El Correo

Los bilingües tempranos tienen más protecciones ante las demencias de la vejez

La investigadora Ainara Agesta rodeada de los profesionales que trabajan en Cita Alzheimer.
La investigadora Ainara Agesta rodeada de los profesionales que trabajan en Cita Alzheimer. / LOBO ALTUNA
  • Las personas que hablan dos lenguas antes de los 6 años acumulan menos proteína neurodegenerativa

La revista científica 'New Biology of Aging' ha publicado la investigación de la neurosicóloga de Cita Alzheimer de Gipuzkoa Ainara Estanga sobre la relación entre el bilingüismo y las demencias relacionadas con la vejez; de cómo la utilización habitual de dos lenguas, sobre todo desde la infancia, puede ser un factor protector de las reservas cognitivas. En la práctica, una barrera contra estas enfermedades.

El estudio no ha concluido. Para empezar, porque expertos internacionales que han conocido la trabajo de Estanga aconsejan que se siga investigando con nuevas variables, pero de momento ya se han confirmado diferentes extremos que avalan que el dominio y uso habitual de dos lenguas mejora las llamadas funciones ejecutivas y videoespaciales.

Las primeras son las que planifican todas las demás acciones cerebrales, lo que resulta útil no solo como posible reserva contra el alzheimer sino también para afrontar mejor cualquier patología cerebral que pueda experimentar una persona.

Más allá del trabajo realizado con los 500 voluntarios de Proyecto Alzheimer, Ainara Estanga quiere dejar clara la premisa de que estas demencias no tienen ningún tratamiento más allá de algunos fármacos que pueden estabilizar los síntomas y también que su objetivo no ha sido el analizar los posibles beneficios del bilingüismo, sino la influencia que puede tener en las enfermedades neurodegenerativas.

«La falta de tratamiento hace que busquemos factores protectores de las reservas de conocimiento que tenemos las personas. Vimos que había estudios en los que se decía que la enfermedad en las personas bilingües podía retrasar hasta cinco años los estadios más graves de la enfermedad y por tanto el ingreso en residencias, pero los mecanismos que justifican esta relación no estaban bien explicados y nos interesaba analizarlos. Le propuse la idea a Pablo Martínez Lage, director de Proyecto Alzheimer y apoyó la idea».

La falta de tratamiento de la enfermedad obliga a los investigadores a seguir cualquier línea que permita llegar a estrategias para retrasar lo más duro de estas enfermedades asociadas con el envejecimiento.

Los voluntarios

Los quinientos voluntarios de Cita Alzheimer, todos ellos personas sanas de entre 40 y 80 años, han servido una vez más para el análisis científico, esta vez sobre bilingüismo. Y el estudio ha demostrado que quienes son capaces de comunicarse o hablar en dos o más lenguas y lo hacen con frecuencia tienen un nivel de competencia mayor que los monolingües.

Pero es que, además, aquellos que aprenden dos lenguas antes de los seis años, los que se denominan bilingües tempranos, tienen unos biomarcadores más favorables, porque uno de ellos, la proteína tau, el que marca la neurodegeneración, tiene una presencia mucho menor. El otro biomarcador fundamental, el amiloide, aparece en todos los casos, «pero esa falta de tau hace que el bilingüe temprano tenga un cerebro más resistente».

Además, en los tempranos se atenúa la relación entre la edad y la presencia del tau, lo que reduce la relación entre envejecimiento y Alzheimer.

No solo para Alzheimer

Los frutos de este estudio no solo son válidos para tener nuevos datos sobre las demencias y el bilingüismo: dividir a los voluntarios en tres grupos permite comprobar, por ejemplo, que en cuanto a la capacidad de memoria no existen diferencias en razón de cuántos idiomas se utilicen en la vida cotidiana o que los monolingües tienen mayor riqueza de vocabulario.

Los quinientos voluntarios de Cita Alzheimer son personas sanas, pese a que algunos puedan situarse en lo que se llama estadio preclínico, aunque sin síntomas y en plena normalidad. Durante el año largo que ha durado la investigación de Ainara Agesta, se sometieron a un cuestionario «bastante exhaustivo» vinculado a su relación con las lenguas y los idiomas, si utilizaba los dos que conocía y con qué frecuencia, porque lo importante no eran los conocimientos teóricos o los títulos sino el uso real.

«Es que es el uso más o menos cotidiano de dos lenguas lo que tiene una correlación con el funcionamiento de la mente y de las estructuras cerebrales».

Quedaron fuera del estudio aquellos que podían conocer las dos lenguas, pero no llegaban a ser bilingües y éstos se dividieron en tempranos y tardíos, los primeros, aquellos que antes de los seis años son capaces de hablar dos idiomas. Y en una población que debería ser bilingüe como la vasca, Agesta comprobó que si bien y tal y como figuraba en otros estudios, quienes se expresan en dos lenguas tenían un mejor rendimiento en las funciones ejecutivas, los tardíos poseen una mayor facilidad para cambiar el foco de atención y los tempranos mayor habilidad para retener información.

Queda una labor importante por hacer para seguir avanzando, algo tan complicado como «el análisis de las neuroimágenes obtenidas y el estudio de los datos desde un punto de vista longitudinal». Porque Cita no puede parar ahora, sobre todo teniendo en cuenta que los revisores del artículo en Newbiology o Agins creen que están ante un avance importante.

«Consideran que si hay que estudiar factores que pueden proteger y controlar el riesgo de padecer estas enfermedades y el bilingüismo es uno de ellos, es necesario profundizar más y conocer bien todos los mecanismos».

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