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La Lectura Fácil empieza a extenderse en Bizkaia

Del barullo de términos, a un documento comprensible por el ciudadano medio.
Del barullo de términos, a un documento comprensible por el ciudadano medio. / Fotolia
  • La Diputación ha lanzado la primera versión de una norma foral, la de Transparencia, adaptada al lenguaje llano, transparente, al alcance de todos los ciudadanos y sin tecnicismos. Es una tendencia que avanza en los países más desarrollados y que se aplica a leyes, contratos...

Seguro que a usted también le ha pasado. Recibir una carta de alguna institución y perderse entre tanta palabrería y tecnicismo. O al leer el contrato de alquiler de un piso o con el papeleo de una sucursal bancaria. Ni qué decir del Boletín Oficial del Estado. El lenguaje característico del mundillo, dicen, inamovible y estandarizado. Si usted tiene problemas, imagínese ese 30% de la población con dificultades para entender y leer un texto: gente de la tercera edad, personas con alguna discapacidad, problemas transitorios o analfabetismo. Pero la Diputación Foral de Bizkaia se ha puesto las pilas y ha hecho comprensible la norma que, atendiendo a la lógica, lo pedía con mayor urgencia: la Norma Foral de Transparencia, recientemente aprobada por el departamento de Transparencia y Buen Gobierno, con la diputada Ibone Bengoetxea al frente -«fue ella la que más se empeñó en llevarlo a cabo», dicen desde Diputación-. Una adaptación a lo que se conoce como Lectura Fácil por la que se modifica el contenido y la forma del texto para que el documento sea claro para la mayoría de la población.

«Transparencia es la palabra de moda, pero tiene trampa. Si el texto no es comprensible, la transparencia no existe», señala Blanca Mata, responsable de Lectura Fácil Euskadi, la entidad que ha llevado a cabo la adaptación del documento foral. «La norma es como un cristal a través del cual vemos lo que hacen dentro de la Diputación. Pero si el cristal está sucio y no podemos ver nada, ¿de qué sirve?».

Para hacerse una idea de la necesidad de adaptar un texto como este, que sirvan de muestra las primeras líneas en las que, precisamente, se explica el origen de la norma y lo que persigue. Así se leen en su versión original:

«La exigencia democrática de que los poderes públicos sean transparentes en el ejercicio de sus funciones y uso de los recursos públicos, es el presupuesto ineludible para una correcta rendición de cuentas ante la ciudadanía y una forma de hacer, así, más efectivo el control de las instituciones y fortalecer la legitimidad de los diferentes niveles de gobierno. Reforzar la confianza de las y los ciudadanos en sus instituciones requiere, por tanto, una apuesta decidida por la Transparencia como una de las dimensiones más fuertes para favorecer un Gobierno Abierto, sensible a los problemas e inquietudes de la ciudadanía y que fomente la participación de esta en la toma de decisiones y la responsabilidad por la gestión de cualquier cargo público».

Una vez adaptado, ha quedado así (lo que sigue es un borrador facilitado por la Diputación Foral de Bizkaia, no es la versión definitiva):

«Cuando las instituciones son transparentes, son más fuertes y democráticas. La transparencia dentro de las instituciones permite mejorar los sistemas de control y la rendición de cuentas ante la ciudadanía. Es también una herramienta para el desarrollo económico, mejorar las estructuras de la administración, ahorrar en trámites y generar riqueza. (...) Cuando las instituciones son transparentes los ciudadanos y ciudadanas confían más en ellas».

Con la Lectura Fácil las líneas se han traducido a lo que se conoce como 'lenguaje llano'. Así, todos los términos jurídicos o institucionales se han sustituido por otros más comunes para el ciudadano de a pie; los que son imposibles de traducir llevan al margen una pequeña definición. La redacción también ha cambiado, pues ahora las frases son más cortas, con estructuras simples (sujeto + verbo + complemento) y las oraciones se cortan ahí donde se debe tomar aire. En cuanto a la presentación, se le dota de un «aspecto amigable»: las páginas son más limpias, el interlineado es mayor, los párrafos más pequeños y las ideas se acompañan con gráficos e ilustraciones. Incluso el orden se ha modificado para darle un sentido lógico a la información y se le ha dotado de un índice. A día de hoy se está trabajando en adaptar la versión en euskera.

