Las joyas de Entroncamento

La gran joya del depósito, el Convoy Real, construido para los monarcas portugueses. /
La gran joya del depósito, el Convoy Real, construido para los monarcas portugueses.

La locomotora 'Don Luiz' y el tren presidencial encabezan las piezas que desde mayo se exponen en el Museo Nacional Ferroviario de Portugal

MIKEL ITURRALDE

El tren es un elemento dinámico y clave para entender la configuración espacial de muchos lugares y territorios. Basta, como ejemplo, algunos lugares de España: Medina del Campo, Irún, Alcázar de San Juan y Miranda, sin ir más lejos. En Portugal, Entroncamento es uno de esos puntos donde con solo citar su nombre se evoca al ferrocarril. Las dos vías ferroviarias más importantes del país vecino, la línea del Norte (que comunica Lisboa con Oporto) y la de la Beira Baixa del este (enlaza Entrocamento con Guarda) convergen (entroncan) en ese punto situado a unos 120 kilómetros de la capital lusa. La población empezó a desarrollarse en el siglo XIX, debido en gran medida al gran tráfico ferroviario. Sus habitantes se dedicaban casi exclusivamente a los oficios propios del ferrocarril y ocupaban talleres, parques de material y almacenes. Antes de que se cerrara la línea de Cáceres, Entroncamento era paso obligado de los convoyes que unían Madrid con Lisboa por Valencia de Alcántara.

La estación se construyó en ese término poco poblado en la época para que los viajeros transbordaran de una línea a otra. En 1926 se convierte en freguesia (parroquia); en 1932 se eleva a villa; en 1945 a concelho; y finalmente, en 1991, consigue el título de ciudad. La población crece en la misma medida: los casi 21.000 habitantes censados hoy en día apenas si llegaban a 3.000 a principios del siglo XX. El sector ferroviario sigue empleando a una buena parte de sus habitantes. No es de extrañar, por tanto, que Portugal haya decidido ubicar el Museo Nacional del Ferrocarril en Entroncamento. Tras dieciocho meses de obras y años de creación de la colección y definición de la estructura, el 18 de mayo abría sus puertas en una vistosa ceremonia presidida por el Secretário de Estado das Infraestruturas, Transportes e Comunicações, Sérgio Silva Monteiro. El centro ocupa 4,5 hectáreas en la zona de los antiguos talleres de Comboios de Portugal (CP), operativos apenas tres años atrás, y el antiguo economato de los empleados ferroviarios.

Como en cualquier otro nudo férreo, la ciudad respira por todos sus poros el ambiente del tren. Y para que no quede duda alguna, además de proclamarse 'ciudad feroviaria' en su plaza más céntrica, en el parque de la población portuguesa se rinde homenaje al tren. Una gran máquina de vapor hace patente el pasado y presente de la localidad. Se trata de la locomotora CP-094 de Comboios de Portugal, de rodaje 1-3-2 (tres ruedas motrices con un eje delantero y dos traseros), una de las últimas vaporosas de ancho ibérico que cubrían servicio en el país vecino. Diseñadas por el ingeniero noruego Olaf Kjelberg, fueron adquiridas para las líneas de cercanías de Sintra y de Azambuja. Con la electrificación de 1957, la serie fue repartida en toda la red. Desde agosto de 2003, la máquina se localiza en los jardines del municipio, a poca distancia de la estación de Entroncamento.

Aunque inaugurado hace unos meses, el Museo Nacional del Ferrocarril es fruto de un proyecto que comenzó en 1967. Tras varios años de retraso, Portugal dedica ahora un gran espacio exclusivo para mostrar la historia ferroviaria del último siglo y medio. En este tiempo, se ha logrado reunir una importante colección de 36.000 piezas que conforman estos 150 años transcurridos desde la puesta en marcha de los primeros trenes en la Península Ibérica. En esta megaestructura se exponen dos de las grandes joyas de Portugal, el Tren Real y el Tren Presidencial, vehículos míticos de la historia ferroviaria portuguesa.

Diamantes puros

El museo de Entroncamento está de enhorabuena. Expone algunos de los vehículos más importantes de la historia ferroviaria portuguesa. Los responsables del centro dedican un lugar privilegiado a la joya de la corona: el Comboio Real Português y su locomotora 'Don Luiz'. La centenaria máquina luce espléndida en una espaciosa sala. Una de las paredes se ha dispuesto en forma de espejo para dar mayor apariencia y solemnidad a los lujosos vehículos que encabeza la 'Don Luiz'. Construida en 1855 por Beyer Peacock & Cia. Lid de Manchester, la locomotora se entregó siete años después a los Caminhos de Ferro Sui e Sueste y estuvo en activo durante más de medio siglo. Con sus brillantes latones pulidos, arrastró el tren real que Víctor Manuel I de Italia regaló a su hija, María Pía, al casarse con el infante portugués don Luiz, que luego subió al trono en 1861. Los lujosos y llamativos carruajes decimonónicos se fabricaron en Bruselas en las instalaciones de la Compagnie Générale de Matérieis de Chemin-de-Fer.

A la caída de la monarquía (1910), la 'Don Luiz' pareció también enfrentarse a un negro futuro. Del lujo real pasó a remolcar trenes de trabajo entre Barreiro y Moita. Nadie se molestaba ya en pulir sus latones ni limpiar de polvo y hollín sus flancos, hasta entonces brillantes como el oro. Y después pasó un largo periodo inactiva y casi abandonada. El convoy real, que pertenece a la Fundaçao Museu Nacional Ferroviario Armando Ginestal Machado (FMNF), fue restaurado en Oporto en los inicios de 2010 bajo el patrocinio del Spoorwegmuseum de Utrecht (Holanda) para formar parte ese mismo año de la exposición internacional 'Royal Class Regal Journeys'. Los coches se devolvieron a su estado original y los interiores rescataron las nobles maderas y telas de su mobiliario.

