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Un hombre saborea un cigarrillo electrónico en un local de Bilbao.
Un hombre saborea un cigarrillo electrónico en un local de Bilbao. / Maite Bartolomé

Denuncian falta de supervisión al cigarrillo electrónico

  • atención primaria

  • La mayoría de las 500 marcas existentes no se ha sometido a ensayos científicos que muestren la toxicidad de las sustancias que contienen. La Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria propone realizar un seguimiento de su consumo a través de la Encuesta Nacional de Salud

Los cigarrillos electrónicos deben regularse igual que el tabaco, para prohibir su uso en los locales cerrados, su venta a menores y la publicidad abierta, reclama la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC). «Se siguen comercializando como un método para dejar de fumar, pese a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha prohibido expresamente que se anuncien como una opción de tratamiento para dejar de fumar y recomienda su regulación para evitar que los jóvenes comiencen a utilizarlos», denuncia el doctor Josep Basora, presidente de semFYC. «La falta de regulación y control ha facilitado que exista una variabilidad significativa entre los dispositivos y las cantidades de nicotina que llevan, desconociendo el efecto real sobre la salud».

El problema es que, al igual que sucedió con el tabaco y otras sustancias manifiestamente tóxicas, las pruebas concluyentes sobre sus efectos tóxicos a largo plazo demorarán aún varios años, según el Grupo de Abordaje al Tabaquismo (GAT) de semFYC, que propone realizar un seguimiento de su consumo a través de la Encuesta Nacional de Salud. «Los estudios realizados hasta ahora en los cigarrillos electrónicos de cerca de 500 marcas y más de 7.000 sabores, son pocos y de escasa calidad», mantiene la doctora Ana Mª Furió, coordinadora del GAT. «Sin embargo, sí que se han podido extraer algunas conclusiones como la existencia de diferentes grados de toxicidad según las sustancias que contienen».

Consecuencias en la salud

Así, ningún organismo alimentario ni sanitario puede garantizar el contenido real del líquido que llevan los cartuchos reemplazables. Estos dispositivos están diseñados de forma similar a los cigarrillos clásicos, liberando determinadas dosis de nicotina y otras sustancias mediante un proceso de calentamiento que, en ocasiones, proporciona el mismo sabor que un cigarrillo clásico. La nicotina se inhala en las vías aéreas directamente, por lo que su potencial de reforzar la adicción es elevado.

Los expertos señalan que hay estudios que demuestran efectos fisiológicos adversos a corto plazo, sobre la función pulmonar, el ADN y las células afectadas por el vapor del cigarrillo electrónico, independientemente de si contenían nicotina o no. «Las pruebas científicas son suficientes para advertir a los niños y adolescentes, a las embarazadas y a las mujeres en edad fértil sobre las posibles consecuencias a largo plazo que su uso podría conllevar para el desarrollo cerebral», concluyen los expertos de la semFYC.