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Las claves por las que Castilla y León triunfa en el informe PISA

Aula de Secundaria en un instituto público de Valladolid en el primer día de clase de este curso.
Aula de Secundaria en un instituto público de Valladolid en el primer día de clase de este curso. / Ricardo Otazo
  • Imparte más horas de lengua y 'mate' que el resto de comunidades y los escolares con suspensos reciben clases por las tardes y en julio

Desde que los resultados del informe PISA se conocieron el pasado martes, responsables educativos, profesores, padres y expertos miran con envidia a Castilla y León. Les gustaría asomarse por la ventana de uno de sus colegios y espiar cuál es ese método que ha aupado a los alumnos de la comunidad vecina al primer puesto del ranking de la excelencia académica. ¿Qué verían? Se sorprenderían por la sencillez de su apuesta en las aulas, que la directora de Innovación Educativa y Equidad del Gobierno castellanoleonés, Pilar González, detalla a EL CORREO. Un sistema que ha centrado sus esfuerzos en la lectura y las matemáticas. Todos los profesores de cualquier asignatura trabajan con una amplia bibliografía, y los alumnos que suspenden van a ‘clases de éxito’ –así las llaman– de Lengua y Matemáticas por las tardes y en el mes de julio. Y una larga lista de iniciativas que les ha colocado al nivel de Singapur, Canadá, Finlandia o Corea del Sur.

Los responsables educativos de la Junta de Castilla y León dedican la parte del currículo que se deja en manos de los gobiernos autónomos a reforzar castellano y Matemáticas. Pero no ahora, sino desde hace más de una década. Primero evaluaron a sus alumnos, detectaron sus carencias y decidieron elevar las horas semanales de esas materias en 2002, y lo volvieron a hacer en 2004, hasta convertirse en una de las comunidades con más clases de esas dos asignaturas troncales.

Sólo era el principio de su pequeña revolución en las aulas. En 2006 implantaron lo que consideran una de las claves de su éxito: el Plan de Lectura. Los escolares de Castilla y León leen media hora en voz alta a diario en el aula. «Los docentes de todas las áreas elaboran su programa de lectura aplicada a su asignatura. La comprensión de los textos es fundamental para el éxito escolar. Por ejemplo, el profesor de Matemáticas practica con sus alumnos la comprensión de los enunciados de los problemas», explica Pilar González.

Cada colegio, público o concertado, tiene obligación de tener su propio plan de fomento de lectura, que después aprueba la consejería de Educación. «Los centros son muy creativos, programan cuentacuentos, traen a autores, hacen competiciones incluso con colegios de otros países. Motivan al alumno. Hemos apostado y seguimos apostando por la lectura», añade la directora de Innovación.

Las bibliotecas escolares son otro pilar del ‘método Castilla y León’. Su Gobierno hizo una inversión muy fuerte entre 2006 y 2014 en libros para escuelas e institutos. «Se compraron los mejores libros juveniles, que fueran atractivos para los alumnos». La biblioteca es uno de los espacios más valorados y su actividad se extiende por todo el colegio. «Es como una oficina de recursos. Si trabajan la obra de Cervantes, pues decoran el centro con Cervantes y aprovechan para estudiar la historia y la ciencia en su época». El último plan de lectura 2014-2020 ha introducido el lenguaje digital. «Había que avanzar. Ahora trabajamos con blogs, redes sociales, youtube, e-books, Twitter...»

El programa de Matemáticas lo pusieron en marcha en 2004, en colaboración con las cuatro universidades públicas. Tras evaluar a los escolares optaron por impartir más sesiones semanales. En la actualidad son la segunda comunidad con más horas. «Solo Navarra nos supera», resalta Pilar González. La comunidad lidera el ranking de Lectura y Ciencias de PISA y es la segunda en Matemáticas por detrás de Navarra.

Preparar a los padres

Entre otras innovaciones, la Junta cambió la formación continua de los profesores de Matemáticas, una materia que suele atragantarse a los escolares. «Se les preparó en metodologías más innovadoras y atractivas para el alumno», recuerda la responsable educativa, que destaca otra de las claves del éxito con los números: «Estrechamos la colaboración con las asociaciones de matemáticas y las sociedades científicas». Estos grupos entraron en las aulas para organizar campamentos, competiciones y actividades extraescolares.

Pero si hay algo de lo que las autoridades educativas de Castilla y León están orgullosas es lo que denominan ‘plan de éxito’, que implantaron hace casi diez años. Los estudiantes que andan justos pueden quedarse dos tardes a la semana después del horario escolar a clases de Matemáticas y Lengua, gratuitas e impartidas por profesores del sistema público. Se denominan ‘clases de éxito’ y a los docentes que las imparten ‘profesores de éxito’, nada de refuerzo, ni apoyo, ni recuperación.

Los escolares que suspenden pueden acudir también todas las mañanas del mes de julio al instituto. «Dan cuatro horas de clase: una de Matemáticas y otra para aprender a estudiar Matemáticas; una de Lengua y otras para aprender a estudiar Lengua», detalla. El resultado ha sido «extraordinario», la inmensa mayoría de los escolares que suspende en junio aprueba en septiembre.

Trabajaron también con las familias. Castilla y León lanzó un programa de formación para los padres con el fin de concienciarles sobre la necesidad de llevar a sus hijos a esas ‘clases de éxito’ e incluso enseñarles distintas formas de apoyo: «No ayudar a hacer deberes sino a vigilar que cumplan sus tareas escolares a diario y tener altas expectativas de sus hijos». No fue una labor complicada. «Aquí es cultural el interés de las familias por la educación de sus hijos. Siempre se ha pensado que es un medio de progreso y les han inculcado su importancia», asegura.

Aunque a la comunidad no le sobra el dinero para la enseñanza –tienen un gasto cercano a los 6.000 euros por alumno, frente a los 9.800 del País Vasco – optaron por darse un lujo. Un 30% de sus escuelas son rurales y escolarizan a pocos niños, pero optaron por no cerrar ninguna. «Hay centros con cuatro alumnos y los mantenemos abiertos», comenta con orgullo Pilar González.

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