El Correo

¿Cuántos regalos deben recibir los niños?

Los árboles se llenarán de paquetes en la madrugada del viernes.
Los árboles se llenarán de paquetes en la madrugada del viernes.
  • «No más de tres o cuatro juguetes». Dos psicólogos orientan a los Reyes Magos sobre las edades más indicadas para regalar puzzles, el Monopoly, el primer móvil...

A partir del cuarto paquete da igual lo que haya dentro, porque el niño no le va a hacer ni caso. Y los aitites, que han visitado con los Reyes Magos cinco jugueterías porque 'La patrulla canina' estaba agotada, se llevan un chasco tremendo: «¡Pero si ni siquiera lo ha mirado!». Sí lo ha mirado, pero no lo ha visto. Porque está saturado.

Este viernes de madrugada llegan Melchor, Gaspar y Baltasar (a Bilbao se acercarán antes, este mismo jueves por la tarde), la despedida de las Navidades y el segundo atracón de regalos. Porque aquí nos ha visitado antes el Olentzero y a otros sitios se acerca Papa Noel. Si los chavales juntaran los paquetes que han recibido ya y los que caerán esa noche no cabrían en el árbol. Pero el problema no es tanto de espacio, sino educacional. Lo advierten los psicólogos, que alertan sobre el efecto pernicioso de atiborrar a los pequeños de envoltorios de celofán.

¿Cuántos regalos debería recibir un chaval en Navidad?

Es la pregunta del millón, pero nunca más de tres o cuatro juguetes. Si hay más, que sea ropa, un estuche, un libro, una pizarra para que jueguen a profesores y más adelante les sirva como herramienta de estudio...

La recomendación la hace Silvia Álava, autora del libro 'Queremos hijos felices'. Y no lo van a ser más (felices) por recibir más regalos. «Si a una casa llegan el Olentzero y los Reyes no tiene que traducirse en el doble de paquetes. No hay que inundarles. Y la limitación debe empezar cuando escriben la carta. Hay que decirles que pidan poquito, que hay muchos niños a los que repartir».

No tanto por la economía familiar, que también, sino por su propio desarrollo. «A partir del cuarto regalo el niño los abre de forma compulsiva». Y el efecto ya no es ni la ilusión ni la sorpresa. «Cuando hay tantas cosas el crío acaba despreciándolas, como están colapsados ya no hacen ni caso, no les emociona nada», advierte Guillermo Fouce, de Psicólogos sin Fronteras y profesor en la Universidad Complutense de Madrid.

Pero los Reyes suelen ser muy generosos y dejan algo también en casa de los aitites, de los tíos, de los padrinos...

Controlar eso es sumamente difícil. Una opción puede ser dejar que el niño abra todos y después negociar cuáles se usan y cuáles se guardan. Si a una niña le regalan tres muñecas se puede quedar con dos para jugar y reservar la tercera en el armario para cuando se estropee alguna de las otras dos -sugiere Fouce-.

La otra alternativa es no darles todos los regalos y guardar alguno para el cumpleaños o para otra fecha del año. «Y sobre todo hay que insistir a los familiares en que hablen con los Magos para que no les traigan juguetes. Lo ideal es que en casa de los padres dejen un par de los juguetes que hayan pedido, en casa de los aitites otro juguete, pero en las de los demás parientes es mejor que los 'Reyes' traigan cosas útiles».

Por si Melchor, Gaspar y Baltasar andan faltos de ideas, Guillermo Fouce hace unas recomendaciones por edades. «A un niño de 6 años es una burrada regalarle un móvil o una tablet, porque es una tecnología que no sabe manejar. Puede haber una tablet en casa, eso sí, y dejar que el crío la use si se porta bien y estudia, pero no regalársela para que haga lo que él quiera. Igual que esos coches de niños que son casi como para adultos. Es un regalo excesivo y, además, se les está lanzando un mensaje peligroso: que las cosas son gratis y que no hay que esforzarse para conseguirlas. A esa edad son regalos muy apropiados los puzzles y los juegos de construcciones porque fomentan la imaginación y la creatividad. También se recomiendan los juegos de cartas, las muñecas para que interactúen, los patines para que hagan deporte al aire libre...».

¿Y a los 10 años?

Hay padres que se vuelven locos y les regalan un móvil de última generación. Pero no se dan cuenta de que un chaval de 10 años no puede controlar esa tecnología y, además, va a acabar dependiendo del móvil. Para esa edad son ideales los juegos de mesa, el tradicional Monopoly por ejemplo, los juegos de mímica, los de preguntas y respuestas... Es una fase en la que los menores deben socializar porque se está configurando parte de su personalidad. Por eso no son recomendables los juegos individuales. Si les regalas un móvil para que hablen con sus amigos por WhatsApp van a perder la costumbre del contacto físico, de ver a la gente en carne y hueso.

Con 13 o 14 años, señala el experto, ya se puede regalar el ansiado móvil «pero es conveniente decirles lo que ha costado, incluso cuánto ganan sus padres, para que se hagan una idea del esfuerzo económico que supone en casa comprarle un teléfono. Es más, cuando se les regala algo caro, no está de más que su uso se condicione a que tengan buena conducta, aprueben todas las asignaturas...».

Porque los regalos, insisten los psicólogos, «son una herramienta de educación». De ahí la importancia de que el Olentzero y los Reyes «regalen con moderación, sin gastarse mucho, nunca por encima de las posibilidades familiares porque los regalos son una manifestación de nuestro modo de vida y también sirven para no generar la falsa realidad de que las cosas son gratis. Los niños creen que basta con decir 'quiero esto y esto y esto' para conseguirlo, y no es así».

¿Los niños siempre reciben regalos, pero ellos deben regalar también?

Sí, claro. Hay que fomentar entre los menores la importancia de hacerse regalos. Es educativo porque más allá de lo que haya dentro del paquete, regalar significa que alguien te importa. Por eso se hace hincapié en el colegio en que el día de la madre y del padre los chavales preparen alguna manualidad para ellos. Y también está bien que compren alguna cosa con su dinero, les sirve para aprender a administrarse cuando ya reciben paga. Así se darán cuenta de que cuando uno quiere cinco cosas no siempre puede comprarlas. Aprenden que hay que priorizar, que hay que elegir -advierte Fouce-.

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