El Correo

"Un niño que ha vivido la violencia en casa claro que puede convertirse en un maltratador"

Juncal Alzaga.
Juncal Alzaga. / Mikel Fraile
  • Juncal Alzaga, psicóloga, sostiene que los hijos imitan las pautas de sus progenitores. "Si han visto la violencia como método para solucionar problemas, la utilizarán"

Un joven de 25 años acabó de varias cuchilladas con la vida de su padre hace unos días en el barrio de Buenavista, en San Sebastián. El crimen conmovió a los vecinos de la zona, más aún después de saber que el autor de los hechos era el hijo de María Teresa A.V., que murió estrangulada a manos del varón con el que convivía en aquellas fechas. Este hecho ha suscitado reflexiones acerca de la influencia en el comportamiento de los hijos testigos de malos tratos en el seno de su hogar. "Los hijos imitan las pautas de los padres, por lo que si un hijo ha vivido la violencia en el seno de la familia, lo llega a ver como algo normal y puede imitar las conductas de los maltratadores", asegura Juncal Alzaga, psicóloga del Centro Médico San Martín, de San Sebastián.

¿Cuáles son los factores que pueden provocar que un joven se convierta en maltratador?

Hay muchos factores que provocan que un hijo sea maltratador. En la mayor parte de los casos están relacionados con deficiencias graves en los procesos educativos, también pueden ser a veces síntoma de algún trastorno disociado, pero son las menos. También hay ocasiones en las que nos encontramos con chicos que tienen un abuso excesivo de tóxicos. En la mayoría de los casos los menores que agreden a sus padres no tienen ninguna patología, incluso no provienen de una clase social determinada ni de unas circunstancias equis que provoquen que sean violentos. Son otros componentes los que influyen, como el temperamento biológico de los niños. Siendo estrictos en su educación el temperamento es algo que se puede corregir. En familias donde los niños han visto maltrato y han vivido cómo los progenitores han utilizado la violencia como método de solución de sus conflictos lo ven como algo normal.

¿Un niño que vive una situación del maltrato entre sus padres puede llegar a olvidar con el tiempo esos episodios?

Lo normal es que los tenga presente, que afloren en un futuro. Todas nuestras conductas son aprendidas. De alguna manera, que tu referente utilice el maltrato puede provocar que ese niño sea un posible maltratador en un futuro.

¿Cómo se debería tratar a un niño que ha podido vivir esos episodios?

Trabajamos con las familias, porque un niño no va a cambiar por sí mismo. Hacemos un trabajo conjunto entre las familias y los hijos. Todos tienen que cambiar de alguna manera. Lo más importante es tomar conciencia del problema, ya que solo salen a la luz los casos que son denunciados. Hay muchísimas familias que por vergüenza viven esta situación muy aisladas y con mucho sufrimiento. Lo que tendríamos que hacer en un caso en el que un adolescente comienza a ser violento es hablar con alguien de confianza y recurrir a los métodos que tenemos disponibles como servicios sociales. Si lo hacen ya están provocando un gran cambio porque se está aceptando que hay un problema. Si la conducta se repite y comienzan a ser peligros, habría que llamar a la Policía.

Insultos, manipulaciones...

¿Cómo comienza a manifestarse la violencia en esos jóvenes?

Estas conductas no se generan de un día para otro. Empezamos con insultos, le siguen las manipulaciones y terminan agrediendo.

Ese joven que ha vivido la violencia como algo normal en su vida cotidiana, ¿puede llegar a banalizarla?

Él puede encontrar su forma de conseguir lo que quiere con la violencia. Yo diría que todos somos algo manipuladores, entonces cuando estos jóvenes quieren salirse con la suya y hay poca tolerancia a la frustración, la violencia es un medio para manipular, para controlar o para dominar. Es lo que han visto en casa. Muchas veces la violencia filio-parental no tiene nada que ver con que haya podido haber episodios de violencia entre sus padres.

Un joven que ha visto ejercer la violencia de su padre hacia su madre, ¿puede convertirse en un maltratador con su pareja?

