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Pastillas de homeopatía.
Pastillas de homeopatía.

La homeopatía, ¿medicina o superchería?

  • La suspensión del máster sobre esta práctica de la Universidad de Barcelona ha abierto un debate público sin precedentes sobre la más popular terapia alternativa

La homeopatía está de actualidad tras la suspensión del máster sobre esta práctica que ofrecía desde mediados de los años 90 la Universidad de Barcelona. La razón esgrimida por la institución académica es que «no hay una evidencia científica clara» sobre la efectividad de esta terapia. Aún así, la homeopatía se vende en farmacias, hay médicos que la recetan y colegios profesionales que cuentan con la correspondiente sección. ¿Es ciencia o pseudociencia?, ¿medicina o superchería? Antes de responder a esta pregunta, conviene saber cuatro cosas (sobre ella).

La homeopatía la inventó en 1796 el médico alemán Samuel Hahneman. Parte de la idea de que la sustancia que provoca unos síntomas los puede curar si se administra en dosis muy pequeñas. La preparación de un producto homeopático empieza con una parte del ingrediente, el principio activo, que se disuelve en 99 de agua, alcohol o lactosa: el resultado es una dilución 1 CH o centesimal hahnemaniano, llamado así en honor al inventor de la homeopatía, Samuel Hahneman. Luego, se toma una parte de esa primera dilución y se mezcla con otras 99 del disolvente elegido (2 CH); seguidamente, se toma una parte de esa segunda dilución y se mezcla con otras 99 del disolvente (3 CH); y así sucesivamente.

Bébase varios universos

Un popular somnífero homeopático de venta en España que tiene sus principios activos diluidos a sólo 6 CH -tiene una billonésima parte de principio activo- no es nada más que agua y azúcar, según pruebas de laboratorio hechas en la Universidad del País Vasco. Una dilución 13 CH, muy común y tampoco muy alta, le obligaría a usted a beberse el agua de todos los océanos de la Tierra para ingerir un tercio de gota del principio activo. Otro popular producto contra la gripe y los catarros tiene hígado de pato diluido a 200 CH, lo que supone que para dar con una molécula del ave habría que beberse muchísimos universos.

Los homeópatas admiten que no hay ni una molécula de principio activo en la mayoría de sus preparados, pero aducen dos causas en su defensa: la memoria del agua y la física cuántica. La primera nunca ha sido demostrada y le valió al inmunólogo francés Jacques Benveniste dos premios Ig Nobel, galardones con los que se distinguen anualmente las investigaciones más insólitas y ridículas. Y la física cuántica a la que se agarran los homeópatas no tiene nada que ver con la física cuántica real, sino que es una ficción creada por ellos.

A finales del siglo XVIII y principios del XIX, los médicos hacían honor al apelativo de matasanos. Si uno iba a la consulta con una grave dolencia, salía mal; si uno entraba con algo leve, salía también mal después de someterse a los tratamientos habituales: sangrías, lavativas, ingesta de venenos... Cuando Hahnemann empezó a dar sus preparados a sus pacientes, los graves no mejorarían, pero los leves verían cómo la enfermedad o dolencia desaparecía y lo achacarían a la homeopatía en vez de al ciclo normal de la enfermedad –suele decirse hoy en día que una gripe se pasa con fármacos en una semana y, si no, en siete días– o a una mejora debida a las propias expectativas puestas en el tratamiento (efecto placebo). Es lo que todavía pasa en la actualidad.

Trato especial

La homeopatía es un negocio de multinacionales, fundamentalmente, francesas y alemanas. Aunque los análisis químicos más precisos han revelado que en sus productos no hay nada que pueda curar nada, la presión de estas corporaciones ha conseguido en Bruselas que sus preparados tengan un trato especial: todo medicamento tiene que demostrar su efectividad antes de salir a la venta en la UE, pero un preparado homeopático sólo debe demostrar que es inocuo. Es decir, ninguno de los remedios de venta en farmacias ha demostrado su efectividad en ensayos clínicos.

Desde 1992, los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) estadounidenses han destinado miles de millones de dólares –en la actualidad, más de 240 millones anuales– al Centro Nacional para la Salud Complementaria e Integral (NCCIH) y la Oficina de Medicina Complementaria y Alternativa para el Cáncer (OCCAM) para que desarrollen tratamientos basados en terapias complementarias como la homeopatía, la acupuntura, el reiki, al quiropráctica y otras. Tras casi veinticinco años, no han desarrollado ninguna.

La revista científica 'The Lancet', una de las más prestigiosas, advertía en 2005 de que «cuanto más se diluyen las pruebas en favor de la homeopatía, mayor parece ser su popularidad», y pedía a los médicos que fueran valientes en la denuncia de la inutilidad de esta práctica. Y la Asociación Médica Británica considera la homeopatía «brujería». Doscientos años después de que Hahnemann formulara los principios de la homeopatía, no hay ningún estudio que demuestre que funciona más allá del placebo. Por eso es una medicina alternativa, porque no ha demostrado que funcione más de lo que lo hace una pata de conejo o el agua bendita para los creyentes. Si funcionara, la homeopatía sería medicina.

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