Un terremoto

La Asociación de Hosteleros pide mano dura

Un terremoto
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Es frecuente que los debates que propicia la vida municipal deriven en enredos en los que se mezclan muchas cosas, a veces hasta el punto de que termina uno no sabiendo de qué se habla exactamente. Lo que no es tan frecuente es que una sola persona intervenga en esos debates con la energía confusa de una catástrofe natural. Bueno, Ángel Gago dio ayer una rueda de prensa. Y hubo periodistas que lamentaron haberse presentado allí con una libreta en lugar de con un sismógrafo.

Entre otras cosas, el presidente de la Asociación de Hostelería de Bizkaia dijo que al que salga de casa con una navaja hay que meterlo preso 28 años. Eso si no llega a usar la navaja. Si la usa, deberían ser 50 años de prisión. Confieso que al oír eso pensé en mandar un mensaje al Congreso, a la comisión de la reforma constitucional: «Importante: si estáis pensando (por lo que sea) en que el Código Penal lo redacte la Asociación de Hostelería de Bizkaia, en serio, no es buena idea».

Mezclando de un modo enérgico, los problemas del ocio nocturno con algunos de los terribles episodios delictivos que han sacudido recientemente la ciudad, Gago denunció la «pasividad legislativa y judicial» y reprochó a los partidos políticos que no apliquen una solución que «no es fácil», pero existe. Se entiende que esa solución es la mano dura, muy dura, aunque no se entiende cuál es exactamente el problema. Llámenme puntilloso, pero hay algunas diferencias entre hacer botellón y cometer un asesinato. Sin embargo, ayer Ángel Gago comenzó hablando de las molestias que ocasionan los clientes cuando salen de los locales de copas y terminó hablando de «acontecimientos luctuosos». Pudo ser peor. En la web de la Asociación, de Hostelería hay un artículo fechado en octubre en el que Gago opina también sobre cambios de nombres de calles promovidos por autodenominados progresistas y el atentado yihadista de Barcelona... No son asuntos que uno supondría en la agenda de una asociación profesional de hosteleros, pero tampoco lo es la duración de las penas y ayer Ángel Gago no apostó por legislar en caliente, sino por hacerlo él mismo. No parece que el estamento judicial se haya mostrado muy concernido, aunque esa gente estará, como cualquiera, impresionada. Un terremoto opinativo unipersonal tampoco es algo que se vea todos los días.

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