El Correo

Así se vive el invierno en Balmaseda, punto frío de Bizkaia

Aún con sol, a media mañana estos días le cuesta llegar a dos grados.
Aún con sol, a media mañana estos días le cuesta llegar a dos grados. / Y.V.
  • Aunque el bar anuncia en cartelotes que sirve «caldo y chocolate caliente» un parroquiano ordena «¡un kalimotxo con hielo!» a media mañana. Hace sol pero el termómetro no sube de los dos grados... bastante que a las ocho estaban a -4,6

A los más madrugadores les saltaron ayer dos alarmas, la del reloj y la del termómetro, que marcaba 4,6 grados bajo cero a las siete y media de la mañana. Y con una helada similar (un poco menor) han amanecido hoy en Balmaseda, una de las localidades vizcaínas con el invierno más duro, en seria competencia con Otxandio, los dos puntos fríos del territorio. «En Nochevieja bajó a menos seis». «Igual fueron menos siete ¿eh?». Andoni Rodríguez se acuerda de haber visto «hasta menos diez y cuarenta centímetros de nieve». Sería algún año de primeros de los 50, rememora ataviado con guantes (los llevan casi todos los vecinos), aprovechando el sol mañanero que algo algo calienta en la plaza de la iglesia de San Severino. «Tengo 76 años y siempre he vivido aquí, de niño recuerdo que algún día hasta se suspendían las clases por el frío. Los mayores del pueblo decimos que ya no nieva como antes, ahora como mucho hay ocho o diez centímetros, aunque Balmaseda sigue siendo uno de los puntos fríos de Bizkaia».

Heladora es la calle Correría porque queda a la sombra y cuando hay dos grados al sol, se nota y mucho. «¡Mira, tócame la mano! Y eso que me acabo de quitar los guantes». Son incómodos para coger las mandarinas, que se venden solas a estas alturas del año, los kiwis que lucen enormes, las peras a un puntito de madurar... Balby Rojo lleva seis años al frente de una frutería, un colorido local abierto completamente a una calle donde no da el sol. «Cuando he abierto a las nueve había cero grados. Si no viene gente me meto en este cuartito, que tengo una estufita pequeña. Porque aquí, al lado de la caja, parece el Polo Norte».

No pasa un minuto y entra una clienta, Begoña Horna, 92 envidiables años, abrigo, guantes y bufanda. Comenta lo fría que está la mañana, una suerte de frase de cortesía con la que se recibe en todos los bares y las tiendas. «Cuando era niña se hacían unos pirulís de hielo en los tejados... Igual nevaba ocho días seguidos». «Pues no te creas, que hace dos años nevó también mucho y tuvieron que cerrar el colegio porque los profesores de fuera no pudieron llegar al pueblo», le cuenta Balby, que antes que en Balmaseda vivió en Villasana (Burgos), que se encuentra a unos 15 kilómetros. «Allí también hace frío, pero se aguanta mejor porque es seco. Si te abrigas no se te mete dentro como éste. De hecho, ha venido ahora un proveedor y me ha dicho que estaban a menos tres».

A estas horas, que es casi mediodía, el panel con termómetro que tienen a la entrada del pueblo marca dos grados y, además, hay sol. Así que algunos se confían: «¡Ponme un kalimotxo con hielo!», manda un parroquiano en el bar 'La Cabaña', que tiene unos cartelotes pegados en el cristal para avisar a los clientes de que hay «caldo y chocolate caliente». Loredana Cirpean, que regenta el negocio desde hace dos meses, le dice entre risas a ver si está loco, pero va en serio... con hielo. Loredana recibe a los clientes con el típico comentario acerca del frío, casi una costumbre, aunque ella lo lleva estupendamente. «Yo soy de Rumanía y allí por estas fechas hay treinta bajo cero. Para mí esta temperatura no es un problema».

Para María Ángeles Ibargüen sí, porque trabaja en la calle. A media mañana se afana con su compañero Pedro en pintar de negro una de las vallas que discurren paralelas al río. Son operarios del Ayuntamiento, albañiles a los que les toca hacer un poco de todo. «El otro día estuvimos despejando los caminos de hojas para que se no se atasquen las alcantarillas y esta mañana, a primera hora, hemos estado echando sal en las carreteras porque estaban heladas. ¡Si hasta te patinabas por la calle!». El truco para aguantar el trabajo en la calle son las capas de ropa, aunque hoy han tenido suerte, que trabajan con el sol de frente. «Ha salido a partir de las once por aquel pinar y hemos dicho: '¡Aleluya!'. Pero cuando se esconde es horroroso, a partir de las cinco la temperatura baja a pasos agigantados. Allí hay un parque de niños que queda a la sombra y seguro que a estas horas sigue blanco de la helada».

Su compañero Pedro relativiza un poco esto del frío y explica que el medidor de temperatura que tiene Euskalmet, el que marca día sí y día también las mínimas de la provincia junto a Otxandio y Urkiola, «no está en el pueblo, sino en un polígono a dos kilómetros, así que allí se notará algo más de fresco». Habrá poca diferencia porque la propia situación de Balmaseda es la causa de estas bajas temperaturas. «Hay mucho monte alrededor que tapa el sol. Estamos en un agujero, si estuviéramos cincuenta o cien metros más altos tendríamos tres o cuatro horas de sol más al día».

Las que les sobran en el verano, porque en agosto Balmaseda es un horno. «La tienda se me pone a cuarenta grados», cuenta Naiara López, que tiene un negocio de congelados y aprovecha un ratito que no hay clientela para tomar el sol a la puerta de la tienda. «La gente se echa para atrás un poco al entrar, pensando que estará frío, pero no, porque aquí tengo las cámaras cerradas así que en la tienda se está más calentito que en la calle». Ella es del barrio bilbaíno de Santutxu, pero ahora vive en Balmaseda. Y vaya si nota la diferencia. «Por lo general aquí hay tres grados menos que en Bilbao. Y si encima se mete la niebla... Anoche hubo niebla y aunque no llovió las calles estaban mojadas». De todas formas, un poco de agua la agradecerían: «El pantano de Ordunte la necesita».

Pero lo que vamos de invierno, desde luego, no se está caracterizando por la lluvia, solo por el frío, que lleva instalado en Euskadi una semana y seguirá por lo menos hasta el lunes. «Este año está siendo helador, no como el anterior, que esto parecía Benidorm», bromea Begoña Horna. Y le queda la espinita de que se hable solo del frío del pueblo... «Este es un sitio muy bueno, y con mucho ambiente ¿eh? Aunque haga frío la juventud sale al 'pintxo pote' y eso que llevamos ocho o diez días de heladas».

De las que bajan la temperatura por debajo de cinco bajo cero de madrugada. Claro que a todo hay quien gane y Pedro se acuerda del pueblo de su familia, en la montaña de Palencia. «Allí el hielo se queda tres o cuatro meses, no desaparece. Aquí nos quejamos mucho. Además, cuanto más fría quede la noche, más bonito sale el día siguiente».

El parroquiano del kalimotxo apura la consumición y, mientras, en el bar bromean con cómo andarán por Siberia si en Balmaseda están bajo cero. Allí (en Siberia), a esas horas, están concretamente a menos 38. En Oymyakon, uno de los puntos más gélidos del planeta. Y el lunes será peor, porque anuncian mínimas de menos 51.

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