«Debo apañarme con el sol de Bilbao»

El pintor manchego toma fotografías de Bilbao con su propia cámara desde lo alto de la torre Iberdrola./
El pintor manchego toma fotografías de Bilbao con su propia cámara desde lo alto de la torre Iberdrola.

ANTONIO LÓPEZ - PINTOR Y ESCULTOR

NURIA NUÑOVitoria

Han pasado casi tres décadas desde que la crítica neoyorquina le encumbrara como el mejor de los pintores realistas. Antonio López (Tomelloso, 1936) es uno de los pintores españoles vivos más cotizados dentro y fuera del país. «Liberado» ya de la presión que le supuso el Retrato de la familia de Juan Carlos I, que vio la luz en 2014 tras veinte años de trabajo, el maestro del realismo se centra en nuevos proyectos, como el cuadro con el que plasmará el cielo urbano del nuevo Bilbao, que ya ha empezado a pintar desde la planta 29 de la torre Iberdrola. Él y Miguel Zugaza, director del Museo del Prado, visitarán mañana Vitoria para recibir los galardones con los que la Asociación Cultural Raíces de Europa pondrá el broche de oro a su décimo aniversario.

En sus inicios como pintor visitaba El Prado después de ir a misa.

Es verdad. Los domingos por la mañana iba primero a misa y luego al museo. Fui todas las semanas durante mucho tiempo. A todos nos obsesionaba, nos parecía un lugar donde podías descubrir muchas cosas en esa etapa del aprendizaje.

¿Sigue reencontrándose con Goya y Velázquez, a quien venera?

Todos queremos mucho a Goya y Velázquez, pero ahora Madrid es enorme. Vivo un poco lejos y ya no voy con la misma frecuencia, pero cuando quiero ver alguna exposición temporal voy. Ahora se ha inaugurado una sobre Ingres. Naturalmente, iré más de una vez.

¿Aprovechará este viaje a Vitoria para ir a Bilbao? ¿Ha empezado a trabajar en su cuadro de la ciudad?

Ya he llevado el lienzo y lo he empezado. Está en sus inicios, pero el tema es muy apasionante. Desde hace tiempo quería trabajar sobre dos ciudades que no fueran Tomelloso ni Madrid. Elegí Sevilla y Bilbao, situadas en los extremos. El año pasado empecé el de Sevilla y este año, el de Bilbao. Estoy pintando desde la torre Iberdrola. Las vistas son impresionantes. Esa atalaya domina la ciudad, pero estoy pintando desde un interior acristalado. El cuadro es muy grande y resultaría imposible trabajar a cielo abierto.

¿Ya se imagina el cuadro?

Me apasiona el argumento del retrato de la ciudad. Me hace mucha ilusión pintar la Ría, será el eje central de mi cuadro de Bilbao. En Madrid hay agua, pero creo que nunca la he pintado porque el río está poco presente. En este caso, desde donde me sitúo, quiero hacer un cuadro hacia la desembocadura en el mar. Y, abajo, otro cuadro unido al primero desde la espalda de la Ría hacia el sur. Sería una especie de círculo donde se vea todo el desarrollo del cauce. Todo existe desde la torre Iberdrola, que es la única localización. Al final, esas dos mitades van a estar juntas y serán mi retrato completo de la ciudad. En agosto o septiembre empecé por el cuadro que será la desembocadura hacia el mar. Llevé el lienzo y luego fui a pintar. Lo voy combinando con el resto de mis trabajos.

¿Necesita alguna condición especial para pintarlo?

Quiero pintar los dos con sol. En Andalucía es más fácil. El tiempo es más previsible. En Bilbao, me iré apañando como pueda (risas).

¿Ese cuadro tiene dueño o es un proyecto personal?

Es un proyecto que he querido hacer yo. Estoy muy agradecido por el permiso que me han concedido, por el favor que me han hecho para poder trabajar desde la torre. Es un proyecto personal. Después, ya se verá. Si sale un comprador, fantástico.

Le gusta pintar ciudades, pero estaba llamado a ser hombre de campo. Procede de una familia de agricultores.

Es verdad, pero soy un hombre de ciudad. El mundo es muy grande y he querido asomarme a otros sitios.

A menudo relativiza los reconocimientos que jalonan su trayectoria. ¿Huye de la arrogancia?

SUS FRASES

Nuevo proyecto. «Me hace mucha ilusión pintar la ría, será el eje central de mi cuadro de Bilbao»
«Vistas impresionantes». «Son dos cuadros unidos; una especie de círculo donde se vea todo el desarrollo de la ría»

No soy humilde ni modesto. Este trabajo tiene unas raíces muy antiguas. Ha habido gente insigne, maravillosa desde hace cientos y miles de años. ¡Qué arrogancia y vanidad vamos a tener nosotros!

Pero muchos le consideran un genio. ¿A quién admira usted?

Para mí ha sido un placer ver el trabajo de los demás. No sólo en la pintura o la escultura, sino también en la música y la literatura. Leo mucho y he escuchado muchísima música. Me produce mucho asombro la arquitectura, la danza y todas las artes. He admirado muchísimas cosas y todas forman parte de mi experiencia. Desde Altamira son muchas las generaciones que han ido sumando muestras de su talento.