Sí. El que ha visto violencia en casa y se haya convertido en un adolescente machista es muy probable que más tarde se convierta en una personas violenta con sus futuras parejas.

¿En estos casos habría que indagar en sus antecedentes familiares?

Sí. La violencia de los hijos, en muchos casos, no tiene nada que ver con ser hijo de maltratador. En parte suele está condicionado. En gran parte puede venir por una falta de límites y de la falta de capacidad de los padres de educar con normas y sin un control adecuado hacia los hijos.

En el caso del crimen de Buenavista, ¿sus vivencias han podido influir en su actuación?

Habría que analizar el caso y ver si ese chaval tiene algún trastorno psicológico. Desde luego no ayuda el que haya visto esos casos tan graves de violencia en un entorno cercano. Si nuestros referentes paternos utilizan la violencia puede llegar a normalizar la violencia e incluso matar porque la herencia que nos dejan no es buena.

¿Los niños que han vivido la violencia en la familia pueden llegar a crear trastornos?

Los que han vivido la violencia no tienen por qué generar un trastorno, ya que pueden ser personas normales y corrientes. Hay veces que el componente que pueda provocar que seas una persona violenta es una psicopatía o una hiperactividad, y estas circunstancias pueden agravar sus conductas. El hecho de que haya violencia en casa provoca que el joven imite patrones de conducta aprendidas.

¿Los jóvenes pueden tener miedo a quedarse solos con el maltratador?

No tiene por qué. En general, el maltratador maltrata a la mujer. La que tiene miedo es la madre.

La cura de un maltratador

¿Un hijo que se convierte en maltratador puede curarse y revertir sus conductas?

Sí, claro que puede. De hecho, nosotros trabajamos en esa dirección, en la de recuperar el control de sus actuaciones. Lo primero que debemos hacer es tomar conciencia de que la responsabilidad es de ambas partes, de padres e hijos. En muchas ocasiones los hijos pueden ser violentos y los padres no son los causantes de esa violencia, por lo que los padres pueden ser los responsables de esa conducta, pero no los culpables. Si tenemos un hijo que tiene una enfermedad es responsabilidad mía o si tiene fracaso escolar también es responsabilidad del padres, pero no se trata de buscar culpables. Es importante interiorizar e implicar a los padres en el proceso, que es lo que suele costar más. Muchas veces estos padres tienen problemas de pareja y son incapaces de ponerse de acuerdo y se les escapa el problema.

¿En qué momento llegan a terapia los jóvenes?

Nosotros animamos a que saquen el tema a la luz, que recurran a los servicios sociales, que no sufran, e intentamos de alguna manera con los recursos que tenemos que vuelvan a retomar el control de las familias.

¿El hecho de que el hijo haya vivido la violencia en el seno familiar supone que el tratamiento sea diferente?

El tratamiento es parecido. Cuando hay una situación de maltrato doméstico, normalmente todos los casos tienen la obligación de tener un tratamiento terapéutico. Tanto los maltratadores como las maltratadas tienen programas promovidos por la Diputación que les ayuda a restablecerse. Si nos encontramos con un hijo adulto, entonces el foco de trabajo sería él y la familia. Si no se destapa que entre los padres hay violencia y no hay una denuncia de por medio, no podemos llegar a saber qué hay detrás de esas conductas. De entrada, habría que trabajar con todos los miembros de la familia.

¿Se trabaja primero de manera individualizada?

Cada caso se trata de una manera distinta. Hay que bucear mucho en la personalidad de cada uno de ellos y en cada conflicto, que en cada una de las casas es diferente. Al final, se intenta adaptar la terapia a cada casuística. Los psicólogos lo que hacemos normalmente es dar habilidades a las familias para que aprendan a relacionarse sin violencia. Intervenimos a nivel cognitivo y lo que intentamos es desmontar las justificaciones que llevan a la violencia. También trabajamos a nivel emocional para crear empatía hacia el otro y, por último, se trabaja la comunicación para que todas las partes sepan hablar y recibir críticas.