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Viaje a la tierra sin maridos de Yunnan, un reducto matriarcal

Viaje a la tierra sin maridos de Yunnan, un reducto matriarcal
  • Las mujeres 'Mosuo' nunca viven con un hombre y reciben a los amantes que desean, no les interesa la paternidad ni dependen de un cónyuge económicamente

«Érase una vez una tierra donde las mujeres imperaban y los hombres se sometían a sus leyes; una tierra hermosa y extraña donde los hijos no tenían padres y las hembras se acoplaban por gusto o por amor, sin nadie que las obligara a matrimonios de conveniencia…». Estas palabras que parecen robadas de una antigua leyenda se hacen realidad en una pequeña región del suroeste de China donde las nieves del Himalaya desaparecen en cordilleras de carácter tropical, donde las selvas de Indochina se funden con las mesetas, donde los grandes ríos del sur de Asia riegan los cultivos de la quinta parte de la humanidad y donde la cultura china se deconstruye en un millar de pueblos indígenas de lenguas extrañas y vestidos llamativos. Allí está la provincia de Yunnan, un lugar instalado en medio de una geografía accidentada que hace la frontera china con Birmania, Laos y parte de la de Vietnam y repleto de grandiosos monumentos budistas.

En este paraje viven, en pleno siglo XXI, las mujeres de la etnia 'Mosuo', dueñas y señoras de estas tierras, que van pasando su nombre y patrimonio de madres a hijas y se encargan del bienestar de la familia, preservando la tradición matriarcal para las generaciones futuras. En esta comunidad femenina es costumbre que las mujeres tengan todos los amantes que deseen. Allí los varones son un «regalo bien recibido», pero no indispensable en su mundo. Ellos vienen, se van, y acatan unas reglas que excluyen los celos e invitan a compartir el cuerpo amado. Allí nació y creció hasta los trece años hasta que se escapó y se unió a una 'troupe' de músicos la escritora Yang Erche Namu (Yunnan, 1966), afincada en Estados Unidos, que en su libro 'La tierra de las mujeres' dio a conocer en su día los detalles que aún hoy conforman la vida de este «reducto de sociedad matriarcal que ha resistido al empuje masculino», como también lo analiza el escritor Pedro Ceinos en 'El matriarcado en China: madres, reinas, diosas y chamanes'.

Viaje a la tierra sin maridos de Yunnan, un reducto matriarcal

Ceino, que vive en este país asiático desde hace dos décadas, cuenta que las mujeres 'Mosuo' nunca viven con un hombre. En sus habitaciones, conocidas como «cuartos de las flores», reciben a los amantes que desean por acuerdo previo de ambos y que estos se van a la mañana siguiente. Así sigue esta relación o cualquier otra, aunque ella tenga hijos. «El hombre nunca vive con la mujer, aunque la relación se prolongue durante años, ni tiene ningún derecho sobre sus posibles descendientes, que vivirán en la casa de la madre». En resumen, en Yunnan todas las mujeres son solteras y a mucha honra. Ellas administran los asuntos económicos y, como la paternidad no les interesa, es frecuente que no se sepa quién es el padre de los hijos. Así que, a falta de padre 'oficial', las mujeres viven con sus hijos, sus hermanos y sus mayores, mientras los varones habitan en las casas de sus madres y su rol más importante es el de hacer de tíos, ya que a veces cuidan de los hijos de sus hermanas. Costumbres matriarcales similares existen en otros pueblos que, como los 'Mosuo', viven en las tierras altas que separan a los chinos propiamente dichos de los tibetanos del Himalaya: los Naxi, los Pumi, los Tu, los Yugu...

'Focus on Women', una agencia de viajes especializada en escapadas por y para mujeres que viajan solas y que lo mismo muestra la historia de una luchadora de sumo que mete a las viajeras en una peluquería iraní, suele incluir en su programa anual un ruta a esta zona conocida el «Reino de las mujeres» o «la tierra sin padre ni marido». Los grupos, formados por no más de 15 personas por lo general, tienen ocasión de conocer de primera mano un universo femenino instalado en «una región moderna y un repositorio de tradiciones» que durante siglos fue inaccesible a ojos de los occidentales y una gran reserva de elementos culturales y un «gigantesco museo de historia natural» donde se encuentran 25 de las 55 minorías étnicas reconocidas en China. «Buscamos el aspecto femenino en otras culturas diferentes de la nuestra. Viajando en pequeños grupos por Asia las mujeres occidentales tenemos la oportunidad de descubrir la fuerza esencial del Ying femenino, porque accedemos a lugares que normalmente están vedados para los hombres. Al mismo tiempo, esto nos ayuda a definir y a entender mejor la noción asiática del equilibrio esencial con el Yang masculino. Sin prisas, con tiempo para contemplar y disfrutar de mercados y bazares pero también, y sobre todo, para escuchar y comprender el sutil lenguaje de la mujer que quizás, y en Oriente, sea todavía más puro e íntimo», explican en la agencia.

En el caso de Yunnan, Focus on Women ha elegido a una cicerone experta en el destino para acompañar al grupo. Se trata de Cristina Bernat, que comenzó guiando grupos de viajeros en los años 90 en India y Nepal, que practica la escalada en roca y hielo y ha participado en expediciones de trekking y ascensiones a picos de 6.000 metros en Himalaya y que estudia budismo desde 1998 y es discípula del lama Zopa Rimpoché. En 2008 fundó 'Women’s Way' (El camino de las mujeres), un programa de viajes diseñado para mujeres, y en la actualidad dirige Viajes Sanga. «Las mujeres, sea cual sea nuestra cultura, nivel social, raza o religión tenemos un lenguaje común: el lenguaje del universo femenino. De alguna forma amamos, reímos y sufrimos en una misma clave», sostiene Cristina Bernat.

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