El Correo

Proyecto Hombre detecta un crecimiento vertiginoso de los jóvenes adictos al móvil

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Un grupo de jóvenes juega con el móvil. / Avelino Gómez

  • Los adolescentes que atiende esta ONG se han multiplicado por veinte en los últimos tres años

Los máximos responsables de Proyecto Hombre se han unido a los expertos y organizaciones que han comenzado a dar la voz de alerta ante el enorme crecimiento de los casos de menores enganchados a internet y han respaldado el aviso con su experiencia. El número de afectados, aclararon, todavía es bajo, pero lo preocupante es la tendencia, el ritmo de crecimiento, que es vertiginoso. Tal es la magnitud del fenómeno que esta ONG, que ayuda cada año a rehabilitarse a 17.000 drogodependientes de todo tipo, ha decidido dedicar esta semana sus jornadas anuales sobre adicciones de forma monográfica al problema de los chicos atrapados por la red.

Los casos de jóvenes y adolescentes que acuden a Proyecto Hombre en busca de ayuda por su adicción a internet se han multiplicado casi por veinte en solo tres años. En 2013 se trataba de un tipo de demanda anecdótica, con solo tres atenciones. En 2016 sus especialistas ayudaron a 51 jóvenes con serios transtornos por pasar hasta 12 horas diarias colgados del móvil, la tablet o el ordenador. Los cuatro años suman 128 atenciones, en constante aumento, que han pasado de la nada a ser el 2,8% delos casos que atienden en sus 27 centros de todo el país.

El perfil de los afectados es el de un chico de entre 16 y 17 años, en el 80% de los casos todavía estudiante, la mayoría (el 65%) sin otras adicciones a drogas, que acude a Proyecto Hombre empujado por su familia, que ha detectado en él serias alteraciones del comportamiento (baja autoestima, aislamiento social y agresividad) que han generado conflictos familiares, rupturas de relaciones y fracaso escolar. Solo el 7% llegó por propia iniciativa y el 73% de los demandantes de ayuda son varones.

Se trata de chicos, según los estudios monográficos hechos por Proyecto Hombre entre escolares de Cádiz y Valladolid, que han crecido con un ‘smartphone’ con conexión a internet en la mano -el 74% lo tiene entre los 10 y los 14 años y el 20% incluso antes de los 10-, que de forma muy extendida los utilizan cinco o más horas al día, y que en un alto porcentaje son poco conscientes del riesgo del abuso de estas tecnologías.

El delegado del Plan Nacional sobre Drogas, Francisco Babín, prefiere pedir prudencia, ya que no considera estos casos como adicciones sino como abusos de la tecnología. No obstante, la última gran encuesta de su departamento, hecha entre 2014 y 2015 a 37.000 estudiantes de entre 14 y 18 años, detectó que el 18,6%, uno de cada cinco de estos jóvenes, realiza un uso abusivo o compulsivo de internet que les puede conducir a graves problemas. De hecho, la próxima estrategia nacional de su departamento se dirigirá contra las drogas, pero también contra otros comportamientos adictivos como el presente.

Síntomas sospechosos

Sin embargo, y en discrepancia con el perfil de Proyecto Hombre, considera que la encuesta indica que entre quienes abusan son más las mujeres que los hombres (20,4% a 16,7%) y que sí hay una relación directa entre usuarios compulsivos y mayor consumo de drogas, como la hay con el bajo rendimiento académico. El dato general sí que coincide con los estudios parciales realizados por la ONG, que indican que, aproximadamente, el abuso del móvil puede alcanzar a un 20% de los adolescentes y jóvenes.

El presidente de Proyecto Hombre, Luis Bononato, hace un llamamiento a los padres para que presten atención a los indicios que delatan que su hijo puede estar atrapado por internet, porque la mitad de los progenitores desconoce las web o redes por las que navegan o el uso que hacen de Whatsapp, el chat que les ocupa más tiempo. Recomienda fijarse en tres tipos de síntomas que pueden delatar la afectación del menor. El aislamiento social, la perdida de habilidades para relacionarse y el abandono de amigos y la soledad. También hay que estar atento a alteraciones del comportamiento como el abandono de tareas escolares, conflictos familiares, desorden de horarios, alteración del sueño, conductas pre delictivas, o agresividad (sobre todo si se desata al obligarle a desconectarse). Y, por último, a otros transtornos emocionales, como apatía, desmotivación o inestabilidad emocional.

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