Ha dicho alguna vez que la repentina subida de los precios de sus obras le «jorobó» su aventura como pintor. ¿Su afán por el perfeccionismo surge para alcanzar las expectativas generadas?

Hay que convivir con todo eso. Lo peor que le puede pasar a un pintor no es eso, sino que no encuentre apoyo en la sociedad. Le ocurrió a Van Gogh y a otra mucha gente. Es muy amargo cuando no eres nadie y nadie te presta atención; y si la situación se prolonga tienes que abandonar. Lo demás son elementos con los que tratas de convivir, como convives con las moscas, los catarros y otras tantas cosas que no tienen por qué amargarte la existencia.

¿Se ha llegado a obsesionar con algún cuadro o escultura?

Con frecuencia se me resisten algunas obras, aunque no le doy importancia. No te voy a decir que me pase con todas. Algunas salen muy fluidas y son relativamente fáciles, pero con otras tienes que pelear mucho. Me imagino que, en sus laboratorios, los científicos tendrán problemas semejantes. Hay que tener mucha paciencia, constancia y, claro, tienes que amar tu trabajo.

«Ya me siento liberado»

¿Y qué me dice del retrato de la Familia Real? La presión tuvo que ser intensa.

No fue tan intensa... La presión venía exclusivamente de quienes me lo encargaron. Empezó a hacerse un poco más dura cuando me abonaron el cuadro, unos cuantos años antes de acabarlo. Desde ese momento, ya me encontraba un poco No sé. Si no hay dinero de por medio nada se te puede exigir si en un momento determinado el cuadro no te sale. Pero la situación cambia si te lo han pagado. Eso son palabras mayores.

Hay que cumplir.

Claro. De todas formas, fueron sumamente comprensivos. Les explicaba cómo estaba, cómo me encontraba, cómo tenía que trabajar. Cuando no veía de qué forma tenía que seguir, necesitaba descansar. Pero estaba tranquilo porque siempre tenía ganas de continuar. En ningún momento sentí rechazo. Lo grave es cuando sientes rechazo por una persona o un trabajo. Entonces hay que poner tierra de por medio. Así es mi modo de trabajar.

Entregó el encargo tras veinte años. ¿Se sintió liberado?

No sólo era el compromiso de cumplir, había que hacerlo bien. No era cuestión de completar un trabajo regular, sino de dar lo mejor de mí. Ahora, un año después, ya me siento liberado. En aquel momento hubiera deseado seguir. Es un trabajo que podía tener continuidad. Sentía que podía trabajar más los rostros, hacerlos más expresivos. Lo tenía en la punta de los dedos, pero noté que había que poner el remate y dije: ¡qué más da, ya he trabajado bastante! Me sentía un poco incómodo, pero ahora me siento muy bien; estoy con otras cosas. Ha sido una experiencia muy buena.

¿Ha pensado alguna vez en colgar los pinceles?

Les tengo mucho cariño (risas). Me gusta mucho mi trabajo. No sé qué tendría que pasar para decidir descansar de él. No he pensado en eso.

A sus 79 años sigue muy activo.

Me duelen las manos y he perdido vista. Físicamente tengo unos recursos menos afinados que cuando era joven, pero sé más.

Dice que no entiende por qué sus obras se cotizan tanto. ¿Quién tiene la vara de medir el arte?

Es muy complicado. Las obras se cotizan porque hay gente con muchos millones. Es el principal motivo. Está bien que el arte se valore, es algo muy noble sobre todo en un momento como éste, en el que están cayendo tantas cosas de mucho valor espiritual y material. ¿Cuánto tiene que valer un cuadro de Picasso, Modigliani o Velázquez? Mucho. En una sociedad opulenta como la nuestra a veces se pagan cantidades tremendas por otras obras que, en mi opinión, no valen tanto. En cualquier caso, es mejor que se paguen esas sumas a que el arte se destruya, como vemos en Siria y otros países. Es mejor que el arte valga dinero. Significa que se respetará.

¿Cómo es hoy en día su realidad?

Mi realidad es confusa como puede serlo para ti o cualquier otro. Estamos bastante perdidos y tenemos que trabajar con ese sentimiento de precariedad, de no saber muy bien cómo mejorar las cosas. Hay miles de personas trabajando para que la vida mejore. El conocimiento científico y médico están mejor que nunca, pero en las relaciones, en la forma de vivir y comportarnos, no estamos mejor que antes.

¿Ese escepticismo anega también la política española?

Hay países peores que el nuestro. Vemos el drama de los refugiados, con personas que huyen de conflictos y gobiernos. Aunque nos quejemos mucho, España no es un mal país para vivir por su naturaleza, su clima y otras características.

Las elecciones están próximas. ¿Le pide el cuerpo algún cambio?

Tendrían que participar más personas que supieran del mundo. No hacerlo específicamente desde la política, sino desde el conocimiento de la vida. Los expertos son las personas que tendrían que guiarnos y participar más. Debería tenerse más en cuenta su opinión, con independencia de que militaran o no en un partido político.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos