El Supremo anula la condena de 7 años de prisión a un ertzaina por violación

Rebaja el castigo a 4 años por abusar de su pareja, ya que no queda acreditado que usara violencia o intimidación, según el alto tribunal

JOSU GARCÍA

El Tribunal Supremo ha anulado la condena de siete años de cárcel que la Audiencia de Bizkaia impuso el año pasado a un ertzaina por presunta violación. En su lugar le ha impuesto una pena de cuatro años por abusos sexuales. Los magistrados han considerado probado que el agente no utilizó violencia física ni intimidación para forzar a su víctima (su propia esposa), que se negó de manera «clara» y «rotunda» a mantener relaciones.

El alto tribunal sostiene que la mujer ni gritó ni ofreció resistencia, por lo que no se produjo una agresión sexual sino que se trató de un abuso sexual, que tiene un castigo notablemente inferior en el actual ordenamiento jurídico. Por este motivo cambia la calificación de los hechos y reduce en tres años el tiempo de privación de libertad.

La sentencia anula en parte la anterior resolución dictada por los jueces, que llegaron a la conclusión de que la joven había sido víctima de una violación. El acusado ingresó en prisión preventiva a comienzos de 2014. El Supremo sí confirma el resto de pronunciamientos del fallo de instancia y le considera responsable de los delitos de detención ilegal inferior a tres días, maltrato en el ámbito de violencia de género en domicilio conyugal, lesiones y maltrato habitual.

Considera que la mujer no ofreció resistencia, aunque se negó de forma «clara» a mantener relaciones El Supremo

Los hechos tuvieron lugar en la vivienda familiar situada en Bilbao hace ahora tres años y medio, en el contexto de un caso de violencia machista, con la particularidad de que el varón era ertzaina. Algo que los jueces han considerado relevante: «Este extremo condiciona el comportamiento de la mujer cuando comparece cualquier miembro de la Policía (autonómica o local) porque los ve cercanos a él (con todas las consecuencias que ello comporta) y no a ella». Una circunstancia que quedó acreditada también por los informes forenses.

«Humillaciones»

Señala la sentencia que, desde el año 2008, el acusado venía ejerciendo «menosprecios, chantaje emocional y humillaciones» sobre su víctima, a la que se llegó a dirigir «con términos tales como puta, calienta pollas, cerda o zorra». El 15 de diciembre de 2013, continúa el fallo, el agente entró en el dormitorio conyugal y exigió a su mujer mantener relaciones sexuales en un tono despectivo y vejatorio. A continuación, según la sentencia, la puso boca abajo en la cama y la penetró vaginalmente, mientras la sujetaba sus brazos con una mano y ponía el peso de su cuerpo sobre el suyo.

Declaró que no gritó por temor a que sus hijos, que estaban en la vivienda, se enterasen de lo sucedido La víctima

Los magistrados de la Audiencia de Bizkaia no dudaron en calificar los hechos de violación. La mujer declaró que no gritó por temor a que sus hijos, presentes en la vivienda en el momento de los hechos, se enteraran de lo sucedido. El recurso presentado por el abogado del ertzaina sostiene que se desvirtuó la presunción de inocencia de su defendido. Los jueces del Supremo estiman parcialmente su apelación al considerar «no acreditada la violencia necesaria para alumbrar el delito de violación, al no resultar acreditado el constreñimiento físico preciso para forzar la voluntad autodeterminativa de la víctima».

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