Sólo uno de cada 500 vuelos se desvía o cancela en Loiu por el mal tiempo

Secuencia del aterrizaje de un avión con viento racheado./F. Gómez
Secuencia del aterrizaje de un avión con viento racheado. / F. Gómez

91 operaciones se anularon en 2017 por la irrupción de la niebla y, sobre todo, del viento, que depara aterrizajes movidos cuando sopla del sur con turbulencias

Josu García
JOSU GARCÍA

El aeropuerto de Bilbao tiene mala fama entre cierto número de pilotos y, sobre todo, entre algunos pasajeros. El viento, que en ocasiones sopla racheado y con turbulencias inesperadas, hace que aterrizar en Loiu se convierta, a veces, en una experiencia desagradable. Pero no es lo habitual. Al menos, así lo indican las estadísticas. Este tipo de episodios, como el que el día de Nochevieja sufrieron los ocupantes de un vuelo procedente de Barcelona, en el que se registraron vómitos, mareos y gritos, son inusuales. El año pasado, sólo 91 operaciones fueron anuladas en ‘La Paloma’ por culpa de la mala climatología, cuando el aeródromo vizcaíno registró un total de 46.989 aterrizajes y despegues.

Lo cierto es que menos de un centenar se vieron afectados por las inclemencias meteorológicas, entre las que se incluyen tanto el viento como la niebla. El dato estadístico preciso es que el 0,2% de los vuelos no pudieron operarse como estaba previsto por estas contingencias. Es decir, sólo uno de cada 500 aparatos se vieron en la obligación de dar media vuelta o no salir desde las pistas del Txorierri.

La casuística del año pasado es muy similar a la de otros ejercicios. En 2016, el porcentaje de operaciones que no pudieron completarse llegó al 0,21%. En números absolutos fueron 95. Los dos años anteriores (2015 y 2014) hubo todavía una incidencia menor de las inclemencias meteorológicas. En concreto, se cancelaron o desviaron 38 y 50 vuelos respectivamente, lo que supuso un 0,08% y un 0,11% de las operaciones totales.

Este pasado 2017 se ha caracterizado por una ausencia prácticamente total de la niebla. Es un fenómeno que aparece en el Txorierri en algunos días de otoño, cuando la amplitud térmica entre el día y la noche suele ser mayor, y también en determinados días de verano por la acción de la humedad que entra desde el mar. A finales de octubre de 2016, en pleno puente de Todos los Santos, el aeropuerto se vio envuelto en una densa bruma. Hubo dos días de caos, con casi 40 operaciones anuladas. Pero no es lo habitual. «No suele ser nada frecuente y levanta enseguida», asegura Carlos Manso, un controlador aéreo veterano que pasó muchos años en la torre de Bilbao y que se acaba de jubilar.

El viento sí que suele tener más presencia y resulta bastante más problemático. Aunque no sople fuerte, si hay cizalladura o turbulencias (rachas que van y vienen desde diferentes ángulos) la cosa se complica ya que afecta a la sustentación y las fuerzas aerodinámicas que entran en juego en la aviación. Este fenómeno tiende a manifestarse cuando el aire sopla de componente sur. En esa situación, las ráfagas chocan con los montes que rodean el valle y descienden hacia las pistas de ‘La Paloma’ de una manera rota y desordenada, causando casi siempre problemas.

«El viento de costado sí es una limitación. Se da en cierta época del año, en otoño principalmente, pero no siempre. Pocas veces. Es molesto y es llamativo desde fuera, sobre todo si ves esas imágenes, distorsionadas por el objetivo de las cámaras, de aviones cruzados intentando tomar tierra. Se mueven, pero no tanto como parece. El mal tiempo es un mito en Bilbao», opina Manso, que atesora una dilata experiencia en el aeródromo del Txorierri.

EN SU CONTEXTO

46.989
operaciones de aterrizaje y despegue registró en 2017 el aeropuerto de Bilbao. Sólo 91 vuelos se anularon o desviaron a otros aeropuertos.
En todo el Cantábrico
La incomodidad que en ocasiones causa el viento en Loiu también afecta a otros aeródromos de la cornisa cantábrica, como Santander, Asturias, A Coruña o Santiago. Con todo, la estadística de vuelos anulados oscila entre un 0,1 y un 0,3%, con algunos picos excepcionales en algún año concreto.
274
operaciones fueron canceladas o desviadas en el aeropuerto de Bilbao entre los años 2014 y 2017.
Decisión del piloto
En caso de que el viento entre racheado, con turbulencias o lo que se conoce también como cizalladura, es el comandante el que toma la decisión de intentar aterrizar o plegar velas y dirigirse a otro aeródromo.

Sensores especiales

La orografía hace que no sea sencillo encontrar un sitio en Bizkaia libre de esta amenaza. ‘La Paloma’ es, junto a Los Rodeos (Tenerife Norte), el único aeropuerto español que cuenta con sensores especiales (LLWASS), que advierten de las desestabilizantes rachas de viento lateral cambiante.

La estadística en otros aeropuertos situados muy cerca del litoral de la cornisa cantábrica es parecida a la de Bilbao. El porcentaje de cancelaciones y desvíos suele oscilar entre el 0,1 y el 0,3%, tanto en Asturias como en Santander. Aunque hay momentos excepcionales. En 2014, en A Coruña, por ejemplo, se alcanzó una tasa del 0,75% de vuelos afectados (111 de 14.000). En la capital cántabra, en 2010, el dato apenas llegó al 0,13%. Vitoria, al estar más al interior, se libra del viento turbulento, aunque Foronda también tiene que lidiar con la niebla, la nieve y el hielo.

«Aunque el aterrizaje sea desagradable, siempre es seguro»

Los aterrizajes movidos que en ocasiones pueden darse en Loiu por el viento se enmarcan «siempre» dentro de los límites de seguridad. Así lo afirma Javier Villar, portavoz del Colegio Oficial de Pilotos de la Aviación Comercial (COPAC). «Puede que la aproximación resulte tremendamente desagradable, pero aún en esas circunstancias el comandante mantiene en todo momento el aparato dentro de los parámetros en los que no hay ningún riesgo», asegura el experto.

«Si no fuera así -continúa-, si la persona que está a los mandos notara algún problema o alguna incidencia, inmediatamente frustraría el aterrizaje y se dirigiría a otro aeropuerto alternativo. Los pilotos que aterrizan en Loiu están perfectamente formados y entrenados».

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Bilbao, Loiu

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