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Una mujer confiesa que lleva 40 años sin sonreír para no tener arrugas

Una mujer confiesa que lleva 40 años sin sonreír para no tener arrugas
  • "Todo el mundo se pregunta si he tenido bótox, pero nada por el estilo. Sé que es gracias al hecho de no reírme o sonreír desde que era adolescente. Mi dedicación ha dado sus frutos. Ahora no tengo una sola línea en la cara"

Tess Christian, británica de 50 años, asegura que se ha pasado los últimos 40 años sin sonreír, para mantener su aspecto juvenil. Asegura que esta estrategia personal es "más natural que el Botox".

Esta mujer ni siquiera sonrió al ver por primera vez a su hija, tal y como publica DailyMail. "Yo no tengo arrugas porque yo mismo me he entrenado para controlar mis músculos faciales" expresa. "Todo el mundo se pregunta si he tenido bótox, pero nada por el estilo, y sé que es gracias al hecho de no reírme o sonreír desde que era un adolescente. Mi dedicación ha dado sus frutos. Ahora no tengo una sola línea en la cara”, agrega.

Tess se confiesa: “Sí, soy vanidosa y quiero seguir siendo joven. Mi estrategia es más natural que el Botox y más eficaz que cualquier otra crema cara”.

Por su parte, los expertos creen que este truco extraño podría funcionar. En este sentido se expresa el dermatólogo Dr. Nick Lowe: “Puede ser una técnica eficaz anti-envejecimiento. Sin duda, hay algunas actrices que han recapacitado sus expresiones faciales para este fin”.

El médico agrega: “Las arrugas aparecen debido a la creciente constante de la sonrisa y de las líneas de la frente por los músculos de la cara, lo que dobla el tejido conectivo de debajo de la piel. Si usted puede entrenarse para minimizar sus expresiones faciales, usted no conseguirá tantas líneas".

Tess sostiene que el hecho de no sonreír no implica que esté enfadada con el mundo: "No soy miserable. Amo la vida. Simplemente no siento la necesidad de mostrar una sonrisa permanente en la cara. "

Su decisión fue un hábito que captó de escuela católica a la que asistía. “Las monjas no eran alegres, no les gustaba que los niños sonriesen. Siempre me dijeron que borrara la sonrisa de mi cara. Así que aprendí a no sonreír", concluye.