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El origen asiático de los baserritarras

Recreación de la vida diaria en la cueva de El Portalón, en Atapuerca, durante el Calcolítico y el Neolítico.
Recreación de la vida diaria en la cueva de El Portalón, en Atapuerca, durante el Calcolítico y el Neolítico. / María de la Fuente
  • Los vascos comparten los genomas más puros con los primeros agricultores de la Península

  • Un estudio genético de los pobladores de Atapuerca de hace 5.000 años acaba con el mito de que los vascos actuales descienden de los cazadores paleolíticos

¿De dónde vienen los vascos? Debido a la singularidad del euskera, se ha especulado durante décadas sobre su origen. Algunos los han considerado descendientes directos de los grupos de cazadores y recolectores paleolíticos, los hombres y mujeres que pintaron Santimamiñe y Ekain. «El pueblo vasco es en realidad el descendiente del antiguo grupo de la cultura pirenaica cuyos orígenes se remontan al pueblo indígena del norte de España del Paleolítico Superior», decía en 1923 el reputado prehistoriador catalán Pedro Bosch-Gimpera. En 1975, el autor pseudocientífico francés Louis Charpentier escribía en su libro ‘El misterio vasco’: «El pueblo vasco ha conseguido, a lo largo de los siglos, conservar y desarrollar su cultura de origen cromañonoide».

Un equipo internacional de investigadores, liderado por científicos de la Universidad de Upsala (Suecia), publica hoy en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ los resultados de un estudio genético que acaba con ese mito. La comparación de los genomas de los primeros agricultores de la Península Ibérica, que vivieron en Atapuerca hace unos 5.000 años, con los de las poblaciones actuales demuestra que el colectivo al que aquellos más se parecen es el vasco. «Es un resultado muy interesante, ya que los vascos se han considerado siempre una singularidad europea no solo por su idioma único -que no parece tener relación con las lenguas del grupo indoeuropeo-, sino también por su genética. De hecho, se ha sugerido que representan una continuidad de más de 10.000 años, y que son descendientes directos de las poblaciones del Paleolítico de la zona. Ahora hemos visto que eso es rotundamente falso, que no se pueden considerar tan antiguos», dice Juan Luis Arsuaga, coautor del trabajo y director del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos.

Genes y agricultura

La agricultura no se descubrió en Europa. Llegó al continente de la mano de emigrantes de Oriente Próximo, donde nació hace unos 11.000 años en una región que se conoce como el Creciente Fértil y que abarca los actuales Irak, Siria, Jordania, Líbano e Israel. Poco a poco, se extendió por Europa, llegando al centro del continente hace unos 7.500 años. Pero ¿cómo se expandió? «Había tres escenarios posibles: que esos emigrantes neolíticos reemplazaran a las poblaciones autóctonas de cazadores y recolectores, que se mezclaran con ellas o que estas últimas adoptaran la agricultura, pero no hubiera intercambio genético», explica Arsuaga. Los estudios genéticos, centrados la mayoría en el centro y el norte de Europa, han demostrado en los últimos años que hubo mezcla entre los cazadores paleolíticos y los agricultores y ganaderos procedentes de Oriente Próximo. Pero hasta ahora había poca información sobre lo que había pasado en la Península.

La respuesta está en el ADN de ocho individuos enterrados entre hace 5.000 y 3.500 años en El Portalón de Cueva Mayor, en Atapuerca (Burgos). «Estamos en el mundo de los primeros agricultores y ganaderos. Siete individuos datan del Calcolítico, la época de los primeros metalúrgicos, y uno de la Edad del Bronce», indica el codirector de las excavaciones de Atapuerca. Los ocho tienen componentes genéticos de cazadores y recolectores mesolíticos aborígenes y de granjeros neolíticos del suroeste asiático. «Es sorprendente el grado de mezcla entre los agricultores ibéricos y los cazadores recolectores locales, sobre todo porque esta mezcla aumenta con el tiempo: cuanto más alejados en el tiempo se encuentran los agricultores estudiados de la economía cazadora y recolectora, mayor parecido genético presentan con las poblaciones locales de cazadores y recolectores. Esto quiere decir que el período de solapamiento, mezcla y asimilación entre grupos fue muy largo, y se prolongó al menos durante 2.000 años», dice Cristina Valdiosera, investigadora del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos y una de las autoras del estudio.

La principal sorpresa llegó, no obstante, al comparar el ADN de los agricultores de El Portalón con los de poblaciones actuales de la Península Ibérica. Genéticamente hablando, el grupo contemporáneo más parecido a esos humanos de hace 5.000 años son los vascos actuales. ¿Cómo se explica eso? Porque hay dos oleadas migratorias posteriores -de las que, lógicamente, no puede haber rastro en los agricultores de Atapuerca- que no dejan huella entre los vascos y sí entre el restos de los pobladores de la Península. «Hay una oleada que viene después de las estepas de Asia, con la que llegan genes asiáticos, las lenguas indoeuropeas, el caballo, el carro y otros elementos culturales. Y otra posterior que aporta genes africanos en uno o varios momentos», ilustra Arsuaga. En el sur de la Península, cualquiera tiene esos cuatro componentes genéticos -mesolítico, neolítico, de las estepas y norteafricano-, pero entre los vascos solo hay de los dos primeros.

Niño calcolítico de hace 4.900 años del yacimiento de El Portalón, del que se ha analizado el ADN.

Niño calcolítico de hace 4.900 años del yacimiento de El Portalón, del que se ha analizado el ADN. / J. Trueba/Madrid Scientific films

La llegada del euskera

Eso significa que los antepasados de los vascos permanecieron aislados genéticamente, aunque no culturalmente, de las dos emigraciones posteriores a la de los agricultores y ganaderos neolíticos. «Nuestros resultados demuestran que los orígenes de los vascos se remontan a los primeros grupos de granjeros de Iberia, lo que contradice visiones anteriores de ellos como los supervivientes de una población cuyos orígenes se remontarían a los de los grupos de cazadores y recolectores mesolíticos», dice Mattias Jakobsson, de la Universidad de Upsala y director de la investigación. «Estoy impresionado de que el ADN haya permitido rastrear el origen de los vascos hasta los primeros agricultores de la Península Ibérica a través de los restos humanos que encontramos cada año en El Portalón y demostrar que han permanecido relativamente aislados desde hace unos 5.000 años», reconoce José Miguel Carretero, profesor de la Universidad de Burgos y coautor del estudio.

Los investigadores plantean, además, un posible escenario de la llegada de la lengua vasca a la Península. Creen que el euskera podría derivar del idioma -o de uno de los idiomas- de los primeros granjeros y haber sido adoptado por la población local como adoptaron los otros avances que venían con aquellos extranjeros. Aunque no puede descartarse que fuera el idioma de los aborígenes cazadores recolectores, a Arsuaga le parece difícil que los indígenas asumieran los adelantos y la cultura de los agricultores y ganaderos y, sin embargo, les impusieran su lengua.

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