Del 'Pato' al 'Frankenstein', apodos para los trenes

En la jerga ferroviaria siempre ha sido una constante poner nombres y rebautizar los vehículos en servicio bien por sus defectos, cualidades o características

Pato (series 102 y 112)./
Pato (series 102 y 112).
MIKEL ITURRALDE

Desde los primeros tiempos del vapor, los maquinistas han rebautizado con apodos sus máquinas, como si el hecho de sustituir los fríos números descriptivos con que salían de fábrica o llegaban a la compañía operadora las confiriera de una notable personalidad. En todo el mundo, el material motor tiene un nombre asignado, que casi siempre acaba por ser modificado por los profesionales del sector. Dentro del argot ferroviario, al margen del nombre técnico, máquinas y material motor consiguen ser rebautizados a escasos días del desembarco en la operadora donde van a cubrir el servicio. El nombre del actriz o el actor de moda del momento (Marilyn), la forma (cocodrilo o camello), el color (el platanito o las cenicientas), la procedencia (la japonesa), la tecnología (los Apolo) poco a poco el parque motor se va rebautizando con nombres que, al final, acaban por salir de la jerga y adoptarse por la clientela. Como ha ocurrido durante toda la vida, también ahora se modifican los nombres comerciales y se bautizan trenes y convoyes con denominaciones muy originales. Hagamos un repaso de algunos de ellos que son habituales en las vías españolas.

Para quien quiera saber más sobre este tema, pueden acceder a la página de los Amigos de Ferrocarril de Castilla La Mancha.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos