Así son los hogares que ahorran más energía

El ahorro energético oscila entre el 75% y el 90%./
El ahorro energético oscila entre el 75% y el 90%.

Es posible ventilar la casa sin abrir una sola ventana. Es uno de los pilares del Passivhaus, un estándar de construcción de edificios altamente eficientes. No se calientan solos... pero casi y dos profesionales explican cómo

YOLANDA VEIGA

Aunque la sensación haya sido otra, los datos han confirmado que hemos tenido un invierno más frío de lo normal: 9,1 grados de temperatura media en Bilbao. Mucho menos en la Llanada Alavesa, donde habrán encadenado una semana o más por debajo de cero. Incluso en esos días no pasaba de dos horas el tiempo que Adelina Uriarte encendía la calefacción. Porque vive en un casa 'ahorradora', 'pasiva' en la jerga profesional. Adelina preside la Plataforma de Edificación Passivhaus (PEP), una organización sin ánimo de lucro que promueve la construcción de edificios altamente eficientes, esos en los que apenas hace falta poner la calefacción en invierno ni el aire acondicionado en verano.

El sello Passivhaus

Demanda de calefacción: Ha de ser menor o igual a 15kWh/m²/año y lo mismo la demanda de refrigeración.
La energía primaria: utilizada por la edificación ha de estar en un máximo de 120kWh/m² al año. La energía primaria es toda la que se necesita para que «llegue a casa a través del enchufe». Es decir, «la energía que se necesita para 'fabricar' los kilovatios/hora y llevarlos hasta los hogares».
Infiltraciones de aire: Por debajo o igual a 0,6 renovaciones/hora a 50 pascales, «mientras que en un edificio normal está en 7 renovaciones/hora). Se refiere a la energía que se escapa por las rendijas de los edificios.

Al margen de la cuestión ideológica, otra contante y sonante: el ahorro para la economía doméstica. Cuánto depende del tamaño del piso. Pongamos uno de 100 metros en Vitoria... «Si tiene calefacción de gas natural puede gastar unos 1.000 euros anuales y 3.000 si es eléctrica. Pero un hogar 'pasivo' gastaría unos 100 y 300, respectivamente. Y menos si es en Bilbao, donde hace menos frío», señala a modo de ejemplo Uriarte. Y rescata un caso real y próximo en el tiempo, la factura eléctrica de este pasado mes de enero, el de la ola de frío. «La media que pagó cada hogar español se situó en 81,22 euros, pero si estuviera construido según el estándar Passivhaus y tuviese un sistema de calefacción eléctrico podríamos haber ahorrado entre 61 y 73 euros en esa factura y haber pagado 9 euros». Lo que supone un ahorro de «entre el 75% y el 90%», que es lo que «han demostrado reiteradamente a través de monitorizaciones» estos edificios 'ahorradores'.

El truco no es tal, sino una obviedad: 'edificios 'sellados' por donde no se escapa el aire. «Las acometidas de luz, de agua, la campana... generan corrientes de aire y eso es como tirar calefacción por las rendijas», advierte Adelina Uriarte. Advierte que hacer una vivienda hermética puede encarecer la obra o la reforma «entre un 3% y un 8%» -la rehabilitación Passivhaus cuesta «entre 850 y 1.000 euros por metro cuadrado»-, pero se amortiza «en los primeros cinco u ocho años».

Metidos en faena, lo primero es aislar los edificios. «Se puede aislar con corcho blanco de toda la vida, con corchos enriquecidos con grafitos, con SATE de fibra de madera... Es fundamental aislar toda la superficie, porque si dejamos la zona de alrededor de un balcón sin aislar, por ejemplo, el efecto sería el mismo que si en invierno vamos forrados con un abrigo y en los pies llevamos sandalias. Por ahí se va a escapar el calor».

¿Vidrio doble o triple?

El Palacio de Congresos 'verde' de Vitoria

«En España solo hay 34 edificios que han logrado el exigente Certificado del Passivhaus Institute». Siete están en Euskadi y el único de ellos de gran tamaño, concretamente en Vitoria. Se trata del Palacio de Congresos Europa, un espacio que presume de tener el aire «más limpio que en cualquier hogar». Gracias, precisamente a este sistema de ventilación natural que coje aire limpio del exterior y expulsa el viciado. «Hay un único punto de entrada del aire, de manera que está controlado todo el que entra. La máquina filtra la contaminación, las impurezas... y solo deja pasar aire puro», explica Alfredo Abengoa, arquitecto municipal del Ayuntamiento de Vitoria. En el Palacio se puso aislamiento térmico de 25 centímetros en fachada, 26 en cubierta y 15 en la planta baja y el lucernario se reformó con carpinterías de transmitancia 0,80, «cuando en cualquier casa hay 4. Es decir, mi casa pierde cinco veces más temperatura que el Palacio». Otra de las intervenciones que se hizo fue colocar «carpintería de PVC del tipo Passivhaus, con cristal triple con cámara gas argón, porque el argón es un gas que transmite peor la energía». El resultado de la obra, asegura Abengoa, ya es medible: «El edificio antiguo tenía 5.400 metros cuadrados, se usaba por 35.000 personas en eventos y el consumo eléctrico era de 340.500 kwh y de gas de 818.000 kwh. En 2016 el Palacio cuenta con una superficie de 11.200 m2, lo usan 67.000 personas en eventos y los consumos electricos y de gas son, respectivamente, 458.000 kwh y 873.700 kwh».

Las ventanas y puertas con buenos cristales son otro de los pilares que guían la construcción Passivhaus: «En Vitoria vas a necesitar triple vidrio para mantener la temperatura interior de un edificio, pero en Bilbao quizá bastaría con un vidrio doble, aunque habría que medirlo de manera individual. Las carpinterías se recomiendan mixtas, de madera en el interior y un poco de aluminio en el exterior o PVC. Es imprescindible sellarlas bien, con cintas por ejemplo, que permiten el paso del vapor de agua para evitar condensaciones, pero no dejan pasar el aire. El 90% de las ventanas de las casas están mal colocadas».

Pero no solo por las ventanas se escapa el calor. Por cualquier junta, por los huecos de los ladrillos, por la campana... «Hay que cerrar todas las rendijas. ¿Y cómo se cierra una campaña extractora? Pues con una sencilla tapa que se abre solo cuando entra en funcionamiento. También hay campanas con filtro de carbono que retienen las partículas de olor pero no dejan escapar el frío».

Como más se escapa el calor es abriendo las ventanas. ¿Qué hacemos en invierno para ventilar?

Existen aparatos que cuestan unos 6.500 euros y caben en un armario de la cocina que regeneran el aire sin necesidad de que abramos las ventanas. Esa máquina introduce en casa el aire limpio de la calle y expulsa el viciado: el de haber cocinado, el de la ducha, el CO2 que exhalamos al respirar... el que 'carga' el ambiente. La máquina funciona las veinticuatro horas y está conectada a todas las estancias de la casa, por lo que el aire se renueva constantemente. Además de reciclar el aire lo 'calienta'. Es decir, si en casa tenemos una temperatura de 20 grados y fuera hace 5, al entrar el aire exterior por esa máquina se calienta y pasa a unos 18, por lo que necesitaremos muy poca calefacción para compensar la diferencia de temperatura entre el aire 'viejo' y el 'nuevo'. Además esas máquinas tienen filtros que no dejan pasar la contaminación, o el polen, en el caso de los alérgicos. Y lo mejor, es una ventilación totalmente natural.

«El 60% de las viviendas están construidas sin ningún criterio de eficiencia energética»

El modelo de edificación Passivhaus que por aquí todavía nos suena a nuevo tiene su origen en la Alemania de 1989, en un intento de «reducir la dependencia energética en Europa en un momento en el que la Guerra del Golfo provocó un problema de abastecimiento». En Alemania -especialmente en Frankfurt-, Austria y Bélgica van a la cabeza en este tipo de edificiación eficiente, que no es una moda, sino que se va a exigir por ley. «Hay una directiva europea que exige que todos los edificios públicos sean de consumo casi nulo a partir del 31 de diciembre de 2018 y todos los edificios sin excepción lo sean a partir de 2021, pero España no está preparada para cumplirla», denuncian desde la Plataforma de Edificación Passivhaus, una organización fundada en 2008 y que cuenta con 475 socios en toda España. Pueden parecer pocos, pero es que hasta hace diez años aquí no se había oído hablar del asunto. «Yo llevo en el oficio desde 1996 y conocí el Passivhaus en 2010», reconoce Adelina Uriarte, que desde entonces trabaja en esta línea, que ya ha aplicado a su propia casa.

Sigue siendo una excepción porque «en España apenas el 0,006% de las nuevas edificaciones para las que se ha solicitado licencia de obra desde 2009 cumple el estándar Passivhaus», informan desde PEP. Y tampoco se ha avanzado mucho en este sentido en las obras de rehabilitación, con notables salvedades como «la del barracón del antiguo Hospital Militar de Burgos y actual aulario de la Universidad».

Por zonas, el norte de nuestro país es donde mejor ha asentado esta filosofía y forma de construir. «El País Vasco, Navarra y Cataluña reúnen el 49% del total de edificios que se han construido siguiendo los parámetros establecidos por el estándar Passivhaus en España». Así que queda mucho trabajo por hacer, advierten desde PEP: «el parque inmobiliario español es uno de los más obsoletos de la Unión Europea. En la actualidad cuenta con 25 millones de viviendas, de las que se estima que dos millones requieren una rehabilitación. Además, el 60% de las viviendas están construidas sin ningún criterio de eficiencia energética».

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