En otro de los espacios de exposición, también puede observarse el 'Tren Presidencal' que, compuesto de seis vehículos, circuló entre 1910 y 1970. Como su nombre indica, era el transporte oficial del jefe de Estado portugués. Los coches, adquiridos en 1890 para el Royal Train, fueron adaptando sus prestaciones según las exigencias de los presidentes sucesivos. Los vehículos salón y restaurante, que ahora presentan un aspecto similar al que tenían cuando prestaban servicio en los viajes de Estado durante más de sesenta años, recuperaron su aspecto original hace unos años. Tanto el interior como el exterior de los coches se remozó en los talleres de la empresa Emef entre 2009 y febrero de 2010.

El coche salón de la Jefatura del Estado estuvo expuesto en la rotonda de locomotoras del museo mientras que el coche restaurante estaba en el antiguo museo de Estremoz. El resto de la composición se encontraba en mal estado y a la intemperie, excepto uno de los coches salón, llamado de 'Ministros', que estuvo en servicio activo como 'Tren de Socorro' durante dos décadas. Esta composición, reforzada por un coche del parque Compañía Internacional de Coches Cama (CIWL), circuló al menos una vez por España entre Lisboa St. Apolónia y Madrid Atocha, vía el ramal de Cáceres, en la visita que el presidente de Portugal cumplió del 20 al 26 de noviembre de 1961. El tren se presenta en su versión de los años 40, en un intenso color azul con el escudo de Portugal que lució en los 60.

La rotonda

Un elemento que confiere de personalidad al centro de Entroncamento es la rotonda. Aunque de nueva construcción, la cubierta levantada en hormigón junto a la centenaria pretende evocar las tradicionales cocheras semicirculares que daban cobijo a las locomotoras en la era del vapor. La edificación da réplica a estos elementos habituales junto a las terminales más importantes, aunque sus formas son más vanguardistas que los modelos tradicionales. La rotonda mantiene al abrigo de las inclemencias meteorológicas once locomotoras de vapor, aunque mantiene otros dos espacios a la espera de otras tantas adquisiciones. Las 'vaporosas' de Entroncamento son máquinas que han tenido relevancia a lo largo de la historia ferroviaria, en su mayor parte construidas en Bélgica, Austria y Alemania. La exposición presenta desde una pequeña locomotora de ancho métrico hasta las potentes máquinas de línea, pasando, incluso, por una locomotora de caldera vertical.

Como es habitual en este tipo de construcciones, junto a la rotonda se puede contemplar una placa giratoria donde las locomotoras de vapor invertían el sentido de la marcha para engancharlas a algún convoy o simplemente se desviaban a una línea muerta o al correspondiente apartamento. En el centro no se descarta que en un futuro inmediato se pueda hacer alguna demostración de vapor vivo, aunque por el momento no se contempla en el programa.

El museo también dispone de una exposición permanente de material rodante muy interesante, además de diversos objetos relacionados con el mundo del ferrocarril. Se ha estructurado en tres grandes espacios bien diferenciados: cámara de piezas, talleres y rotonda. En el exterior, también es posible contemplar algunos vehículos con historia en Comboios de Portugal. Uno de los artistas locales ha revestido de aluminio uno de los vehículos que circularon por las vías de CP. Los responsables del centro tienen previsto que en un futuro los visitantes puedan alojarse en antiguos coches ferroviarios.

La entrada se realiza por lo que durante años fue el economato. Es un amplio recinto donde se realiza un recorrido por el pasado ferroviario de Portugal. Todo tipo de objetos propios de los oficios del sector se exponen en una cuidada presentación: faroles, relojes, señales, herramientas, teléfonos, y dispositivos de validación de billetes componen una variada muestra. Un diaporama repasa temas de la ingeniería ferroviaria aplicada a la infraestructura, a la tracción y a la explotación del servicio. Los elementos están primorosamente presentados. La visita se realiza por un itinerario secuencial que permite recorrer todo el recinto, donde el visitante puede hallar explicaciones y textos que ayudan a comprender mejor la exposición.

Tras un corto paseo en el que se hace fácil coincidir con algunos de los trenes del servicio comercial de CP que estacionan en Entroncamento, se accede a los antiguos talleres de Emef (la empresa de fabricación y mantenimiento de trenes portuguesa), que se ha acondicionado para albergar una completa colección de unidades y vehículos de distintas etapas de los ferrocarriles lusos. A la entrada de la nave-taller, hay una pared de más de 30 metros decorada con una espectacular colección de placas de constructores de material ferroviario. En las cinco vías dispuestas en su interior, cada una de cien metros de longitud, se muestra una exquisita colección de vehículos, agrupados por criterios de tracción (solo diésel y eléctrico), que resumen la historia ferroviaria portuguesa. Locomotoras, automotores, coches, vagones, dresinasse disponen en las vías, donde destaca la espectacular composición del Comboio Presidencial.

La disposición de las vías permite deambular entre los vehículos y observar todas sus características. La falta de barreras y obstáculos proporciona la posibilidad de apreciar en detalle locomotoras y coches, detenerse en cualquier espacio e incluso volver una y otra vez sobre los pasos recorridos. En esta misma zona hay también una gran maqueta modular.

El museo dispone de espacio para futuras ampliaciones, bien con adquisiciones de otros centros de Portugal o producto de la restauración en los talleres del centro, que pretende ofrecer un programa variado para final del año que incluye experiencias en trabajos ferroviarias, cine y visitas guiadas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos