SOLUCIÓN DE ALTURA

La reinvención del Peñascal comenzará en 2020

Vista aérea de Peñascal./Luis Ángel Gómez
Vista aérea de Peñascal. / Luis Ángel Gómez
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Los niños de las inundaciones (un momento, vaya título: prepárate, Frank McCourt) recordamos cómo el Peñascal resumió de algún modo el drama de aquellos días. Si buena parte de la ciudad se las vio con el agua, el Peñascal quedó sepultado bajo el barro y las rocas que la lluvia arrancó del Pagasarri. Las fotos transmiten todavía hoy una urgencia desesperada, casi bélica. Pero si uno se fija un poco más, comprueba que los vecinos que apartan escombros y baldean lodo son jóvenes y gente de mediana edad. Quienes, en el Bilbao salvaje del desarrollismo, levantaron con sus propias manos el barrio más alto de la ciudad tuvieron fuerza, junto a sus hijos, para sobreponerse al caos que se desencadenó aquel agosto. Como si la fuente de Iturrigorri forjase de verdad naturalezas de hierro. O como si hubiese generaciones para la que el estado natural de las cosas fue siempre cuesta arriba.

Treinta y cinco años después, Bilbao ha conseguido cambiar la dureza por la amabilidad, el aluvión por el diseño. Comienza a no haber por aquí cuesta arriba sin sus escaleras mecánicas y su turista sacando fotos. La ciudad se ha prometido a sí misma un futuro confortable. Sería extraño que ese futuro tolerase la existencia de vecinos que no pueden salir de sus casas porque no tienen ya la fuerza ni la habilidad para sortear el laberinto de cuestas resbaladizas y escaleras improvisadas que separa su portal de la carretera. La misma carretera por la que, por ejemplo, puede llegar una ambulancia

Es una situación que se da en los barrios altos y especialmente en el Peñascal, un lugar donde todo se construyó por las malas. Hasta el punto de que, para solucionar de un modo definitivo la situación, el Ayuntamiento y el Gobierno vasco van a echar abajo 79 edificios y realojar a continuación a sus inquilinos en nuevas casas que se construirán de un modo ordenado, sensato, accesible. Será la reinvención del barrio: un movimiento ambicioso que costará 40 millones, comenzará a ejecutarse dentro de dos años y saldará una de las cuentas pendientes del urbanismo en Bilbao. Si se quiere, el reverso íntimo de proyectos tan espectaculares como el de Zorrozaurre. Pero un proyecto igualmente importante. Al fin y al cabo, transformará un rincón de la ciudad, mejorando mucho la vida de sus vecinos y alejándolo de la degradación.

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