final, logró el plácet local. Zubillaga detalló que le han comprado los derechos en Estados Unidos, Canadá o Japón, donde no se han complicado y han titulado la película ‘Limousine’, vehículo en el que transcurre gran parte de la trama.

Aguardaba su turno entre bambalinas el director de la siguiente tanda de cortos Roberto San Sebastián, cuya primera película, ‘La noche del virgen’, se grabó como su antecesora en Zorrozaurre. Con un presupuesto «muy escaso» y dificultades para obtener financiación en sus dos intentonas anteriores le tocó agudizar al máximo el ingenio para alumbrar su ópera prima, que también ha cosechado un exitoso paso por festivales y puede verse en numerosos países.

Al finalizar el primer largometraje, algunos aprovecharon para recargar fuerzas en el ‘food truck’ habilitado en una noche que se aventuraba larga con la actuación de un DJ tras la terrorífica sesión. Otros, sin embargo, partieron tras el fin de ‘El ataúd de cristal’. El médico residente Manu Salomón y las enfermeras Elena García y Violeta Sánchez compartían impresiones: «Muy indie, muy alternativa. Me ha recordado a ‘La Cabina’», anotaba Violeta con su acento jerezano. Y a la llegada del funicular se adentraban en la cabina entregados a la disección de la película.

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