Sospechosos

SOS Racismo denuncia un caso de islamofobia en Loiu

Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Hubo un tiempo no necesariamente mejor en el que proliferaron los chistes referidos al colmo de las cosas. ¿Cuál es el colmo de un tuerto? Ya digo que no tuvo por qué ser un tiempo mejor. El regreso de la broma redobla su pesadez. Sobre todo, si vuelve a las páginas de actualidad y no a las de los chistes. Vamos allá: ¿Cuál es el colmo de un grupo de mujeres que viaja a un congreso sobre «islamofobia de género»? Pues que a las que llevan hiyab las paren en el control del aeropuerto. Solo a ellas. Y dos veces. Al ir al congreso y al volver del congreso.

La segunda de esas paradas tuvo lugar en Loiu y se explicó, al parecer, del mismo modo que la primera, que sucedió en La Coruña. Control aleatorio de seguridad. Iba a escribir que a quién no le ha pasado, pero a mí no me ha pasado. Hasta hoy ningún policía aeroportuario ha podido ofrecer resistencia psicológica a mi famoso mensaje telepático:«Mírame bien: soy inocente». Cierto que mi aspecto es el de un varón caucásico estándar, alguien en quien se puede confiar siempre que olvides la existencia sobre la Tierra de Charles Manson, Ted Bundy, Leopoldo II de Bélgica, el doctor Mengele o Pablo Alborán.

SOSRacismo ha denunciado lo ocurrido en La Coruña y Bilbao como islamofobia. Juega a su favor la ley de la probabilidad: es raro que lo aleatorio les toque siempre a los mismos. Acuérdense de lo que ocurría con la lotería y los concejales de urbanismo. Pues eso. Pero al revés. Más allá de los protocolos generales que se apliquen en los controles a las personas que cubran su cabeza de algún modo, señalar a quien lleva hiyab como alguien que merece por sistema un repaso extra suena a discriminación. Tu aspecto, tu origen, tus rasgos te convierten en sospechoso. Eres, por tanto, un sospechoso constante.

Es lo que cuenta Trevor Noah, el presentador de ‘The Daily Show’, que no deja de explicar qué se siente cuando la policía te para todo el rato por ser negro. Porque no hay otra razón aparente. A él se lo han hecho yendo en un coche «sin llantas» y también en un caro y sostenible Tesla. Lo único que seguía siendo igual en ambas ocasiones era el color de su piel. El cómico sospecha que en el segundo caso los agentes ven a un negro en un moderno coche eléctrico y concluyen que va a cometer igualmente un crimen, pero esta vez uno «silencioso».

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