El Correo

Consternación en el alpinismo alavés

Alberto Zerain, en la presentación de su proyecto.
Alberto Zerain, en la presentación de su proyecto. / EFE
  • «Se va nuestro amigo y uno de los grandes montañeros», se lamentan sus amigos

Enmudecido y aún impactado, Fernando Casi, presidente de la Sociedad excursionista Manuel Iradier, de la que Alberto Zerain era uno de los socios ilustres, no daba crédito a las malas noticias sobre la muerte de su amigo en el Nanga Parbat, atrapado por una avalancha mortal. «Yo sigo esperando, pero está claro. Las noticias son muy malas. Era la posibilidad que no queríamos contemplar nadie. No hay muchas palabras. Se va nuestro amigo y uno de los grandes montañeros. Fuerte, sencillo y cercano. Para nosotros, el más grande» explicaba aún incrédulo.

Tampoco Javi Calvo, presidente de la federación alavesa de montaña y socio de la Manuel Iradier, era capaz de asimilar la desaparición de su amigo. «Una pérdida muy importante para el montañismo. Siempre negamos la realidad y teníamos muchas esperanzas. Pero la confirmación del alud no deja lugar a dudas. La montaña es así, te ofrece la cara amable y la cara dura. Todos apelábamos a la fuerza de Alberto y Mariano. Todavía pienso que nos puedan dar una sorpresa y aparecer en unos días en el campo base. No sé. Aún no me lo creo. Me parece imposible».

Calvo relataba a este periódico una anécdota de Zerain antes de emprender viaje a su último ochomil. «Hace pocos meses falleció Alfonso de las Heras, otro de los socios de la Manuel Iradier, una de las personas que más sabía de montañas de Álava y Cantabria. Era gran amigo de Alberto, y antes de irse al Nanga Parbat le dijo a su viuda, Esther, que se llevaba a Alfonso en su cordada».

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