De todo ello se ha encargado Blanca Mata, responsable de Lectura Fácil Euskadi, una iniciativa que desde hace cuatro años adapta publicaciones de toda índole en la comunidad autónoma vasca, desde textos literarios hasta judiciales. «La ciudadanía debería tener el derecho de acceder a una información institucional fácil y comprensible. Así, ayudamos a que esta llegue al mayor número posible de personas, incluso a las que no tienen conocimientos jurídicos», explica. «Aunque la validez legal solo la tenga la versión original, seguro que todo el mundo se leerá la adaptada».

¿Y por qué no se redacta así desde el principio?

Es la pregunta del millón. Aún existen muchas reticencias a adaptar la terminología al lenguaje llano. El proceso de adaptación se hace con profesionales de la materia, y muchas veces les cuesta cambiar sus términos por los que conoce todo el mundo, como 'arrendatario' por 'inquilino'. Te dicen: «Es que toda la vida se ha dicho así».

Fase de testeo

En otros países no se andan con tantos remilgos. En los estados nórdicos el término se popularizó ya en los años 60 y en Suecia todos los textos institucionales se publican junto a su versión de Lectura Fácil -cuentan con comisiones que se aseguran de ello-. Aquí, en España, Cataluña fue la pionera. Fue la primera comunidad autónoma en hacer comprensibles algunos textos institucionales y en crear clubs de lectura adaptada; a día de hoy, Euskadi es la segunda región con más actividad. Todos los escritos que han pasado por Lectura Fácil van indentificados con el logo de la entidad.

El proceso de traslación del documento genérico a uno amigable consta, 'grosso modo', de tres fases: comprensión, adaptación del contenido y la forma, y testeo. «Primero leemos el original, tratando de comprenderlo todo y consultando los términos con el equipo técnico. Luego lo reorganizamos todo pensando en la lógica que seguirá el lector y lo redactamos de nuevo, siempre en continuo 'feedback' con los expertos», explica Mata. Una vez hecho esto, se entrega la adaptación provisional a un grupo representativo del lector medio al que va dirigido. En este caso, el ciudadano vasco medio: seis personas de entre 20 y 60 años con un nivel de estudios medio (mayor, en todo caso, en los jóvenes), repartidos equitativamente por sexos. Se les hicieron tres preguntas: «¿Encuentran lo que necesitan?», «¿Entienden lo que encuentran?» «¿Pueden actuar en consecuencia de lo que han entendido?»

«Es en ese momento cuando te das cuenta qué lejos está la ciudadanía del ámbito político y administrativo. Muchos de los conceptos que pensabas que iban a comprender, no los entienden. Nunca nos quedamos con la primera versión, siempre necesita cambios», apunta la responsable de Lectura Fácil Euskadi. Desde que toma por primera vez entre sus manos el texto original hasta que entrega el adaptado pueden pasar tres meses, «aunque el tiempo varía dependiendo del tipo de documento, su dificultad y su longitud».

Porque la Lectura Fácil y el lenguaje llano no son conceptos exclusivos del mundo jurídico o institucional. También se aplica en el literario, con novelas, poesía o ensayos. «Mucha gente dice que se pierde la calidad literaria, pero yo digo: '¿Comparado con qué?' Puede que para ti y para mí, pero hay gente para la que es eso o nada», defiende Mata. Hablamos de niños con dificultades de comprensión lectora o en el aprendizaje, o simplemente de gente a la que no le gusta leer y que podrían encontrar aquí la oportunidad idónea para abrir un libro. «La calidad no debe ir necesariamente asociada con la dificultad». Ni la incompresión con el acceso libre a la información.