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«¿Ranieri, en serio?»

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Los jugadores del Leicester celebran un gol ante el Swansea. / EFE

  • El técnico italiano consigue con el Leicester el primer título de Liga de su carrera a los 64 años con descartes, un delantero exconvicto y hombres que militaban en la Tercera francesa hace cuatro años. Estos son los protagonistas de la gesta del siglo

La selección nacional de Islas Feroe ha conseguido diez victorias en los últimos veinte años. La penúltima de ellas (noviembre de 2014) sumió a Grecia en una profunda depresión y desató un estallido de rabia que acabó con el cargo de Claudio Ranieri como entrenador. El técnico italiano, que dirigía su primera selección a los 62 años, era casi un cadáver futbolístico y sólo un equipo desesperado y con la muerte en los talones podía llamar a su puerta. Y llegó el Leicester, que bordeó el desahucio de la Premier la pasada temporada. «¿Ranieri? ¿En serio?», se preguntaba Gary Lineker, exjugador de gran éxito y actual comentarista de cabecera en la televisión británica. Esta es la obra del técnico y la radiografía de sus 'hombres milagro', que han culminado la gesta del siglo con la conquista de la Liga inglesa.

El propio entrenador italiano se jactaba de que era el máximo favorito en las apuestas para ser despedido en primer lugar durante esta temporada. Desde que accedió al cargo, sin embargo, el Leicester ha robado el corazón de todos los aficionados del mundo, incluso de aquellos que pugnaban con él por hacerse con su primer título de Liga. También es el primero de Ranieri, a pesar de que pasó por equipos como el Valencia, el Atlético, el Chelsea, la Juventus, el Mónaco y el Inter, entre otros.

El transalpino, que nunca ha perdido su discurso humilde a pesar de los fastuosos vestuarios que ha dirigido, se perdió anoche la celebración con sus jugadores, ya que tenía una cita ineludible con su madre, Renata, de 96 años. De hecho, en el momento en que Eden Hazard marcó el gol del empate del Chelsea ante el Tottenham, que convertía a los 'zorros' en campeones de Liga, Ranieri estaba en pleno vuelo. Pero los artífices de uno de los mayores éxitos de la historia del fútbol, equiparable a que el Eibar o el Rayo ganen la Liga, lo festejaron por todo lo alto.

Así son los protagonistas

Los jugadores del Leicester habían quedado para ver el derbi londinense en casa de Jamie Vardy, el goleador y la referencia del equipo con 22 tantos, que le sitúan como el tercer máximo artillero de la Premier. El atacante, de 29 años, no podía jugar por las tardes cuando era joven y militaba en el Stocksbridge, el equipo de un pequeño pueblo de Sheffield de menos de 10.000 habitantes. El motivo era tan sencillo como surrealista. Llevaba una pulsera electrónica que le impusieron tras una pelea en un bar, y debía respetar el toque de queda a las 18.00 horas. En muchas ocasiones, de hecho, debió ser sustituido para cumplir con su pena.

Claudio Ranieri, durante el último partido con el Leicester, ante el United.

Claudio Ranieri, durante el último partido con el Leicester, ante el United. / EFE

«No es un futbolista. Es un caballo fantástico. Necesita sentirse libre. Le digo: 'Eres libre de moverte como quieras pero debes ayudarnos cuando perdemos el balón. Es todo lo que te pido. Si empiezas a presionar al rival, todos tus compañeros te seguirán'», desvelaba Ranieri en una emotiva carta. En realidad, el italiano consiguió que esos jugadores tan secundarios e invisibles en el panorama internacional recuperaran la ilusión por triunfar con alicientes tan sencillos como prometerles cenar pizza tras una victoria.

El delantero, que ya se ha hecho con un espacio en la selección inglesa y es uno de los goleadores más eficaces de Europa (el Leicester tiene un estilo más conservador que ofensivo) es el encargado de desatascar los partidos más trabados con su olfato, mientras que Riyad Mahrez representa el talento en el conjunto de los 'zorros'. El argelino se ha convertido en la absoluta revelación de la Premier y ha captado la atención de los mejores conjuntos de Europa. Mahrez, que jugaba en la Segunda francesa hace sólo dos años, ha experimentado una auténtica explosión de talento con 17 goles y 11 asistencias.

Pero ningún equipo podría coronar una de las mejores ligas del planeta (la más disputada, sin duda) con sólo dos jugadores de talento. Sin el poderío económico del Manchester City, la red global de ojeadores del Arsenal, el prestigio del United o del Liverpool o la fortaleza del Chelsea, el Leicester necesitaba un entramado defensivo impermeable para eludir la derrota, primero, y de arañar alguna victoria, después. Al menos, ese era el plan inicial. N'Golo Kanté tiene una gran obsesión: correr. El centrocampista francés es el encargado de robar la pelota e iniciar las jugadas, una de las principales claves del milagro de los 'zorros'. Jugaba en tercera división en Francia hace sólo cuatro años. No iba corriendo a aquellos entrenamientos, pero casi. Acudía en patines.

Jamie Vardy celebra con rabia un gol.

Jamie Vardy celebra con rabia un gol. / REUTERS

«Una vez, tuve que decirle: 'Hey, N'Golo, afloja. Afloja. No corras detrás de cada balón, ¿vale?' Me respondió: 'Sí, jefe. Sí. Vale'. Diez segundos después, volví a mirar y estaba corriendo otra vez. Le dije: 'Un día, te veré centrar el balón y rematarlo tú mismo'», rememora el entrenador transalpino. Kanté ha encontrado en Danny Drinkwater su complemento perfecto. Mientras uno persigue cada balón como un sabueso, el otro pone orden en cuanto recupera la pelota.

La defensa también supone una auténtica excepción en el contexto actual. Sus centrales escapan del estereotipo de hoy y parecen sacados del pasado. Son grandes, fuertes, lentos y no demasiado hábiles con la pelota. El jamaicano Morgan acercó al Leicester al título con el gol del empate ante el Manchester United el pasado fin de semana, mientras que Robert Huth ha renacido tras llegar cedido la pasada temporada. Había jugado sólo tres minutos en la primera mitad de la campaña con el Stoke. El cometido de ambos es aligerar el trabajo del portero, Kasper Schmeichel, hijo del legendario guardameta del United.

El dueño

A la izquierda, el dueño del Leicester, Vichai Srivaddhanaprabha.

A la izquierda, el dueño del Leicester, Vichai Srivaddhanaprabha. / EFE

Cada jornada es una nueva fiesta en el King Power Stadium, el nombre que ha adquirido el estadio del Leicester tras la compra por parte de Vichai Srivaddhanaprabha en 2010. El magnate tailandés, que viaja a los partidos de su equipo en helicóptero, gestiona numerosos 'Duty Frees' en aeropuertos y tiene ganados a los hinchas del Leicester. Sin fichajes de relumbrón, pero con pequeños detalles que garantiza la sonrisa de los aficionados. El día de su cumpleaños, en el encuentro ante el Southampton, invitó a los asistentes a un donut y a una cerveza. A cuenta de la casa.

El Leicester ha demostrado que el fútbol es un territorio natural para que florezcan los milagros, por mucho que las brechas económicas pongan en riesgo las grandes sorpresas o gestas sin parangón. Al igual que el Nottingham Forest campeón de Europa, la Grecia que ganó la Eurocopa de 2004 o la Dinamarca campeona del continente en 1992, el equipo del centro de Inglaterra refuerza la tesis de que el mundo siempre tendrá espacio para que los pequeños héroes se conviertan en seres eternos.