La suciedad y las quejas de los vecinos obligan a sanear el mercadillo de Santutxu

Un trabajador carga en una furgoneta objetos sacados ayer del mercadillo de Santutxu./Jordi Alemany
Un trabajador carga en una furgoneta objetos sacados ayer del mercadillo de Santutxu. / Jordi Alemany

«Han sacado cantidad de basura de la lonja, hasta un piano tenían dentro», claman en el barrio, donde el Consistorio ha actuado contra la venta ilegal «en 108 ocasiones»

David S. Olabarri
DAVID S. OLABARRI

Como cada martes desde hace ya varios años, Mari Carmen se acercó ayer al mercadillo de Santutxu a ver qué encontraba. En las escaleras que bordean el recinto se topó con los habituales vendedores ambulantes, aunque ayer había menos que otras semanas. Uno de ellos ofrecía por dos euros y medio jerseys de algodón verdes y rosas que, según la etiqueta que colgaba de ellos, costaban en realidad 59 euros. Mari Carmen apenas les prestó atención. Ella iba al rastrillo, pero se encontró con la puerta cerrada. Se sorprendió porque lleva abierto quince años. Preguntó a otra vecina a ver qué pasaba. «No abren porque están de limpieza. Llevan así un par de días», le explicó.

El saneamiento del mercado, que cuenta con licencia municipal, se produce ahora que las quejas vecinales y las denuncias de los partidos de la oposición no hacen más que crecer. Los comerciantes de la zona aseguran que la limpieza en el interior del recinto brilla por su ausencia y afirman, además, que no existe «ningún tipo de control» sobre la actividad que «existe en el interior y, sobre todo, en el exterior del edificio», donde proliferan los vendedores «ilegales» con mercancías de –en su opinión– «dudosa procedencia».

Lo cierto es que en este rastro se puede encontrar de todo. Sobre las diez de la mañana, un vendedor que llegaba con una televisión de plasma tuvo que dar media vuelta y volver a su casa cuando se encontró con las puertas a cal y canto. Un trabajador de la limpieza, visiblemente indignado, criticaba la «cantidad de mierda» que habían sacado al exterior en los últimos días. «Había hasta un piano. Pero lo peor es que mucha de la basura la han dejado fuera de los contenedores», censuraba este empleado.

Fuentes oficiales del Ayuntamiento de Bilbao explicaron ayer a este periódico que el Consistorio no ha tenido nada que ver con la clausura puntual del mercadillo para ser sometido a una profunda limpieza. En este sentido, insistieron en que el recinto tiene una licencia de actividad y que, en principio, no pueden ordenar o ejecutar un saneamiento en un espacio privado sin orden judicial. Eso sí, recalcaron que en el exterior del edificio –donde se centran gran parte de las quejas de los vecinos y comerciantes por la proliferación de vendedores ambulantes– han desarrollado 108 actuaciones desde 2015, cuando se abrió el primer expediente. Y en lo que va de año se han producido 38, desde incautaciones de los objetos que se encuentran a la venta de forma ilegal hasta multas e identificaciones de personas.

Falta de controles

La limpieza del mercadillo de la calle Fika se produce, además, cuando el PP había redoblado sus críticas al Consistorio por la falta de controles. Hace apenas dos semanas, de hecho, el portavoz popular, Luis Eguiluz, acudió al rastro para examinar sobre el terreno las críticas vecinales cuando se encontró con tres patrullas de la Policía Municipal y un camión de la limpieza que se dirigían a desmantelar el rastrillo montado al aire libre. Los populares interpretaron la actuación del Consistorio como un intento de frenar sus denuncias, pero insistieron en que seguirán reclamando más contundencia al Ayuntamiento contra este espacio que genera, en su opinión, «problemas de convivencia».

«Algunos vienen al bar para cambiarse de ropa»

La encargada de un bar situado a apenas 200 metros del mercadillo de Santutxu no ocultaba ayer los problemas que le generan algunos de los vendedores y usuarios de este espacio. Según cuenta, varias veces se ha encontrado en el baño ropa sucia de gente que lo ha utilizado «como si fuese su ducha». Se trata de personas que han comprado prendas nuevas y han utilizado el grifo después para asearse. «Y lo peor –dice– es que algunos ni siquiera consumen un café o se indignan porque les dices que un cortado cuesta más de un euro. Lo que no es normal es lo sucio que dejan toda la calle», protesta.

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